| |||
sábado, 14 de mayo de 2016
Si. . .
jueves, 12 de mayo de 2016
OJALÁ NUNCA TENGAS QUE LAMENTARTE DE HABER PERDIDO TU VIDA
“Con dolor, sintió algo tan decepcionante como haber malgastado en la rutina de una noria los pasos que podría haber empleado en un viaje inolvidable.” (José Luís Alvite)
En mi opinión, esta frase explica de una forma muy gráfica, y fácilmente comprensible, lo que podemos hacer con nuestra vida si no estamos atentos a ella, y si no nos marcamos propósitos que también nos hemos de encargar de cumplir.
Creo que una de las cosas más dolorosas –y más irremediables- que le pueden ocurrir a una persona es que llegue al final de sus días –al Tiempo de los Arrepentimientos- con muchas cosas de las que arrepentirse, con una pesadumbre inconsolable por aquello que hizo o que no hizo, y con una rabia mortal por el tiempo que pasó y no fue como hubiera querido porque no se esforzó en ello.
Conviene que cada persona revise cuál es su actitud, su deseo, y su atención con respecto a su vida.
Hay personas que lo piensan demasiado, pero eso no significa que piensen lo que tienen que pensar ni que lo piensen bien.
Hay personas que no se preocupan por su porvenir, que no prestan atención a lo que va a ser –y cómo- el resto de su vida. Y están cometiendo un grave pecado contra sí mismos: el pecado de abandono.
Hay personas que se dedican exclusivamente a capear como pueden las cosas que les van sucediendo sin asimilar que lo que les vaya a suceder, o lo que ya les está sucediendo, depende –en el 99% de los casos- de sí mismas, de su planificación –o su falta de ella- y de su determinación –o su falta de ella-.
Es inevitable. A todos nos pasa varias o muchas veces a lo largo de la vida, que hacemos un balance de lo que está siendo, de cómo nos va, de qué nos falta, qué quisiéramos cambiar, qué no soportamos de lo que nos pasa -pero seguimos soportándolo-, y a todos nos ocurre que nos entra un poco de cordura en algún momento y nos damos cuenta de todo ello, y nos hacemos una promesa efímera, muy poco consistente, en momentos concretos.
Llega el día del cumpleaños: ¡Dios mío!, ¡Otro año más! (aunque en realidad, y esto es lo peor, es un año menos) ¡Tengo que cambiar!, ¡De este año no pasa!
Y llega la Nochevieja: ¡Dios mío!, ¡Otro año más! (aunque en realidad, y esto es lo peor, es un año menos) ¡Tengo que cambiar!, ¡De este año no pasa!
O acudimos a un entierro: ¡Dios mío!, ¡Otro más! (aunque en realidad, y esto es lo peor, es uno menos) ¡Tengo que cambiar!, ¡De este año no pasa!
Y así seguimos… Parecemos inmunes a la realidad y ciegos a la verdad.
Así andamos, de un parche a otro, desde un olvido a otro, conformándonos con la mentira de que algún día cambiarán las cosas –y las cosas no cambian, somos nosotros los que tenemos que cambiar-, engañándonos desvergonzadamente con la ficción de que ya estamos empezando a hacerlo bien, que sólo falta un empujoncito para que todo dé el giro que tiene que dar, y de este modo no hacemos otra cosa que aplazar lo que debiera ser inaplazable.
Tengo casi sesenta y dos años, y la vida –y lo que va pasando en la vida-, a esta edad, se ve desde una atalaya a la que se accede por las experiencias de todo tipo que uno ha ido recopilando.
Y no es que uno sepa más, es que uno se engaña menos.
La decencia moral, que hasta ahora se ha ido esquivando y sorteando como se ha podido, se presenta con una firmeza que no acepta mentiras por respuesta.
Es el tiempo en que uno piensa en lo que haría si tuviera veinte, o aunque fueran cuarenta, o cincuenta si no se puede negociar algo mejor, y piensa con una disimulada o descarada envidia en los que tienen menos años y están a tiempo.
A algunos nos entran ganas de salir al mundo gritando ¡¡VIVAN USTEDES HOY!!, ¡¡SEAN CONSCIENTES!!, ¡¡PRESTAD TODA LA ATENCIÓN A LA VIDA!!
Porque la muerte es imparable, el paso del tiempo no hay quien lo detenga, la única vida se esfuma, y los últimos años pueden ser los peores.
Esto no es, ni pretende ser, un alegato pesimista. Es una realidad.
De cada uno depende poner fin inmediatamente al despilfarro de Vida, al derroche de tiempo, a seguir acumulando motivos de los que arrepentirse después.
A cada uno le corresponde administrar –y bien- su Vida.
No son el destino, ni el porvenir, ni las circunstancias actuales, ni las vicisitudes, ni los otros, ni las decisiones de antaño, ni los “errores” acumulados quienes marcan el presente o el porvenir: es uno mismo.
Tú mismo o tú misma.
HAZ LO QUE QUIERAS HACER ANTES DE QUE SE CONVIERTA EN “LO QUE TE HUBIERA GUSTADO HACER”. LA MAYORÍA DE LAS COSAS NO OFRECEN UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD.
Ahora mismo es un buen momento. Ya.
Te dejo con tus reflexiones…
En mi opinión, esta frase explica de una forma muy gráfica, y fácilmente comprensible, lo que podemos hacer con nuestra vida si no estamos atentos a ella, y si no nos marcamos propósitos que también nos hemos de encargar de cumplir.
Creo que una de las cosas más dolorosas –y más irremediables- que le pueden ocurrir a una persona es que llegue al final de sus días –al Tiempo de los Arrepentimientos- con muchas cosas de las que arrepentirse, con una pesadumbre inconsolable por aquello que hizo o que no hizo, y con una rabia mortal por el tiempo que pasó y no fue como hubiera querido porque no se esforzó en ello.
Conviene que cada persona revise cuál es su actitud, su deseo, y su atención con respecto a su vida.
Hay personas que lo piensan demasiado, pero eso no significa que piensen lo que tienen que pensar ni que lo piensen bien.
Hay personas que no se preocupan por su porvenir, que no prestan atención a lo que va a ser –y cómo- el resto de su vida. Y están cometiendo un grave pecado contra sí mismos: el pecado de abandono.
Hay personas que se dedican exclusivamente a capear como pueden las cosas que les van sucediendo sin asimilar que lo que les vaya a suceder, o lo que ya les está sucediendo, depende –en el 99% de los casos- de sí mismas, de su planificación –o su falta de ella- y de su determinación –o su falta de ella-.
Es inevitable. A todos nos pasa varias o muchas veces a lo largo de la vida, que hacemos un balance de lo que está siendo, de cómo nos va, de qué nos falta, qué quisiéramos cambiar, qué no soportamos de lo que nos pasa -pero seguimos soportándolo-, y a todos nos ocurre que nos entra un poco de cordura en algún momento y nos damos cuenta de todo ello, y nos hacemos una promesa efímera, muy poco consistente, en momentos concretos.
Llega el día del cumpleaños: ¡Dios mío!, ¡Otro año más! (aunque en realidad, y esto es lo peor, es un año menos) ¡Tengo que cambiar!, ¡De este año no pasa!
Y llega la Nochevieja: ¡Dios mío!, ¡Otro año más! (aunque en realidad, y esto es lo peor, es un año menos) ¡Tengo que cambiar!, ¡De este año no pasa!
O acudimos a un entierro: ¡Dios mío!, ¡Otro más! (aunque en realidad, y esto es lo peor, es uno menos) ¡Tengo que cambiar!, ¡De este año no pasa!
Y así seguimos… Parecemos inmunes a la realidad y ciegos a la verdad.
Así andamos, de un parche a otro, desde un olvido a otro, conformándonos con la mentira de que algún día cambiarán las cosas –y las cosas no cambian, somos nosotros los que tenemos que cambiar-, engañándonos desvergonzadamente con la ficción de que ya estamos empezando a hacerlo bien, que sólo falta un empujoncito para que todo dé el giro que tiene que dar, y de este modo no hacemos otra cosa que aplazar lo que debiera ser inaplazable.
Tengo casi sesenta y dos años, y la vida –y lo que va pasando en la vida-, a esta edad, se ve desde una atalaya a la que se accede por las experiencias de todo tipo que uno ha ido recopilando.
Y no es que uno sepa más, es que uno se engaña menos.
La decencia moral, que hasta ahora se ha ido esquivando y sorteando como se ha podido, se presenta con una firmeza que no acepta mentiras por respuesta.
Es el tiempo en que uno piensa en lo que haría si tuviera veinte, o aunque fueran cuarenta, o cincuenta si no se puede negociar algo mejor, y piensa con una disimulada o descarada envidia en los que tienen menos años y están a tiempo.
A algunos nos entran ganas de salir al mundo gritando ¡¡VIVAN USTEDES HOY!!, ¡¡SEAN CONSCIENTES!!, ¡¡PRESTAD TODA LA ATENCIÓN A LA VIDA!!
Porque la muerte es imparable, el paso del tiempo no hay quien lo detenga, la única vida se esfuma, y los últimos años pueden ser los peores.
Esto no es, ni pretende ser, un alegato pesimista. Es una realidad.
De cada uno depende poner fin inmediatamente al despilfarro de Vida, al derroche de tiempo, a seguir acumulando motivos de los que arrepentirse después.
A cada uno le corresponde administrar –y bien- su Vida.
No son el destino, ni el porvenir, ni las circunstancias actuales, ni las vicisitudes, ni los otros, ni las decisiones de antaño, ni los “errores” acumulados quienes marcan el presente o el porvenir: es uno mismo.
Tú mismo o tú misma.
HAZ LO QUE QUIERAS HACER ANTES DE QUE SE CONVIERTA EN “LO QUE TE HUBIERA GUSTADO HACER”. LA MAYORÍA DE LAS COSAS NO OFRECEN UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD.
Ahora mismo es un buen momento. Ya.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
Poderosas Herramientas Para Detener la Alimentación Emocional
Historia en Breve
- La alimentación emocional es cuando se encuentra a sí mismo comiendo por razones que no son para satisfacer hambre física real
- La alimentación emocional da un escape de la incomodidad, dando una sensación momentánea de placer y satisfacción cuando esté sintiendo algo que no quiere sentir
- Hay cinco herramientas poderosas sobre cómo ponerle fin a la alimentación emocional de una vez por todas. Seguir estos pasos requiere práctica y un poco de valor, pero si los sigue no sólo parará su alimentación emocional, sino que también aprenderá a comenzar a disfrutar de sus alimentos – y su vida – de una nueva manera.
- Por Allison DryjaHe estado ahí. Comienza con un puñado de zanahorias, se mueve a unos pedazos de queso y cuando se da cuenta, está hasta los codos en un vaso con helado.Se va a la cama exhausto y enfermo, sintiéndose fuera de control y como si estuviera saboteándose a sí mismo.¿Se identifica?Se llama alimentación emocional, y sucede más seguido de lo que piensa. No siempre tiene que limpiar su refrigerador en una noche para caer víctima de la alimentación emocional.Este fenómeno puede golpear en cualquier momento, cuando se encuentra a sí mismo comiendo por razones que no son para satisfacer hambre física real.Cuando trabajé en mercadeo, no tardé mucho en descubrir que las compañías alimenticias luchan constantemente para hacer una conexión entre la comida y emociones. Para crear promesas de mercadeo de alimentos atractivas como un beneficio emocional más allá de la comida en sí misma – como comodidad, excitación, pertenencia, etc.Mi trabajo como mercadóloga fue hacer estas conexiones aún más atractivas y convincentes, al alimentar nuestra creencia colectiva de que comer ciertos alimentos nos dará satisfacción emocional.Cuando finalmente me di cuenta de las implicaciones completas de lo que estaba haciendo, renuncié.Comencé curando mi propia relación con la comida, y ahora ayudo a otras mujeres a hacer lo mismo al cortar sus patrones de alimentación emocional y reconectando con nuestros cuerpos.He creado cinco herramientas poderosas sobre cómo ponerle fin a la alimentación emocional de una vez por todas. Seguir estos pasos requiere práctica y un poco de valor, pero si los sigue no sólo parará su alimentación emocional, sino que también aprenderá a comenzar a disfrutar de sus alimentos – y su vida – de una nueva manera.1.No Se AbandoneLa alimentación emocional da un escape de la incomodidad, dando una sensación momentánea de placer y satisfacción cuando esté sintiendo algo que no quiere sentir.Comer de más tiene un efecto entumecedor y suavizante de sentimientos indeseados, y aleja nuestra atención de ellos. La clave para terminar este patrón es no abandonarse cuando sus emociones se enloquecen, pero en lugar de eso puede invitarlas dentro y permítase sentirlas.Dígase a sí mismo que está bien sentirse triste, enojado, cansado – usted elige. Dé la bienvenida a emociones negativas con amabilidad y curiosidad, y pregúnteles qué quieren de usted. Esto incluye sentimientos intensos de culpa o enojo que tienden a seguir un episodio de alimentación emocional.Acérquese a sus sentimientos con amabilidad, y su cuerpo comenzará a entender que no tiene que comer de más para protegerse de sus sentimientos. Además, a través de la escucha de sus emociones, descubrirá qué es lo que realmente quiere, y puede crear nuevas estrategias para una mayor satisfacción.2.Mantenga el Principio del Placer¡Haga del placer una prioridad en su vida! Dele sabor a su agua con fruta, use ropa suave y cómoda, tome baños de burbujas. Dele a su cuerpo otras formas de experimentar el sentirse bien, además de comer. Si se encuentra a sí mismo en medio de un atracón, intente permitirse divertirse por completo.Siéntese y saboree cada mordida. Mientras más centrado esté en qué tan bien se siente comer, más difícil será comer al punto de sentir dolor. Muchas veces la alimentación emocional es sólo el intento de nuestro cuerpo de experimentar placer.3.Coma Sólo Cuando Realmente Tiene HambreLos comedores emocionales tienden a no comer cuando realmente tienen hambre, lo que hace que quieran comer después. Como el autor Geneen Roth dice, “Para cada dieta, hay un atracón igual y opuesto.”Así que en su lugar, coma alimentos reales, sanos y nutritivos cuando experimente hambre física. Hacer esto le enseñará a su cuerpo que no está en, como lo llama el defensor de la pérdida de peso Jon Gabriel, “modo de inanición”.El autor del Método Gabriel dice, (el cuerpo) “Se vuelve muy eficiente al almacenar grasa y pierde la habilidad de quemarla.” Esto significa que comer cuando tenga hambre no sólo hace que tenga una menor disposición de atracarse, pero también le dirá a su cuerpo que es sano perder peso.4.Prepárese para Su Siguiente Atracón al Conocer Sus CatalizadoresDescubra sus catalizadores y haga una estrategia. Si sabe que come cuando se siente sola, planee llamar a un amigo o escriba en su diario mejor. También, siempre cargue comida con usted para que nunca se sienta privado.La alimentación emocional puede ser la reacción de su cuerpo a sentirse privado, así que cree nuevas maneras de nutrirse a sí mismo. Abastezca su refrigerador con alimentos deliciosos, sanos, llene su calendario con cosas emocionantes por hacer y sea disciplinada sobre dejar tiempo para sí mismo para relajarse.5.Despierte a Su Belleza PropiaSi supiera lo hermoso/a que es, no se negaría comida para intentar cambiarse. Tampoco comería emocionalmente como liberación, porque no habría tensión de la cual liberarse. Cualquier cambio en la dieta sería por amor propio y cuidado para su hermoso cuerpo.Somos una cultura donde se espera que las personas quepan en un molde imposible por el bienestar de la ganancia capital. La Dra. Gail Dines dice, “Si mañana, las personas despertaran y decidieran que les gustan mucho sus cuerpos, sólo piense en cuántas industrias quebrarían.”Es hora de despertar a nuestra belleza y alimentar nuestros cuerpos con el amor y ternura que realmente merece.*Para artículos relacionados y más información, por favor visite la página de Via Organica
http://articulos.mercola.com/
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

