martes, 22 de mayo de 2018

LOS TRES ESTADOS


La Conciencia Pura experimenta en los tres estados: estado de vigiliaestado de sueño con sueños y estado de sueño profundo.


1. El estado de vigilia es la experiencia con el cuerpo. En este estado hay mucha identificación con el cuerpo-mente y por tanto, con el mundo. Es este estado el "yo" es muy intenso debido a las formas separadas manifestadas. Hay una multiplicidad de formas que están separadas unas de otras, pero son solo apariencias mentales, proyecciones de la mente.

Este estado es cambiante; el cuerpo nace y muere, los pensamientos son cambiantes, pues van y vienen, hay movimiento, las emociones también son cambiantes. Todo lo que es cambiante tiene un principio y un final, es impermanente, por tanto, está sujeto a la muerte. No es real.

2. El estado de sueño con sueños es la experiencia sin el cuerpo. En este estado la identificación es más sutil. También hay identificación con un cuerpo y una historia. Pero tanto el cuerpo como la historia es totalmente distinta al cuerpo del estado de vigilia y también la historia y situación de vida es diferente.

¿Dónde están todas mis posesiones, mi familia, mi trabajo, mi casa, mi cuerpo físico, etc.?
Es aquí cuando hay una clara visión de que el estado de vigilia no es real, ya que en el estado de sueño con sueños se experimentan diversas historias constantemente.
Este estado también es cambiante, los sueños son distintos y cambiantes, hay un principio y un final, un movimiento, una impermanencia, por tanto, tampoco es real.

3. El estado de sueño profundo
 es la "no-experiencia". No hay experiencia, no hay cuerpo ni mente, no hay historia ni hay yo.
En este estado el yo vuelve a la fuente y por tanto, hay un profundo descanso. Al no haber identificación, hay un gran descanso.

Este estado también es cambiante, impermanente, por tanto, tampoco es real. No hay cuerpo, ni mente, ni experiencia, ni yo. Al no haber yo, no hay mundo manifestado. Entonces ¿qué es lo que queda? Nada, absolutamente nada.

Y ¿qué es consciente de esta nada?
Esto que es consciente de esta nada es lo que realmente eres; Conciencia pura y absoluta.
Esta conciencia que siempre es consciente de toda experiencia y no-experiencia. Esta conciencia que es permanente, que no cambia, que es siempre la misma. Esta conciencia que nunca está afectada por la experiencia, pues está más allá de toda experiencia. Es esta conciencia que no tiene nombre ni forma, que ni es alterada y que no puede ser descrita ni comprendida por la mente. Es simplemente esta Conciencia Pura Absoluta que está más allá del tiempo y el espacio y de toda manifestación. Esto que siempre Es, es la Realidad, y es tu verdadera esencia.


https://caminoaldespertarr.blogspot.com/

lunes, 21 de mayo de 2018

Madurez psicológica: El arte de vivir en paz con lo que no podemos cambiar


La madurez psicológica se puede definir de muchas formas, pero el escritor escocés M. J. Croan resumió a la perfección este concepto: “La madurez es cuando tu mundo se abre y te das cuenta de que no eres el centro de él”. 

Madurar significa salir de nuestra visión egocéntrica para comprender que existe un mundo más amplio y complejo, un mundo que a menudo nos pondrá a prueba y que no siempre satisfará nuestras expectativas, ilusiones y necesidades. Y sin embargo, cuando maduramos somos capaces de vivir en paz en ese mundo, aceptando todo aquello que no nos gusta pero que no podemos cambiar. 

►Negar la realidad: Un mecanismo de afrontamiento inmaduro e inadaptativo 


La negación es un mecanismo de afrontamiento que implica negar fervientemente la realidad, a pesar de los hechos. Generalmente este mecanismo se pone en marcha por dos motivos: 1. Porque nos aferramos a unas ideas rígidas que no queremos cambiar o, 2. Porque no contamos con los mecanismos psicológicos necesarios para afrontar la situación. 

En ambos casos, negar la realidad nos permite reducir la ansiedad ante una situación que nuestro cerebro emocional ya ha catalogado como particularmente inquietante o incluso amenazante. El problema es que la realidad siempre gana. 
Si un acosador nos aborda en medio de la calle, no cerramos los ojos repitiéndonos mentalmente: “¡Esto no está ocurriendo!”. Comprendemos que estamos en peligro y escapamos o pedimos ayuda. Sin embargo, no reaccionamos de la misma manera con el resto de las situaciones de nuestra vida. Cuando algo no nos gusta, nos decepciona o entristece, ponemos en marcha el mecanismo de negación. 

Negar vehementemente los hechos no hará que cambien. Al contrario, nos conducirá a tomar decisiones poco adaptativas que pueden terminar causándonos más daño. La persona madura, al contrario, acepta la realidad, no con resignación sino con inteligencia. De hecho, el psiquiatra alemán Fritz Kunkel dijo que “ser maduro significa encarar, no evadir, cada nueva crisis que viene”. 

►El arte de encontrar el equilibrio en la adversidad 


“Érase una vez un hombre a quien le alteraba tanto ver su propia sombra y le disgustaban tanto sus propias pisadas que decidió librarse de ellas.

“Se le ocurrió un método: huir. Así que se levantó y echó a correr, pero cada vez que ponía un pie en el suelo había otra pisada, mientras que su sombra le alcanzaba sin la menor dificultad.

“Atribuyó el fracaso al hecho de no correr suficientemente deprisa. Corrió más y más rápido, sin parar, hasta caer muerto. 

“No comprendió que le habría bastado con ponerse en un lugar sombreado para que su sombra se desvaneciera y que si se sentaba y se quedaba inmóvil, no habría más pisadas”. 

Esta parábola de Zhuangzi nos recuerda una frase de Ralph Waldo Emerson: “La madurez es la edad en que uno ya no se deja engañar por sí mismo”. El escritor se refería a ese momento en el cual somos plenamente conscientes de los mecanismos psicológicos que ponemos en marcha para lidiar con la realidad y proteger nuestro “yo”, a ese momento en el que nos percatamos que la realidad puede ser difícil pero que nuestra actitud y perspectiva son dos variables esenciales en esa ecuación. 

Por eso, la madurez psicológica pasa inevitablemente por el autoconocimiento, implica conocer las zancadillas mentales que nos ponemos para no avanzar, los mecanismos que usamos para evadirnos de la realidad y las creencias erróneas que nos mantienen atados. 

Ese conocimiento es básico para lidiar con los problemas y obstáculos que nos pone la vida. Por desgracia, hay personas que, como el hombre de la historia, nunca llegan a alcanzar ese nivel de autoconocimiento y terminan creando más confusión y problemas, alimentando la infelicidad y el caos interior. 

Alcanzar la madurez psicológica no implica aceptar pasivamente la realidad asumiendo una postura resignada sino ser capaces de mirar con otros ojos lo que sucede, aprovechando ese golpe para consolidar nuestra resiliencia, conocernos mejor e incluso crecer. 
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William Arthur Ward dijo: “Cometer errores es humano y tropezar es común; la verdadera madurez es ser capaz de reírse de sí mismo”. Ser capaz de reírnos de nuestros antiguos temores porque ahora nos parecen grotescos, de nuestras preocupaciones magnificadas y de esos obstáculos “insalvables” que en realidad no eran, es una enorme muestra de crecimiento. Reirnos de nuestras viejas actitudes y creencias no solo significa que forman parte del pasado, sino que han dejado de tener cualquier influjo emocional sobre nosotros. 

La verdadera madurez psicológica llega cuando practicamos la aceptación radical, cuando miramos a los ojos la realidad y, en vez de venirnos abajo, nos preguntamos: “¿Cuál es el próximo paso?”. Eso significa que, aunque la realidad puede ser dolorosa, no nos quedamos atrapados en el papel de víctimas sufriendo inútilmente sino que protegemos nuestro equilibrio emocional adoptando una actitud proactiva.



Psicologia/Jennifer Delgado
https://www.rinconpsicologia.com

domingo, 20 de mayo de 2018

No ignores tu voz interior cuando intenta decirte que algo no va bien


Muchas veces por ser muy prácticos y racionales, restamos importancia a esos mensajes que vienen de lo más esencial de nuestro ser para prevenirnos, alertarnos y sugerirnos rutas a tomar. Algunas veces podemos sentir que somos paranoicos y desconfiados, pero solo cuando aprendemos a darle rienda suelta a esa comunicación es cuando nos damos cuenta de la sabiduría que hay en esa voz contenida.
La intuición se asocia con la manera que tiene el alma de manifestarse ante lo que debemos evitar y lo que debemos procurar, a medida que nosotros aprendemos a escuchar sus mensajes, vamos abriendo ese canal de comunicación, pudiendo tener acceso a él cada vez que sea necesario.
La intuición nos hará sentir la energía frente a las experiencias y sentiremos ese: “no sé qué”, “no puedo explicar esto, pero…”, “todo pinta bien, pero hay algo que no me termina de encajar”, “esa persona tiene algo que…”, “no lo conozco, pero me da confianza…”, “quizás esté equivocado, pero algo dentro de mí me empuja a…” y con todos estos mensajes y muchísimos otros de ese estilo, sentiremos que debemos alejarnos o acercarnos más a alguien o a algo.
 ►No dejes que los ruidos de las opiniones de los demás acallen tu propia voz interior. Y, lo que es más importante, ten el coraje para hacer lo que te dicen tu corazón y tu intuición. ― Steve Jobs
Por lo general no podremos justificar, ni argumentar de manera concreta por qué nos cargamos de ciertas sensaciones y menos el haber tomado una decisión basado en la intuición, pero generalmente nos daremos cuenta de que escuchar esa voz fue lo mejor que pudimos haber hecho.
Ahora bien, la única traba en este proceso, resulta de que nuestra mente y su manifestación como ego, también tiene una vocecita parecida, que puede limitarnos, que puede sembrar el miedo en nosotros, que puede hacernos sentir inseguros, con tal de mantenernos en nuestra zona de confort, donde poco cambia, donde todo está bajo control… ¿Cómo distinguirla? A través de la práctica, de la evaluación de resultados y especialmente de la paz que caracteriza haber escuchado nuestra intuición, versus la zozobra que lleva consigo nuestra dramática mente.
 ► La única cosa realmente valiosa es la intuición. ― Albert Einstein
Las energías se sienten, se perciben, cuando sentimos que rechazamos sin motivo aparente o explicable alguna situación, un lugar o a una persona, no le demos tantas vueltas al asunto, estamos percibiendo algo que nos hace reaccionar, alejarnos o ser muy cautelosos. No menospreciemos esa capacidad de sentir al mundo, más allá de la lógica, de lo tangible y demostrable.
Somos seres espirituales, pero generalmente no le sacamos mucho provecho a esa evolución que tenemos ciclo tras ciclo acumulando. Ante la duda, solo cierra tus ojos y siente el camino a tomar. Si te acostumbras a hacerlo, vivirás exactamente las experiencias que necesitas, aprenderás lo necesario y te ahorrarás el volverlas a transitar.

Sara Espejo
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