miércoles, 8 de marzo de 2017

¡Feliz día Hermanas!

















Nos regalamos esta bellísima pintura de Francisco Sanchis Cortés
http://www.franciscosanchiscortes.es/

NI UNO MÁS

►Poner freno a la violencia física y emocional contra la mujer es responsabilidad de los hombres.


La marcha Ni una menos del miércoles (NdeA: octubre 2016) deja secuelas que merecen atención. Una de ellas, las declaraciones de muchos varones (y bastantes mujeres) que proponen movilizarse contra todo tipo de violencia. Algunos lo hacen al tiempo que dicen apoyar la marcha y los reclamos. Otros, como reacción ante la protesta. Vivimos en una sociedad violenta: asesinatos, asaltos, peleas callejeras, peleas en los colegios, en los boliches, en las canchas (dentro y fuera del campo de juego), descalificaciones continuas, violencia verbal, violencia contra los animales. Abarca a todas las clases sociales, niveles culturales, profesiones, oficios y edades. Frente a esto hablar contra la violencia queda bien, es oportuno y cumple con los requisitos del pensamiento correcto.

El pensamiento correcto es peligroso. Conduce al relativismo moral y fomenta la inmovilidad. Al proponer que “todo” debe ser tomado en cuenta (ideas, culturas, ideologías, actitudes) termina por no profundizar ni detenerse en nada. Y se parece al “no te metás”. No te metás porque es otra cultura, porque no sabés, porque hay que escuchar todas las voces (¿cómo distinguirlas en el barullo?), etcétera, etcétera. Así no se priorizan necesidades ni sufrimientos, se termina en la inacción y la indiferencia cool.

Los hombres que se dicen “no machistas”, sino “antifeministas” son un ejemplo claro. Si uno de veras no es machista, no tiene por qué agregarle el antifeminsimo. Pero ocurre que simulando disparar contra el radicalismo feminista (que a menudo es la contracara exacta del machismo al convertir una parte en un todo excluyente), se suele expresar de una manera velada, soft y hasta glamorosa un agudo malestar ante el creciente protagonismo de las mujeres en áreas que les eran prohibidas, malestar ante el clamor femenino que exige acciones y se las exige en primer lugar a los hombres, malestar ante una situación que amenaza la zona de confort masculino que durante generaciones permitió a los varones poner las reglas de juego en las áreas donde se juega el destino colectivo y común: la política, los negocios, el espacio público, el sexo, la ciencia, la técnica.

El “antifeminismo no machista” termina en un machismo light, pero machismo al fin. Cuando se habla de violencia contra la mujer, se habla de un femicidio por día, de más de 300 mujeres asesinadas por hombres cada año, de chicos huérfanos, de la indiferencia estatal (sea el gobierno que fuere), de una justicia machista y cómplice, de una educación familiar que sigue transmitiendo concepciones patriarcales (aunque lo haga de manera intelectualmente elegante). Si nos proclamamos contra “la violencia de todo tipo” nos quedamos en declaraciones bienpensantes que dejan todo como está.

Empecemos por una violencia específica. Y empecemos los varones. Es un ejercicio mínimo de responsabilidad. Las mujeres no se matan entre ellas. Tampoco son suicidios. Mueren a manos de hombres. Por lo tanto, este es un problema nuestro, de los varones, y debemos ser los primeros en abordarlo y ponerle un freno. No se asusten, muchachos, la masculinidad auténtica, profunda, nutricia, fecunda, capaz de liderar con valores, de transformar el mundo para mejor, de abrir el corazón para que entren y salgan emociones fertilizantes, la fuerza masculina capaz de construir, no están en peligro por la movilización de las mujeres. Están en peligro por la pasividad de los varones ante el brutal machismo de tantos congéneres que no solo se expresa en femicidios, sino en guerras, narcotráfico, barras bravas, depredación económica, vaciamiento de la política, todas especialidades masculinas (en las que suelen filtrarse mujeres machistas, que las hay y las conocemos).

La violencia contra la mujer es contra la mujer. Punto. Acabemos con ella y vayamos luego por cada tipo de violencia, con menos palabras y declaraciones seductoras para la tribuna y más acciones concretas y anónimas en el día a día. Para esto se necesita mucha testosterona. Pero espiritual, del corazón, no de los testículos. Y hay que producirla con conductas, con actitudes. Requiere mucho coraje. Mientras ellas claman Ni una Menos, nosotros deberíamos prometernos que Ni uno más, ni un machista más ofendiendo y deshonrando a nuestro sexo con femicidios, descalificaciones a las mujeres, chistes machistas, indiferencia, maltrato laboral, publicidad sexista del peor tipo, etcétera.

Nuestra sociedad no solo es violenta. Es machista. Y, para peor, es careta. Basta. Ni un machista más haciendo de las suyas o disfrazándose de no machista.

Por Sergio Sinay
http://sergiosinay.blogspot.com.ar

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martes, 7 de marzo de 2017

AVERIGUA LO QUE REALMENTE QUIERES



En mi opinión, si hay una cosa que de verdad es imprescindible para cualquier persona es hacer un alto en la forma habitual de vivir –un alto que no es de un minuto sino que puede ser de varias semanas-, prestar atención a la propia vida –prestar atención consciente y real-, y consagrarse, con amor y dedicación, a encontrar todas las respuestas verdaderas a esta pregunta:

¿Qué es lo que REALMENTE quiero?

Es importante, e imprescindible, que aparezca “REALMENTE” en la pregunta.

No plantearse a menudo la pregunta, y no buscar sus respuestas auténticas, nos lleva, sin duda, a una pérdida de tiempo, que es lo mismo que decir a una pérdida de la irrecuperable vida.

Conviene reflexionar primero sobre la dureza y la gravedad de la palabra IRRECUPERABLE, y de su significado, para darse cuenta de lo importante que es este asunto. 

Y, como todo lo relacionado con el Desarrollo Personal, no se trata solamente de darle unas vueltas en la mente y tratar de encontrar unas explicaciones más o menos razonables, sino que se trata de sentirlo en alguna parte, de lograr que se remueva algo en el interior, se trata de que el alma lo sienta de un modo que no sea innegable o que la mente no pueda desvirtuarlo.

La pregunta sobre “LO QUE QUIERO”, sin añadir “REALMENTE”, se contesta rápidamente porque todos tenemos una idea de lo que creemos  que queremos, que, curiosamente, casi siempre está relacionado con resolver problemas inmediatos o asuntos económicos.

Al añadir “REALMENTE”, se eliminan el 99% de las respuestas, y van quedando las auténticas, las que de verdad nos importan, las que nuestra intuición y nuestra sabiduría van concretando. O aquellas que se han quedado rezagadas porque solo pensamos en ellas ocasionalmente. O aquellas que ya conocemos de más veces, pero aparentan ser inalcanzables o un vago en nuestro interior menosprecia restándoles la importancia que tienen.

¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE QUIERO?, es tal vez la pregunta importante más complicada de responder, pero es –sin duda- la pregunta que más necesita encontrarse con una respuesta porque –sin duda- responder bien o conformarse con no hacerlo harán diferente nuestro presente e influenciarán sobre nuestro futuro.

Tenemos que acostumbrarnos a ser muy conscientes de que cuando nos planteamos cualquier pregunta o inquietud que estén relacionadas directamente con nosotros, como personas, afectan inevitablemente a nuestra vida y nuestro modo de movernos por ella.

Así que cualquier pregunta en la que se nos incluye es una pregunta importante, y al añadirle ese filtro tajante que es el adverbio REALMENTE permite una discriminación entre aquello que de verdad es importante, aquello a lo que dotamos artificialmente de importancia, y aquello que no tiene importancia en absoluto.

Las dos segundas opciones conviene descartarlas inmediatamente porque al prestarles atención lo que se logra es distraernos del que debiera ser nuestro único objetivo: nosotros mismos. Ser uno mismo.

La primera opción marca –de un modo contundente- lo que debiera ser el sentido de nuestra vida. Y en nuestra vida el sentido es o puede ser el Desarrollo de todo el potencial con el que, como humanos, contamos desde el nacimiento. Y eso incluye desde el autoconocimiento hasta la caridad, y desde cada una de nuestras virtudes hasta la espiritualidad.

Pero, para no perder el tiempo –que es la vida- conviene ser preciso y no malgastarlo en rodeos y en pasatiempos, y centrarse en lo que de verdad importa y lo que ciertamente tiene sentido.

Repitiéndose a menudo la pregunta, y dándole el tiempo necesario para que se encuentre con su o sus respuestas, es como se encauza correctamente la vida.

Ahora, si ya eres consciente de que esta pregunta debe ocupar un lugar preponderante en tu escala de valores, si ya sabes o intuyes la valía que tiene y lo que te puede aportar, si de verdad captas que al ser selectivo y quedarte sólo con lo que REALMENTE quieres es como de verdad das a tu vida el sentido adecuado, ponte a ello. 

Ahora y siempre.

Tú tienes el poder de decidir.

¿Qué es lo que REALMENTE quieres?

¿Qué es lo que REALMENTE quiero?


Te dejo con tus reflexiones…




Francisco de Sales
buscandome.es