jueves, 21 de septiembre de 2017

Cómo funciona el cerebro en cada estación


Un estudio demuestra que la mente tiene una forma de actuar y de pensar según la época del año. El funcionamiento del cerebro en verano no es igual que en invierno, primavera u otoño. Ciertas áreas cambian en base a la temperatura o los fenómenos meteorológicos.
Hasta el momento se sabía que las estaciones podían influir en nuestros sentimientos o incluso en nuestros hábitos. Pero también puede afectar la manera en que pensamos o tomamos decisiones. Incluso eso no es todo: el grado de dificultad de algunos problemas varía dependiendo de si nos encontramos en los meses en los que las hojas se caen o en los meses en los que el campo se puebla de flores.

¿El cerebro conoce de estaciones?

La investigación fue publicada en la revista PNAS y se basa en los datos recopilados por un neurocientífico de la Universidad belga de Lieja. Un grupo de voluntarios se sometió a un escaneo de sus cerebros mientras resolvían diversas pruebas de memoria y atención.
Se repitió el ejercicio en las demás estaciones y para que otros factores no les influyeran, como las horas de sueño o el tipo de alimentación debían permanecer en las instalaciones del laboratorio durante 4 días. Este procedimiento nos da una idea de la seriedad del estudio y del interés del los investigadores por tratar de aislar el efecto de la variable que querían analizar: la época del año.
Si bien las calificaciones de los exámenes o pruebas no variaron entre las estaciones, si encontraron que lo hacía la actividad de ciertas áreas cerebrales. ¿Cuáles? Las que se encargan de resolver ciertas tareas. ¿Qué sucedía con ellas? Solucionaban los problemas de una manera diferente.
Por ejemplo, si era verano se producía un pico de actividad superior en la parte de nuestro cerebro que se encarga de regular la atención. En el otoño la mayor activación se producía en los circuitos cerebrales relacionados con la memoria.
Los científicos quisieron saber si esos cambios en los patrones del cerebro estaban relacionados a las hormonas (por citar una, la melatonina que regula el sueño), las horas de descanso o al estado de alerta. Pero nada de ello sucedía. Tampoco se debía a alteraciones endocrinas.

¿Por qué el cerebro funciona diferente en cada estación?

Los estudios indicaron que el clima, la temperatura o la época del año condicionan el funcionamiento de nuestro cerebro. Todos estos fenómenos regulan la actividad cerebral pero hay uno que es el más importante: la duración del día y la cantidad de luz recibida.
Es decir, en verano podemos tener más activada la zona de atención sostenida por el “simple” hecho de que el sol está con nosotros una mayor cantidad de horas en comparación con el invierno. Eso no quiere decir, por ejemplo, que las personas que viven en países donde los días son cortos (como Noruega, Finlandia, Suecia, etc.) sean menos capaces, pero sí que las diferencias de horas de sol influyan en nuestro patrón de actividad cerebral.
También podemos destacar otras causas de los cambios a nivel mental: la temperatura, la interacción social, la humedad y la actividad física. Claro que todo está relacionado a las épocas del año. Cuando hace frío no solemos juntarnos con nuestros seres queridos, cuando llueve no salimos a hacer ejercicio, cuando las temperaturas son elevadas pasamos más tiempo al aire libre, etc.
Entonces nuestros cerebros trabajan de diferentes maneras según la estación y lo hacen para adaptarse al medio que nos rodea y a sus características, incluido el clima. Esto significa que la mente hace lo posible para que nuestro rendimiento sea óptimo, sin importar la época en que nos encontremos.

¿Por qué el cerebro funciona así?

La evolución mental aún no tiene todas las respuestas a las preguntas que la ciencia se formula. Si pensamos en lo que sucedía en el pasado para comprender la forma en que el cerebro funciona en la actualidad, podemos -por ejemplo- analizar las actividades humanas en relación a los cambios de estación.
Nuestros antepasados lejanos dependían más del clima que nosotros. Al no tener la tecnología o los medios para afrontar las condiciones climáticas, las estrategias que tenían que utilizar para cubrir sus necesidades variaban más. Dicho de otra manera, tenían que compensar la ausencia de tecnología con su capacidad para adaptarse a la variación del entorno.
Tal vez por esta razón el cerebro está “programado” para trabajar menos en el invierno, ya que antes los recursos en esta estación eran menores y las personas se pasaban más tiempo reunidas, comunicándose y a cubierto. En este caso, el papel de la memoria y de las buenas historias era fundamental.
Así, podemos decir que determinadas características fisiológicas varían en función del mes, por ello hay más propensión a quedar embarazada, a renunciar al trabajo o a hacer deporte en determinadas épocas del año. A su vez el apetito, la presión sanguínea y el sueño se ven modificados si estamos en verano, en primavera, en invierno o en otoño.
Analiza tus comportamientos, tus rendimientos y tu humor en cada momento del año y compáralos con la época. Te darás cuenta de la relación entre el clima y tus actitudes o tu eficacia. No es descabellado pensar que el buen o mal tiempo pueden determinar o modificar nuestra manera de actuar.

Psicología/Yamila Papa
https://lamenteesmaravillosa.com

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Para salir adelante, sal de tu propia prisión


Hay situaciones en las que parece que no hay manera de salir adelante, en las que todo se complica y se conjura para no hacerte levantar cabeza. Sin embargo, muchas situaciones solo son complicadas en la medida en que las vemos así. Salir adelante es fácil cuando te atreves a salir de tu propia prisión. 
Es habitual ver a personas exagerar todo lo que le ocurre y ponerse nerviosas por no tener controlado el resultado de cada decisión que toman. Saber cómo serán las cosas antes de empezar o preparar el futuro al segundo -o al menos intentarlo- es para mucha gente una forma, y una frustración constante, de vida. Pero, ¿de verdad es necesario complicarse tanto el presente para dejar atado todo lo que vendrá?
La vida puede ser mucho más sencilla y no por ello carente de oportunidades. Intentar sujetar y controlar todo es una misión imposible, privándonos de grandes momentos y de la posibilidad de encontrar, conocer y sorprendernos.

Escúchate, deja de resistirte y confía en el viaje

La vida tiene mucho más que dar de lo que tu mente puede concebir. ¿Por qué encerrarnos en la prisión que supone controlar y planificar absolutamente todo? No se trata de ir sin rumbo ni conciencia, sino que dejar la puerta abierta a lo que la fortuna disponga, porque lo va a disponer igual. Así, si es malo, podemos elegir en la mayoría de las ocasiones entre sufrirlo o afrontarlo.
Pero, ¿cómo identificar ese camino? Escucharte te dará la pista. Si eres capaz de ser sincero, de silenciar las voces que te dicen lo que tienes que hacer o que te indican que es lo [políticamente] correcto, podrás oír tu voz interior. Y cuando sientas que necesitas hacer algo fuera del plan, algo diferente, no te resistas. Explora lo que tu voz interior demanda. Descifra eso que necesitas y busca la manera de hacerlo, dentro de tus posibilidades.
Pero, sobre todo, confía en el viaje. Solo así podrás disfrutarlo y sacarle provecho. Solo así encontrarás el medio de expresión que necesitas para airear tus emociones y sentimientos, para crecer, ser tú mismo y salir adelante.

Tú tienes la llave de tu prisión

Muchas veces todo nuestro potencial se constriñe en una prisión de la que nosotros mismos tenemos la llave. Pero, ¿por qué hacemos esto? ¿Por qué diseñamos una vida que nos corta las alas en vez de acompasar el vuelo? ¿Por qué, teniendo un potencial tan grande, nos sometemos a una vida mediocre?
La verdad es que es la idea de vivir con todo controlado y planificado parece muy cómoda. Sin embargo y al mismo tiempo, el acomodamiento puede ser muy traicionero. Para abrir las puertas de tu celda, empieza por deshacerte de esa visión estrecha que no te deja mirar más allá, que no te deja contemplar todas las oportunidades que se te presentan.
Cierto que ese acomodamiento surge a menudo de experiencias pasadas. El sufrimiento y el dolor cargan nuestra mochila emocional con miedos, complejos y creencias limitantes. Pero, ¿qué tal si conviertes esa pesada mochila emocional en una caja de herramientas?

Tú tienes la llave… y el poder para abrir la puerta

Una cosa es saber que tienes la llave, y otra bien distinta tener el valor de usarla para abrir la puerta y salir. El miedo se esconde tras cada decisión que tomamos. El miedo al fracaso, a lo desconocido, a no ser suficientemente buenos, a equivocarnos de camino o a ser juzgados, nos frena.
Pero, no hacer algo es la mejor manera de tener remordimientos, de morir sin haber vivido. Ahora bien, ¿tienes miedo a fracasar pero no tienes miedo a perder la oportunidad de triunfar? ¿Tienes miedo a equivocarte y no a perder una buena idea? ¿Tienes miedo a ser juzgado pero no temes la opinión que tendrás de ti en el futuro?
No dejes que el miedo guíe tus acciones y nunca lamentarás haber tomado una decisión importante. Aunque fracases, aunque te equivoques… Cada paso es importante en tu crecimiento personal. Cada paso te acerca a tus objetivos -incluso aunque ese paso sea un error- y te concede la oportunidad de dar paso a tu libertad para asumir decisiones valientes.

Explora más allá de tu zona de confort para salir adelante

Tu prisión es tu zona de confort. Nada te retiene allí. Sal y ábrete al mundo. Tu zona de confort seguirá donde la dejaste si necesitas volver. Recuerda que tienes la llave. Eres libre para salir y también para volver a entrar.
Tienes que asumir el riesgo que supone poner un pie fuera, y luego otro. Si crees que haces lo correcto, abraza ese riesgo. No tienes que lanzarte de golpe si no estás preparado. Hazlo paso a paso. A medida que lo hagas te sentirás mucho más seguro y, sobre todo, mucho mejor contigo mismo.
La incertidumbre ante el riesgo juega su propio papel. A medida que te acostumbres a esa incertidumbre, a medida que aprendas a gestionarla, el miedo dejará paso a la curiosidad y a las ganas de ir más allá. 

Eva María Rodríguez
https://lamenteesmaravillosa.com

martes, 19 de septiembre de 2017

No dejes escapar a las personas que hacen bonito tu mundo

Las personas que hacen bonito tu mundo son aquellas que permanecen. O sea, quienes te reconfortan, te sacan sonrisas, te sosiegan y te mantienen fuerte ante la vida. Con ellas las personas que hacen bonito tu mundo las relaciones son sólidas, consistentes y leales.
La gente que hace bonito tu mundo es la sincera, la que aprieta la mano y cuando mira a los ojos llega hasta el corazón.  Su sola presencia emociona, porque respetan, porque no juzgan y porque siempre dan la cara. Por eso son las personas que hacen lindo nuestro mundo.
Ten cuidado y no las pierdas, no dejes que se marchen, no las eches de tu vida. No cometas el error de abandonarlas cuanto algo te atormenta o cuando te necesitan. Permanece, perdona y olvida.

Usted me encanta

Hay personas que nos encantan. No por nada en concreto, sino porque nos ofrecen confianza y placidez porque son las personas que hacen bonito tu mundo, nuestro mundo. Son relaciones que se cultivan en los pequeños detalles, sinceras y verdaderas. Son aquellas que se pueden alimentar con miradas de complicidad y pequeños gestos, pues cada detalle se convierte en una gran obra.
Estos sentimientos suelen ser recíprocos y hay ciertas reglas no escritas que prevalecen entre ellos. Sin embargo, muchas veces se nos olvida que los “te quiero” también hay que pronunciarlos y que la gratitud es el mejor alimento para el alma.
“Al final te das cuenta que lo pequeño siempre es más importante. Las conversaciones a las tres de la mañana, las sonrisas espontáneas, las fotos desastrosas que te hacen reír a carcajadas, los poemas de diez palabras que te sacan una lágrima. Los libros que nadie más conoce y se vuelven tus favoritos, una flor que te pones en el cabello, un café que te tomas solo… Eso es lo que verdaderamente vale la pena; las cosas diminutas que causan emociones gigantescas”.
                                                          Entre letras y cafeína

Así es que con frecuencia descuidamos algo tan importante y vital como es la demostración del afecto y la atención a las necesidades afectivas de nuestras parejas en este baile de la vida. Por eso, las personas que hacen bonito tu mundo también se merecen que hagamos bonito el suyo.

Lo que se descuida, se pierde

Se dice que el amor dura tanto como lo cuidemos y lo cuidamos tanto como lo queremos. Así, si bien somos humanos y a veces cometemos errores que pueden llevar a equívocos en relación de nuestro afecto, lo cierto es que no podemos permitirnos dejar escapar a las personas valiosas.
Tristemente es común que ignoremos a personas importantes por pura desidia, por falta de tiempo o por cierto desinterés teñido de egoísmo. Solemos cometer el error de no dedicar el tiempo necesario a “demostrar” a esas personas lo importantes que son. 

Cómo cuidar las relaciones

Así, también es probable que en algún momento hayamos sentido que alguien nos deja de lado y nos hayamos vuelto locos intentando comprender qué ocurría. Este sufrimiento es innecesario y podemos evitarlo de muchas formas. Veamos algunas:
  • Generalmente basta con unas palabras que hagan comprender que la ausencia o la distancia no significan jamás el olvido y que a pesar del “abandono temporal”, la presencia permanece.
  • Aún así, demostrar a alguien que nos importa es algo que lleva tiempo y que hay que construir poniendo especial cuidado en que la relación sea saludable y que esté alejada de dependencias y excesos emocionales.
  • Cada ladrillo debe estar elaborado con la más absoluta sinceridad; esto es sin egoísmos ni segundas intenciones. Así, tenemos que tener en cuenta de que no debemos crear necesidades, ni siquiera la de la compañía.
  • Esto se logra a través de la comunicación y la expresión sincera tanto de nuestros pensamientos como de nuestros sentimientos. Como es natural debemos hacerlo siempre planteando que somos nosotros quienes nos sentimos así, no la persona que tenemos delante la culpable del malestar o, incluso, del bienestar.
  • Las relaciones necesitan del tiempo y de las experiencias para nutrirse, sustentarse y crecer. Si dejamos de dedicar tiempo, mostraremos falta de interés y, como consecuencia, alejaremos a aquellas personas imprescindibles.

  • ►No podemos dejar escapar a aquellas personas que hacen bonito nuestro mundo. Con ellas podemos ser nosotros en toda nuestra esencia y con total libertad, lo cual es algo tan magnífico como inusual. Por eso, cuida y enriquece tus relaciones, y hazlo siempre desde la más absoluta sinceridad.

  • No dejes escapar a las personas que hacen bonito tu mundo…


Psicología/Raquel Aldana
Imágenes cortesía de Claudia Tremblay y Mariana Kalacheva
https://lamenteesmaravillosa.com