lunes, 29 de enero de 2018

5 señales de agresividad encubierta


En materia de agresiones, se destacan dos clases básicamente: la agresividad abierta y la agresividad encubierta. En el primer caso (agresividad abierta), el comportamiento agresor se da de manera directa y palpable: es evidente a todas luces.
En el segundo caso, la agresividad encubierta, el comportamiento agresor se da de una manera más sutil, oculta o, en otras palabras, camuflada y engañosa; es decir, conlleva un importante grado de manipulación.
Hay tres venenos primordiales: la pasión, la agresión y la ignorancia.
                                                                   Pema Chödron

La diferencia esencial entre una y otra, radica en la forma como se manifiestan las verdaderas intenciones de la persona causante del acto agresor. Enseguida te mostramos cinco de las señales que te permiten identificar la agresividad encubierta

1. La mentira: cuando la verdad “nos queda 

grande”


Es quizás la modalidad más evidente de agresión encubierta, la manera más común de violentar a otra persona, por el hecho de falsear, en mayor o menor grado, alguna verdad que atañe a ella.
Si se oculta algo a alguien, bien sea diciéndolo o callándolo, es quizás por el temor o el deseo de no querer enfrentar una realidad. Esto, se presume, sin el permiso o el consentimiento de la otra persona, con lo cual se le está agrediendo, de manera grave o leve, según sea la dimensión de la mentira.
De ahí que cuando se conoce la verdad, normalmente lleva a un conflicto, con lo cual se descubre que efectivamente existía una agresión. De otro modo, no habría lugar a malentendidos.
En este se refleja que hay ocasiones en las que la verdad es más grande que nosotros mismos y termina por doblegarnos. Esto es un círculo vicioso que regula un sinnúmero de relaciones sociales y poco a poco las deteriora, incluso, hasta consumarlas.

2. La culpabilidad: ser “víctima” de sí mismo

Es cuando nos ponemos en el papel de“víctima”, en cualquier situación de conflicto. Sentimos o queremos sentir que, verdaderamente, somos objeto de una “injusticia”, la cual se origina en la otra persona o en el grupo de personas involucradas en la disputa.
Es un modo típico de evadir nuestra responsabilidad, puesto que, al colocarnos en un contexto de indefensión y desamparo, la única vía que vemos posible para “ganar” la contienda, es introducir el sentimiento de culpabilidad; una culpabilidad que termina siendo más contundente que los mismos hechos.
► El lema o el guión es: al mostrarme, consciente o inconscientemente, como un “sacrificado” de las circunstancias, las demás personas sentirán compasión de mí y me complacerán hasta los más tontos caprichos.
Paradójicamente, el más débil pasa a ser el más fuerte: se hace más fuerte en su debilidad, que el fuerte en su fortaleza. Hacer sentir culpa, evidentemente “funciona”; y es una forma encubierta de agredir a otros, ya que se les manipula.

3. Avergonzar: utilizar el poder para minimizar a otros


Es cuando minimizamos la esfera o la condición humana de alguien, quizás con el fin de sentirnos más que los demás o de ridiculizar a otra persona, ocultando el posible rechazo o rencor que se siente por ella. Es un poder soberbio ejercido sobre una debilidad, error o deficiencia.
Porque siempre que avergonzamos a otra persona pasamos por encima de ese alguien, de manera agresiva y hasta aplastante. Lo anterior, bien por motivos de una necesidad de sentirnos mejores que los demás, o bien por razones de un rechazo hacia esa persona. Inclusive, en varias ocasiones, por ambos motivos.
Por ejemplo, cuando se ridiculiza a alguien en público, burlándose de esa persona, se puede hacer parecer como una simple broma, pero quizás el verdadero trasfondo de las cosas puede ser mucho mayor: la real intención puede ser pasar por encima de ese alguien para agredirlo sustancialmente.

4. Seducir: la falsedad de “jugar” con el ego propio y el ego ajeno


Es cuando adulamos o impresionamos a otras personas para conseguir nuestros objetivos: nos valemos de cualquier debilidad, por lo general relativa al ego de un individuo, para conseguir cualquier tipo de propósito.

► La agresividad encubierta está, no en los eventuales detalles “bonitos” que podamos tener con alguien, sino en “jugar” con los sentimientos de otra persona para disfrazar una determinada situación, con el objeto de lograr un fin oscuro o egoísta.

Es entrar en la “ambivalencia” del ego propio y del ego ajeno, puesto que muy probablemente parto de una mentira, que la otra persona se cree de algún modo; o incluso, parto de una supuesta verdad, que el otro sobredimensiona
Sin duda, un “juego” absurdo que no prosperará y en el cual ambas personas perderán. Obviamente, la agresividad encubierta viene dada, de nuevo, por la intención, la manipulación y, en consecuencia, por el hecho de utilizar a las personas como si fueran objetos o medios para lograr cualquier finalidad.

5. La ausencia: cuando estando, no estoy

En este último caso, aunque la persona está presente físicamente, mental, cognoscitiva o emocionalmente, parece estar lejos de la situación objeto de conflicto, en un evidente comportamiento de “todo me importa nada”; es decir, “puedes irte con tus opiniones o reclamos a otra parte”.
Esta conducta se ve reflejada, entre otras actitudes, en el silencio, en mirar a otras partes y no a la persona directamente, en el fastidio de escuchar y atender a lo que me están diciendo, o simplemente en responder con frases muy cortas, poco dicientes y sin argumentos, al asunto objeto de controversia.
Finalmente, en este escenario de la agresividad encubierta, vale decir que la conducta de un “buen manipulador” jamás será obvia. Y que quien manipula, algo esconde; y algo necesita, que no puede o no quiere lograr por sus propios medios.

Psicología/Edith Sánchez
Imágenes cortesía de Jennifer Healy
https://lamenteesmaravillosa.com

domingo, 28 de enero de 2018

6 formas de liberar la mente antes de acostarnos


¿Tienes problemas para dormir? ¿Sientes que tu mente está ocupada cuando te acuestas? ¿No no dejas de darle vueltas a las cosas en tu cabeza cuando te metes en la cama?
El descanso es fundamental para nuestro cuerpo y para nuestra mente. Sin embargo, por muy cansados que estemos, dormir bien no es siempre posible. Si en tu cabeza permanecen pensamientos estresantes o tu mente sigue ocupada en cosas pendientes es difícil que obtengas un descanso reparador.
Para dormir bien y descansar, tienes que liberar tu mente de todos esos pensamientos que la mantienen ocupada. A continuación vemos algunas formas conseguirlo.

Visualiza la liberación de tus pensamientos

Si los pensamientos te asalta nada más acostarte, intenta visualizar cómo estos pensamientos abandonan tu cabeza. Imagina que hay una gran cesta junto a tu cama en la que vas metiendo todas las ideas que rondan por tu mente. Esos pensamientos no se van a ir, simplemente van a quedarse ahí descansando hasta el día siguiente.

Medita

La meditación regular tiene muchos beneficios, incluyendo un mejor sueño y una mente más tranquila. Meditar diariamente te ayudará a reducir los pensamientos que te asaltan por la noche.
Medita concentrándote en tu respiración para relajar la mente y el cuerpo. Esto te dejará listo para dormir.

Haz la promesa de seguir pensando en otro momento

Los pensamientos que nos asaltan por la noche son como niños pequeños queriendo llamar la atención. Igual que ellos, los pensamientos sin persistentes. Es como si tuvieran miedo de ser olvidados o ignorados. Pero por muchas vueltas que les des, hay cosas que pueden solucionarse, como problemas, preocupaciones, dudas, etc.
Si tienes un pensamiento recurrente, prométele que lo atenderás al día siguiente, que no te olvidarás de él y que le prestarás toda la atención necesario. Lo que veremos en el punto siguiente te ayudará mucho también para dejar claro que cumplirás tu promesa.

Anota tus pensamientos

Cuando no le damos espacio a nuestros pensamientos para salir, para desarrollarse, estos se quedan ahí, en la mente, dando vueltas. Tienes que dejarlos fluir para sacarlos de tu cabeza. Una manera de conseguirlo es escribiendo todos esos pensamientos que brotan en tu mente.
A veces son cosas tan simples como algo que tienes que hacer al día siguiente y que puedes olvidar. Otras veces puede ser algo relacionado con el trabajo, una idea para un proyecto que quieres empezar o un cambio que quieres hacer. Pero también puede tratarse de una emoción que necesitas expresar, de un dolor que sientes por algo que te está sucediendo.

Sea lo que sea, no dejes que esos pensamientos te roben el sueño. Escríbelos para darle rienda suelta y que te dejen tranquilo.
Tal vez escribir no resuelva tus problemas, pero el hecho de dedicarle un poco de tiempo a la demanda de tu mente -pensar- servirá para tranquilizarla y liberar estrés.

Hábitos antes de acostarte

Algunos hábitos nos ayudan a dormir como, por ejemplo, leer. La lectura nos ayuda a depurar los pensamientos, a olvidar lo que nos ronda en la cabeza. Si se hace con frecuencia, el acto de leer en la cama le enviará al cerebro la señal de que el momento de dormir de acerca, lo que ayuda a conciliar el sueño.
Sin embargo, el uso de móviles y pantallas retroiluminadas, tanto para leer como para otras acciones, dificulta el sueño. Por lo tanto, evita usar el móvil por la noche.

Mantras

Mantra es una palabra de origen sánscrito que significa mente y liberación. Un mantra puede ser una sílaba, una palabra, una frase o texto largo que, al ser recitado y repetido va llevando a la persona a un estado de profunda concentración. 
Cuando se dicen conscientemente y con la atención dirigida de la mente, los mantras son muy efectivos. Pero no basta con repetirlos, sino que es necesario concentrarse en su significado.

Eva Maria Rodríguez
https://lamenteesmaravillosa.com

sábado, 27 de enero de 2018

Asertividad


Existen tantos modos de comunicarnos como seres humanos. Hay algunos modos que tienden a ser pasivos, otros agresivos y lo que está entre esos dos extremos es a lo que se le llama asertividad.
Ser pasivo significa comunicar de modo muy débil mis sentimientos, mis opiniones y mis creencias. La persona que es pasiva espera que los demás adivinen lo que necesita y por el miedo al conflicto se queda callada aún cuando no esté de acuerdo con lo que está ocurriendo. Obviamente, va acumulando mucho resentimiento porque su modo de actuar propicia el abuso de los demás.
Ser agresivo significa expresar mis sentimientos, opiniones, deseos y creencias de modo impositivo, faltando el respeto al otro, utilizando violencia, imponiendo mis puntos de vista. Es ser rígido, es no tolerar desacuerdos, es criticar constantemente. 
Esta conducta puede lograr que los demás me obedezcan o se amedrenten con el precio de que se alejarán de mi. La persona agresiva terminará por quedarse muy sola.
Ser asertivo significa expresar mis deseos, opiniones, creencias y sentimientos de modo respetuoso. No es ganarle al otro: es triunfar en el respeto mutuo. Ser asertivo es tener la habilidad para transmitir y recibir los mensajes de manera honesta, oportuna y respetuosa.
El mensaje asertivo debe comenzar con un “yo me siento” y continuar con una descripción muy objetiva de la conducta del otro que no nos gusta. Por ejemplo: “yo me siento ignorada cuando tú contestas tu teléfono celular en medio de mi conversación”, o “yo me siento angustiada cuando no me avisas a qué hora vas a llegar”. La clave está en no calificar a la persona, en hacerme responsable de lo que yo siento y en ser clara y directa en mi comunicación.
                    ► No olvidemos que una relación es una conversación. 
Ser pasivo y ser agresivo es igual a levantar un muro entre tú y yo. Ser asertivo es abrir la posibilidad de comunicarnos.

Psicología/Rocío Arocha
https://rocioarocha.com