miércoles, 21 de junio de 2017

La Parábola del Águila


Las cosas siempre se ven mejor desde arriba, o desde fuera . . .


De igual forma que no puedes solucionar un problema con la misma mentalidad y desde la misma posición en la que este ha sido creado, uno debe salir y ver las cosas desde otra perspectiva para poder cambiarlas.
Y al igual que con los problemas de la vida, lo mismo sucede con nuestro crecimiento personal. Nunca podremos avanzar lo suficiente mientras no hagamos y ejecutemos cambios que nos hagan ver las cosas desde una nueva perspectiva, para poder elevarnos por encima de nuestras limitaciones y expandirnos para abarcar percepciones más amplias de lo que somos.
Ese crecimiento personal pasa sin duda por reconocer nuestra verdadera esencia, porque no somos lo que nos han hecho creer, sino lo que queda cuando quitas lo que nos han hecho ponernos para pretender encajar en el mundo. El trabajo más duro del mundo es dejar de ser lo que nos han hecho ser, para ser lo que siempre fuimos. No somos una personalidad determinada, un nombre escogido al nacer, una profesión quizás equivocada o una ocupación impuesta por la sociedad.
De hecho, si nos quitan todo eso, muchos de nosotros tendremos problemas para saber entonces que somos de verdad. Pero, lo que somos de verdad, es lo que queda cuando quitas todo eso, porque es el único momento en el que te sientes libre para abrir tus alas y, como dice James Aggrey en la parábola que os pongo a continuación, te das cuenta que siempre fuiste águila cuando te hicieron creer que eras pollo.

Parábola del águila (de James Aggrey)

Erase una vez un hombre que, mientras caminaba por el bosque, encontró un aguilucho. Se lo llevó a su casa y lo puso en su corral, donde pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a conducirse como estos. Un día un naturalista que pasaba por allí, le pregunto al propietario por qué razón un águila, el rey de las aves y los pájaros, tenía que permanecer encerrado en el corral con los pollos.
— Como le he dado la misma comida que a los pollos, y le he enseñado a ser como un pollo, nunca ha aprendido a volar, respondió el propietario; — se conduce como los pollos y por tanto no es un águila.
– -Sin embargo, insistió el naturalista, — tiene corazón de águila, y con toda seguridad se le puede enseñar a volar.
Después de discutir un poco más, los dos hombres convinieron en averiguar si era posible que el águila volara. El naturalista le cogió en sus brazos, suavemente y le dijo: “Tú perteneces al cielo no a la tierra, abre las alas y vuela”. El águila sin embargo estaba confusa: no sabía qué era y al ver a los pollos comiendo, saltó y se reunió con ellos de nuevo.
Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó el águila al tejado de la casa y la animó diciéndole: — Eres una águila, abre las alas y vuela; pero el águila tenía miedo del mundo desconocido y saltó otra vez en busca de la comida de los pollos.
El naturalista se levantó temprano al tercer día, sacó el águila del corral y lo llevó a una montaña. Una vez allí, alzó al rey de las aves y lo animó diciéndole: — Eres una águila y perteneces tanto al cielo como a la tierra. Ahora, abre las alas y vuela.
El águila miró alrededor, hacía el corral y hacía arriba, al cielo. Pero siguió sin volar. Entonces el naturalista lo levantó directamente hacia el sol; el águila empezó a templar y abrió lentamente las alas y finalmente con un grito triunfante, voló alejándose hacia el cielo.
Es posible que el águila recuerde todavía a los pollos con nostalgia; hasta es posible que de cuando en cuando vuelva a visitar el corral. Que nadie sepa, el águila nunca ha vuelto a vivir vida de pollo. Siempre fue un águila, pese a que fue mantenida y domesticada como un pollo.
Cuando el hombre aun no era hombre, todos éramos águilas, conectados a la sabiduría inagotable del Ser del que provenimos, viviendo en comunión con todo lo que existía en el planeta y en el universo. Cuando el hombre empezó a ser hombre (lhumanu, tras las primeras manipulaciones genéticas), empezamos a ser pollos, se introdujo el componente de la mente predadora en cada uno de nosotros, se nos desconectó de aquello de donde veníamos, y se nos dio la realidad subjetiva en la que vivimos, encerrando al planeta y su satélite bajo el paraguas de la malla energética “de control” de la que ya hemos hablado tantas veces.
Milenios pasaron, y el hombre vivió como pollo sin saber que era águila. Pero llego el naturalista (millones de ellos), y nos dijeron que empezáramos a volar. Nos dijeron que extendiéramos las alas, y empezamos a hacerlo. Extender las alas dolía mucho, porque estaban llenas de programas y miedos insertados a los pollos para mantenerlos en el corral, pero a pesar de que varias plumas caían con cada esfuerzo por extender las alas, millones de supuestos pollos empezaron a abrirlas dejando ir las caretas que se habían puesto para poder adaptarse a la vida en el corral. Cuando la careta iba cayendo, la mente predadora se hacia más débil, y el águila recordaba más ser águila de verdad.
Hace poco, en una meditación, aquellos que yo llamo mis guías me dijeron “pase lo que pase, no mires atrás, mantente firme y siempre ve hacia delante”. Todos somos águilas, y hay que volar. Por mucho que quieran mantenernos como pollos, no hay nada ya que nos pueda atar al gallinero.

David Topí
http://davidtopi.com

martes, 20 de junio de 2017

La Rabia como Agente de Cambio


El tema de esta semana es muy interesante: se trata de la rabia. Por supuesto, como seres multidimensionales que somos, abarcará muchos niveles y tomará formas muy diferentes para cada uno. Pero, durante esta próxima semana, será el tema energético y emocional a nivel global y podríamos ver cómo se pone de manifiesto de diferentes maneras.
Como mencioné en semanas anteriores, estamos atravesando un umbral de aperturas que engloban la energía del corazón, la energía de la comunicación y también un incremento de la energía psíquica.
La combinación de todas ellas, acompañadas de esta energía de enfado, bien podría dar como resultado conflictos en las relaciones, o bien podríamos sorprendernos reaccionando con indignación en nuestras comunicaciones: por e-mail, por carta… A nivel personal,  debemos recordar que la ira es fuego. A veces nos enfadamos para defendernos, o como  una manera de establecer límites si no nos gusta cómo alguien nos trata. Pero cuando se trata de una cólera interior que comienza a aflorar en nosotros, lo que a menudo sucede es que está cambiando nuestra manera de estar en el mundo y de relacionarnos con él.
Si queremos llamarlo así, podríamos verlo como el combustible que nos ayuda a manifestar una nueva forma de ser, una nueva actitud, un nuevo “yo” que está a punto de nacer, en definitiva. He aquí algunas comprobaciones que podemos hacer, de cara a comprender mejor el origen de nuestra sensación de rabia:
¿Estamos estresados o irritados porque estamos demasiado ocupados y no nos  tomamos el tiempo que necesitamos para nosotros mismos?
¿Quizás es necesario que pongamos ciertos límites claros en nuestras vidas?
¿Puede que estemos sintiendo la ola entrante de cambio (y todos estamos sintiendo a nivel colectivo lo rápido que nuestro mundo está cambiando)?
Sé que muchos de ustedes están también atravesando cambios personales en diferentes facetas de sus vidas. En ese caso, quizá estemos sintiendo la inquietud y la incertidumbre del cambio.
Normalmente, no nos gusta la sensación de no saber lo que nos espera, así que esa inquietud también podría ser otra de las causas de su enfado. Si tendemos a plegarnos excesivamente ante los deseos de los demás o a anularnos a nosotros mismos, es posible que, después de años de represión, ahora surja la ira.
Por ejemplo, si durante años no nos atrevimos a vivir nuestros sueños o a decir nuestra verdad, ahora esta energía de fuego crecerá en nuestro interior y luchará por salir, lo cual no es nada agradable al principio. De ser así, intenten considerar esa energía de fuego como un positivo combustible interno y aprendan a regular tanto la manifestación exterior de esa ira hacia los demás, como la manera de gestionar la ira que otros podrían dirigir hacia ustedes.
Con el incremento de energía del corazón y de energía de comunicación que estamos experimentando, también es posible que surjan cuestiones inconclusas del pasado respecto a la comunicación y el corazón. Por consiguiente, la rabia será parte no sólo del momento presente, sino que también emergerá para ayudar a limpiar y despejar el pasado.
Si se sienten un poco nerviosos con toda esta información o ya comenzaron a sentir estos síntomas, traten de mantenerse humildes durante esta semana; si no quieren verse envueltos en situaciones provocadas por la ira de los demás, tómense todo con mucha calma y vayan  despacio.
Mucho amor para todos.

Traducción: Rosa García

manantialcaduceo.com.ar

lunes, 19 de junio de 2017

Culpabilidad y Preocupación – Dos emociones inútiles


Dos de nuestros pasatiempos preferidos son culparnos por cosas que hemos hecho y preocuparnos por cosas que van a suceder o podríamos hacer. Estas dos emociones inútiles no nos dejan disfrutar del día a día y son responsables de nuestro insomnio. La culpabilidad consigue despilfarrar tus momentos presentes inmovilizándote y angustiándote por un comportamiento pasado. Mientras que la preocupación es el mecanismo que te inmoviliza y angustia ahora por algo que está en el futuro y que a menudo es algo sobre lo que no tienes ningún control.
Aunque una respuesta está dirigida al futuro y la otra al pasado, ambas sirven el mismo propósito inútil de mantenerte inquieto o inmóvil en tu momento presente.

Me siento culpable

Una de las emociones más destructivas es casi siempre ocasionada por algo que ha ocurrido en el pasado y, los conflictos internos que resultan a raíz de este evento, no se resuelven. Estos sentimientos acarrean desequilibrios mentales muy negativos que se conocen como sentimientos de culpabilidad.
Somos muchos los que hemos sido sometidos a una verdadera conspiración de culpabilidad en nuestras vidas; una conspiración no premeditada pero muy eficiente destinada a convertirnos en verdaderas máquinas culpables. La máquina funciona de la siguiente manera. Alguien emite un mensaje destinado a recordarte que has sido una mala persona por algo que dijiste o no dijiste, sentiste o no sentiste, hiciste o no hiciste. Tú respondes sintiéndote mal e incómodo en tu momento presente. Tú eres la máquina de culpabilidad. Un aparato que respira, habla, camina y reacciona con cargas de culpabilidad cada vez que le echan el combustible apropiado. Y debes estar bien aceitado si has estado totalmente inmerso en nuestra cultura productora de culpas.
No hay culpabilidad por grande que sea que pueda resolver un solo problema.

La culpabilidad

No es sólo una preocupación por el pasado; es la inmovilización del momento presente en aras de un suceso del pasado. ►Si simplemente estás aprendiendo lecciones de tu pasado, y prometiéndote evitar la repetición de algún comportamiento específico, eso no se llama culpa. ►De hecho, si te sientes culpable por algo que has hecho es más probable que repitas esa misma conducta en un futuro.

¿Qué ocasionan los sentimientos de culpabilidad?

Los sentimientos de culpabilidad generalmente ocurren por accidentes involuntarios en los cuales la persona participó directamente. Todos sabemos que no es lo mismo romper un vaso accidentalmente que lanzarlo al suelo a propósito. El sentimiento de culpa también se da por actos voluntarios como por ejemplo, palabras groseras que se pronunciaron en el pasado contra alguien a quien ya no podemos pedir perdón. Incluso existen actos que involucran a más de una persona como por ejemplo, la infidelidad.
El sentimiento de culpa por haber sido infiel a la pareja lo sufre tanto el que fue infiel como el que fue víctima de la infidelidad. La víctima se siente culpable de no haber podido satisfacer a su pareja para que fuera feliz en la relación. Y por otro lado, el infiel se siente culpable por el daño ocasionado y por cómo afecta a su vida misma.

Dos tipos de culpabilidad

La culpa se adueña de nuestro sistema emotivo a través de dos formas. La primera es la culpabilidad aprendida en la niñez y perdura hasta la personalidad adulta. La segunda es la culpabilidad que ha sido autoimpuesta por un adulto después de infringir un código moral o una norma.

¿Por qué elegimos sentirnos culpables?

A pesar de que es un comportamiento estúpido e inútil, seguimos sintiéndonos culpables y desperdiciando nuestro presente. ¿Por qué?:
  • Si ocupas el momento actual en pensar en cosas que hiciste en el pasado no tendrás que emplear el presente en hacer otras tareas más eficientes y provechosas.
  • Sentirse culpable es una manera de que los demás sientan compasión por ti en vez de quererte, que puede ser algo más difícil.
  • Puedes ganarte la aprobación de la gente sintiendo culpa por un comportamiento. Si has hecho algo que transgreda las normas establecidas pero te sientes culpable, estás demostrando que sabes muy bien cómo debes comportarte y que estás haciendo lo posible por adaptarte.
  • Cambiar y crecer personalmente es arriesgado y difícil. Cuando nos sentimos culpables podemos evitar cambiar para no esforzarnos ni apostar por nosotros mismos.
  • Existe la tendencia a creer que si te sientes lo suficientemente culpable, a la larga quedarás perdonado por tu mal comportamiento.
  • La culpabilidad nos hace sentirnos seguros, como cuando éramos niños y otros tomaban las decisiones en tu nombre y se ocupaban de ti. En vez de hacerte cargo de ti mismo en el presente, confías en los valores de los otros en tu pasado. ►Y una vez más la retribución radica en sentirse protegido del peligro de hacerte cargo de tu propia vida.

La culpa es una estrategia útil para manipular a los demás

La culpa es una herramienta que cumple una función, manipular a los demás. Es muy útil, por ejemplo, para conseguir que la pareja se adapte a las demandas y normas del otro. “Si tuvieras algo de sentido de responsabilidad, me hubieras llamado.” O “Ésta es la tercera vez que he tenido que vaciar la basura, me imagino que simplemente te niegas a hacer tu parte.”
¿La meta? Lograr que uno haga lo que quiere el otro. ¿El método? La culpabilidad.
La otra cara de la moneda: la preocupación
La preocupación, desde el punto de vista diagnóstico, es igual que la culpa pero enfocada al futuro.
Sentir culpa y preocupación es algo que se puede controlar. ¿Eliges sentirte culpable y preocupado o disfrutar del presente? Aunque estas dos emociones te asalten con relativa frecuencia, intenta que no interfieran con tu descanso ni ocupen mucho tiempo de tu presente.
“No es la experiencia del día de hoy lo que vuelve locos a los hombres. Es el remordimiento por algo que sucedió ayer, y el miedo a lo que nos pueda traer el mañana”.
Robert Jones Burdette.
https://www.infomistico.com