domingo, 1 de noviembre de 2015

Reflexiones Espirituales: Ser consciente pero no crítico


En el camino de la meditación hay un dicho: “Ver pero no ver, oír pero no escuchar”, lo cual significa permanecer consciente de todas las realidades, incluso las negativas, pero no quedarnos atascados en ellas. Nos quedamos atascados porque reaccionamos. Reaccionamos juzgando, acusando, criticando, etiquetando. Hacemos esto porque nos sentimos amenazados por aquello que nos es desconocido o que no aprobamos. Tan pronto como juzgamos o criticamos lo ponemos todo en compartimentos a nuestra conveniencia, y eso entraña graves peligros. Debido a que vemos el error de la persona o situación decimos: “son así y se les ha de tratar de acuerdo a ello”.

Cuando nuestra visión y actitud permanecen críticas hacia alguien, ellos permanecen tal y como son, ya que por mi parte no hay ninguna aportación de positividad que anime o permita que se produzca un cambio positivo. Hacemos eso constantemente, queriendo que los demás sean mejores de alguna forma, pero en lugar de ayudarles, teniendo fe en ellos y viendo sus buenas cualidades, las ocultamos, concentrándonos en su pasado, sus debilidades y sus errores. Nuestro enfoque se hace negativo, y aún así esperamos que cambien para mejor.

Cuando permanecemos conscientes de una forma desapegada, no pensamos en lo que está mal, sino en cómo podemos poner algo bien, contribuyendo con un sentimiento, actitud o palabra positivos. Tal contribución es un acto generoso, que en lugar de quejarse como hace la gente crítica, ofrece una solución. Una persona espiritualmente despierta mira de ofrecer soluciones, y no se complace quejándose. Madurez es ser completamente consciente, pero de igual forma que uno es consciente, mantenerse igualmente silencioso. Muchas cosas se resuelven por sí mismas si mi aportación es consistentemente bondadosa y tengo una motivación honesta.

Efectos globales de la Meditación


En nuestras sociedades la meditación es muchas veces vista como algo extraño y difícil de alcanzar. Sin embargo, esta antigua práctica que permite recuperar y mantener la calma interior es muy sencilla. En la entrega anterior, abordamos los efectos psicológicos y físicos de las técnicas de relajación y su relación con nuestra respuesta global ante el estrés. Meditación y relajación son frecuentemente relacionadas a pesar de no ser lo mismo. Con sus similitudes y diferencias, ambas han sido estudiadas por la ciencia.

Tanto la relajación como la meditación contribuyen a mejorar la calidad de vida e implican un manejo beneficioso de la atención y los pensamientos, así como serenidad. La meditación por su parte, consiste en ejercicios mentales y físicos realizados lentamente que generan un placentero estado de bienestar, estando el sujeto muy lúcido y consciente, sintiéndose profundamente en paz al conseguir reposo psíquico y muscular.

Muchas personas suelen asociarla con lo religioso, por haber sido recomendada durante siglos por distintas religiones para apoyar el crecimiento personal. Sin embargo, la meditación no es inherente a ninguna religión. Cualquier persona puede meditar más allá de que decida darle a su práctica un significado religioso o no. 

La ciencia se ha interesado en la meditación puesto que los estados de conciencia que induce tienen efectos físicos medibles. Resultados de distintos estudios arrojan cada vez más información acerca de los beneficios de meditar. Entre ellos se ha descubierto que potencia la inteligencia, la creatividad, las conductas positivas y la concentración, a la vez que reduce la hipertensión y progresivamente va eliminando el estrés y el cansancio. Al favorecer la generación de conexiones cerebrales, quienes meditan con regularidad alcanzan mejores niveles de concentración que la mayoría de las personas.

Meditar unos 20 minutos diariamente, brinda un descanso profundo que disminuye considerablemente la tensión, ya que nuestra conciencia se encuentra en un estado de descanso distinto de cuando dormimos. Los efectos de la meditación son globales y se extienden a toda la persona.

Psicologia/Pilar Naveira

sábado, 31 de octubre de 2015

El ser y la imagen



Si alguien me preguntase quién soy, para darle datos tendría que referirme a cosas registradas en la memoria. Tendría que formar una imagen llena de etiquetas, y yo no soy nada de eso.

Yo soy.

Un ser imprevisible como la vida misma, que no cabe en ninguna imagen porque mis formas son cambiantes, y mi verdadero ser es inaprensible, imposible de referir. Cuando vivimos dormidos, llevamos con nosotros una imagen propia, un yo ideal que nos hemos fabricado con trozos de recuerdos y otras cosas soñadas por nuestro idealismo.

Cuando alguien dice de mí algo que no me gusta, es la imagen lo que se ofende, pues nadie puede herir al que no tiene imagen propia. Yo no soy nunca la imagen que tengo de mí mismo ni la que tienen los demás de mí.

Yo soy, y el ser no cabe en ninguna imagen porque las trasciende todas. 

Es peligroso vivir de la memoria, del pasado.
 Sólo el presente está vivo. 
Es el ahora lo que importa, porque ahora es la vida, ahora todo es posible, ahora es la realidad. 



Autoliberación interior
Anthony de Mello