domingo, 11 de octubre de 2015

Aspectos terapéuticos de la Meditación


La idea que frecuentemente se tiene de la Meditación en Occidente, es que se trata de una técnica que proporciona al practicante sobre todo calma, sin embargo las posibilidades de esta práctica son mucho más amplias y uno de los aspectos que podemos considerar sobre la Meditación es el terapéutico.

En el contexto terapéutico tendremos en cuenta dos posibilidades, la Meditación como práctica que aporta claros beneficios en la recuperación de la salud y la Meditación como medio preventivo de desequilibrios que nos llevan a la enfermedad.

La experiencia de gran parte de los meditadores habituales confirma la mejora en la salud física, emocional y mental. Lo más popular es el efecto que tiene sobre el estrés precisamente por su contribución a ubicar a la persona en un estado de calma mayor. En todo caso esto no es lo único que ofrece la práctica meditativa, pues estudios empíricos contrastados han demostrado diversos campos de mejora relacionados con la salud como: incremento de los niveles de melatonina, mejoría del asma bronquial, disminución de la presión sanguínea, disminución de los niveles de colesterol, disminución del insomnio, mejoría en pacientes con epilepsia, con fibromialgia y con enfermedad arterial coronaria.

 Es muy sencillo entender las fuentes de la eficacia de la Meditación sobre las cuales nos proponemos reflexionar ahora. El individuo es un compendio específico de elementos que se expresan según tres categorías de manifestación básicas: cuerpo, emoción y mente, todo ello sostenido desde su interior por una «fuerza» que estando ordinariamente velada para la percepción humana, no por ello deja de estar presente, y que podemos llamar principio anímico. Así que lo material, lo emotivo, lo mental y lo anímico, o espiritual si se quiere, que conforma nuestro yo completo están en una continua interrelación, y la enfermedad que se manifiesta en lo físico puede -y de hecho suele- tener su origen en desequilibrios de otros niveles.

Así que la enfermedad tiene un origen interno, y las causas que pueden promoverla son múltiples y tales como: una emoción violenta, una actitud emocional insana sostenida en el tiempo, formas de pensamiento negativas o la disputa interior entre partes de uno mismo. Todo esto afecta a las funciones biológicas del organismo y las distorsiona.

La Meditación, cuando está bien orientada, saca hacia fuera la causa del desequilibrio y la pone en contacto con la solución inherente al mismo. Porque meditar no es, como a veces se escucha, vaciar la mente, si no que entre otras muchas cosas, pero en principio, es alcanzar un orden interno que en general trae como consecuencia el popular estado de paz al que esta técnica es asociada.

Conocer una dificultad no es la única cosa necesaria para combatirla, es precisa una acción interna o externa que la neutralice o la elimine. Por eso la técnica meditativa no es un método fundamentalmente analítico, al menos no como base del mismo, si no que es un método resolutivo mediante el cual lo que está en desequilibrio puede ser movido a un equilibrio.

La forma de conocimiento que promueva la Meditación es de naturaleza directa, puesto que la práctica habitual y bien estructurada despierta la capacidad intuitiva del meditador que ofrece información completa de las cosas sin derivar en una reflexión específica de ellas. Y dado el alto valor terapéutico que le estamos confiriendo a la herramienta meditativa, veamos qué elementos ha de considerar una práctica sólida y bien estructurada.

Por una parte está la capacidad de percibir los movimientos de la vida desde una posición de observador, lo cual se hace colocándose ante los propios pensamientos, emociones y sensaciones con una distancia que confirma que «yo no soy eso». Para encontrar esta posición no es preciso realizar un esfuerzo, ni someterse a una inmunidad ante los estímulos que se perciben, es mucho más simple y como dijo el buda consiste en mirar lo que tenemos delante de los ojos. Solo este movimiento de toma de distancia facilita que la virulencia de ciertas emociones o incluso el dolor físico disminuyan de intensidad.

Otro elemento imprescindible de la Meditación es el aprendizaje del manejo con la atención. Puesto que la atención es el timón que marca la dirección de nuestra fuerza vital, es perentorio ejercer sobre esta voluntad un dominio suficiente que nos facilite llevar la atención hacia algo externo o interno, sobre todo interno, y también retirar esa fuerza cuando así lo consideremos. El valor de este entrenamiento es altísimo para manejarnos con los conflictos más íntimos, pues si logramos sacar la atención del sufrimiento y dirigirla hacia la posibilidad de curación, por la propia naturaleza de las cosas estaremos focalizando nuestra fuerza vital en una dirección de mejoría.

Con estos dos elementos, aprender a observar con distancia y sin intervención, por lo menos inicialmente, y aprender a manejarnos con la atención, los resultados ya serán considerables, pero todavía podemos ir más allá. Recordemos el principio anímico del que hablamos al principio, de eso que sostiene todo, algo en lo que no tenemos que creer a priori, aunque sí considerarlo como una posibilidad, puesto que la propia práctica meditativa, si tenemos ánimo indagador, nos facilitará el contacto con dicho principio.

Pues bien, de esa fuerza de las profundidades del ser podemos obtener el más valioso de los recursos para corregir aquéllo que está en distorsión en nosotros, de tal manera que encontrándonos con esa sabiduría esencial y abriendo nuestra voluntad a que actúe sobre la enfermedad, habremos encontrado la piedra angular que nos permite recuperar la salud. Esta es la magia de la Meditación, desde la adquisición de un orden en nuestros instrumentos hasta la intervención de lo que los excede, realizándose esto no por una fe ciega si no por la realidad de la propia experiencia más íntima.

Además no solo somos receptores pasivos de eso que nos resulta inaprensible con la razón, si no que nos podemos convertir en partícipes activos de las posibilidades que el campo intuitivo nos ofrece, recibiendo las inspiraciones que nos facilitan recuperarnos de la enfermedad, la cual finalmente es la representación de un sufrimiento que está en nuestra vida para marcar la dirección de un cambio.

A veces reconocemos la necesidad de ese cambio, y desconocemos la dirección a tomar, por eso acudimos al terapeuta, que al fin y al cabo actúa sustituyendo a nuestra capacidad de orientación interna atrofiada, pero si disponemos de la vía directa de acceso, tal como logramos disponer a través de la práctica meditativa, progresivamente desarrollamos una conexión directa mucho más efectiva.

Sin duda la mejor de la terapias es aquélla que previene la enfermedad, y éste es el punto fuerte de la Meditación, pues al promover la consciencia de nosotros mismos tanto como los medios para vivir en el equilibrio, nos mantiene dentro de una dimensión de bienestar aceptable en la vida cotidiana. Eso sí, es preciso permitir que la práctica meditativa no se quede en un entrenamiento solitario sentados, y que todo lo que ensayamos en ese laboratorio pueda ser aplicado al dinamismo de la vida.

Escucha la sabiduría de tu cuerpo


Escucha la sabiduría de tu cuerpo, que se expresa por señales de comodidad e incomodidad. Cuando elijas cierta conducta, pregunta a tu cuerpo que siente al respecto. Si tu cuerpo envía una señal de inquietud física o emocional, ten cuidado. Si tu cuerpo envía una señal de comodidad y anhelo, procede.

Vive en el presente, que es el único momento que tienes. Mantén tu atención en lo que existe aquí y ahora; busca la plenitud en todo momento. Acepta lo que viene a ti total y completamente para que puedas apreciarlo y aprender de ello; luego déjalo pasar. El presente es como debe ser. Refleja infinitas leyes de la Naturaleza que te han traído hasta este pensamiento exacto, esta reacción física precisa. Este momento es como es porque el Universo es como es. No luches contra el infinito esquema de las cosas; por el contrario, sé uno con él.

Dedica tiempo al silencio, a meditar, a acallar el diálogo interior. En momentos de silencio, cobra conciencia de que estás recontactándote con tu fuente de conciencia pura. Presta atención a tu vida interior para que puedas guiarte por tu intuición, antes que por interpretaciones impuestas desde fuera sobre lo que conviene o no te conviene.

Renuncia a tu necesidad de aprobación externa. Sólo tú eres el juez de tu valer; tu meta es descubrir el infinito valor de ti mismo, sin dar importancia a lo que piensen los demás. Al comprender esto se logra una gran libertad. 

Cuando te descubras reaccionando con enojo u oposición ante cualquier persona o circunstancia, recuerda que sólo estás luchando contigo mismo. Presentar resistencia es la reacción de las defensas creadas por viejos sufrimientos. Cuando renuncies a ese enojo te curarás y cooperarás con el flujo del universo.

Recuerda que el mundo de allí fuera refleja tu realidad de aquí dentro. Las personas ante las cuales tu reacción es más fuerte, sea de amor u odio, son proyecciones de tu mundo interior. Lo que más odias es lo que más niegas en ti mismo. Lo que más amas es lo que más deseas dentro de ti. Usa el espejo de las relaciones para guiar tu evolución. El objetivo es un total conocimiento de uno mismo. Cuando lo consigas, lo que más desees estará automáticamente allí; lo que más te disgusta desaparecerá.

Libérate de la carga de los juicios. Al juzgar impones el bien y el mal a situaciones que simplemente son. Todo se puede entender y perdonar, pero cuando juzgas te apartas de la comprensión y anulas el proceso de aprender a amar. Al juzgar a otros reflejas tu falta de autoaceptación. Recuerda que cada persona a la que perdones aumenta tu amor a ti mismo.

No contamines tu cuerpo con toxinas, ya sea por la comida, la bebida o por emociones tóxicas. Tu cuerpo no es sólo un sistema de mantenimiento de la vida. Es el vehículo que te llevará en el viaje de tu evolución. La salud de cada célula contribuye directamente a tu estado de bienestar, porque cada célula es un punto de conciencia dentro del campo de la conciencia que eres tú.

Reemplaza la conducta que motiva el miedo por la conducta que motiva el amor. El miedo es un producto de la memoria, que mora en el pasado. Al recordar lo que nos hizo sufrir antes, dedicamos nuestras energías a asegurarnos de que el antiguo sufrimiento no se repita. Pero tratar de imponer el pasado al presente jamás acabará con la amenaza del sufrimiento. Eso sólo ocurre cuando encuentras la seguridad de tu propio ser, que es amor. Motivado por la verdad interior, puedes enfrentarte a cualquier amenaza, porque tu fuerza interior es invulnerable al miedo.

Comprende que el mundo físico es sólo el espejo de una inteligencia más profunda. La inteligencia es la organizadora invisible de toda la materia y toda la energía; como una parte de esta inteligencia reside en ti, participas del poder organizador del cosmos. 

Como estás inseparablemente vinculado con el todo, no puedes permitirte el contaminar el aire y el agua del planeta. Pero en un plano más profundo, no puedes permitirte el vivir con una mente tóxica, porque cada pensamiento crea una impresión en el campo total de la inteligencia. Vivir en equilibrio y pureza es el más elevado bien para ti y para la Tierra.”

    Deepak Chopra

    EL MANEJO DEL DOLOR CON AYURVEDA



    El dolor es la principal razón por la que las personas acuden a un médico, se sabe que más de 100 millones de estadounidenses sufren de dolor crónico, un número mayor al de todas las personas que padecen diabetes, enfermedades cardíacas, cáncer, demencia y derrames cerebrales. Los doctores tienden cada vez más a recetar analgésicos para controlar el dolor, lo que ha ocasionado que se hayan convertido en una importante causa de adicción y muerte por sobredosis.

    El problema con los medicamentos para aliviar el dolor
    La población de Estados Unidos representa casi el cinco por ciento de la población mundial, pero consume alrededor del 80 por ciento de los medicamentos controlados llamados opiáceos, que son los analgésicos más fuertes y adictivos. Hoy en día, las muertes por sobredosis de opiáceos (una cada 30 minutos) exceden a las muertes por accidentes de tránsito, así como la tasa de mortandad por sobredosis de heroína y cocaína juntas.
    Las propiedades del opio para aliviar el dolor se conocen desde hace miles de años, pero debido a sus peligrosos efectos secundarios y propiedades adictivas, por lo general se reservan para formas más graves de dolor agudo.
    A mediados de la década de 1990 los doctores comenzaron a recetar opiáceos para su uso a largo plazo de forma más generalizada. Las compañías farmacéuticas lanzaron campañas de mercadotecnia, y en el transcurso de las siguientes dos décadas el uso médico de los opiáceos en Estados Unidos aumentó diez veces. Cada vez hay más pruebas de que el uso de opiáceos por largos periodos de tiempo genera un círculo vicioso de dolor continuado y adicción. La apuesta entre aliviar el dolor de los pacientes y el riesgo de adicción está perdida.

    El alivio del dolor con el ayurveda
    El ayurveda sugiere un método distinto para aliviar el dolor. Para comenzar, el dolor es visto como una experiencia mente-cuerpo que es muy subjetiva. El dolor se observa a través de un fenómeno llamado "autoeficacia". El cerebro contiene diversos químicos que alivian el dolor, y pueden activarse mentalmente,  razón por la cual tomar un placebo alivia el dolor en un gran porcentaje de la población.
    Sin darse cuenta, las personas autoregulan su dolor. No se trata de un engaño mental. Las tomografías cerebrales muestran que un placebo, cuando surte efecto, cambia al cerebro de la misma forma que las píldoras con sustancias activas, y estos cambios se pueden encontrar en la columna vertebral, no sólo en el cerebro. También surte efectos importantes en el dolor crónico durante un periodo extendido de tiempo. Los estudios en pacientes con artritis han demostrado que el efecto placebo puede durar más de dos años. De hecho, la autoeficacia es más poderosa y duradera de lo que se acepta generalmente, incluso entre médicos. El ayurveda reconoce este poder de la mente para aliviar el dolor, y fortalece esta fuerza a través de prácticas de meditación e ideas positivas.

    Cómo influye el estilo de vida en el control del dolor
    Lo que sabemos hasta ahora es que la mitad de nuestra sensibilidad al dolor está determinada por nuestros genes mientras que la otra mitad depende de una combinación de variables: nuestros antecedentes culturales y religiosos, estado de ánimo, experiencias pasadas con el dolor, y nuestro entorno (por ejemplo, tener una buena estructura de apoyo o carecer de ella). Las mujeres perciben el dolor en forma distinta que los hombres, incluso desde que acaban de nacer, y es más probable que den a conocer que padecen enfermedades dolorosas.
    Los componentes del estilo de vida ayurveda (tales como las relaciones positivas, las emociones que nutren, el masaje, las actividades equilibradas, el descanso, y la dieta) son algunos de los medios para reequilibrar, fortalecer, y purificar las variables de la mente y el cuerpo que reducen  nuestra sensibilidad al dolor. El amor y el contacto humano son otros poderosos elementos para aliviar el dolor. Los estudios han demostrado que un abrazo de 20 segundos puede aliviar el dolor y el estrés al actuar sobre las células nerviosas para  liberar los químicos que alivian el dolor como la oxitocina y reducir la liberación del cortisol, la hormona del estrés.  

    La espiritualidad y el control del dolor
    Así mismo, la religión y la espiritualidad son muy importantes en el control del dolor. Los investigadores de la Universidad de Oxford usaron tomografías cerebrales para estudiar cómo las creencias religiosas afectaban la respuesta al dolor.
    • A los participantes en el estudio se les mostró una imagen de la Virgen María de un pintor italiano del siglo XVII o una pintura no religiosa de da Vinci.
    • Después de ver cada imagen durante 30 segundos, se les aplicaron descargas eléctricas y se les pidió que calificaran su nivel de dolor.

    • Resultados: Los católicos devotos y los ateos respondieron al dolor de manera similar después de ver la pintura no religiosa, pero los creyentes devotos dieron una clasificación más baja a su dolor después de haber visto a la Virgen María. Las tomografías cerebrales mostraron que los católicos devotos usaban más su corteza ventromedial, una región del cerebro conocida por su participación en el efecto placebo, que en apariencia hizo que su dolor fuera menos amenazante.
    El conocimiento védico dentro del ayurveda dice que el dolor afecta al cuerpo, surge del karma de una persona, pero no toca el alma ni el yo superior. En el Bhagavad Gita, el Señor Krishna dice al guerrero Arjuna que "las armas no lo cortan, el fuego no lo quema… el ser es indestructible y atemporal".

    Entender que todo dolor es temporal y que está separado de su naturaleza verdadera les da a las personas que se inclinan por la espiritualidad la fortaleza mental para poner el dolor en su contexto justo y lidiar con él sin caer en la depresión ni la culpa. Los no religiosos pueden lograr efectos similares a través de la conciencia, el yoga, o distintas formas de meditación.
    Un estudio controlado aleatorio de tres meses en 2011 sobre el yoga Iyengar en 313 pacientes con dolor de espalda mostró cómo sus espaldas funcionaron mejor después de tres, seis y doce meses de práctica de yoga en comparación con el grupo con un cuidado médico habitual. 

    El ayurveda presenta técnicas conscientes, de conciencia de uno mismo, para reducir el dolor que son eficaces sin ser adictivas. Está claro que no sugerimos que hay que tomar el dolor a la ligera o que debería tratar cualquier tipo de dolor médico sin ayuda de nadie. Ninguna persona debería dejar de tomar opiáceos controlados para reducir el dolor de un día para otro. Lo que sugiero es que la solución a largo plazo para el uso generalizado de opiáceos en Estados Unidos radica en cambiar el entorno de autoeficacia, y el Ayurveda brinda varias opciones útiles.

    Deepak Chopra, M.D.