sábado, 29 de julio de 2017

Nunca te adaptes a lo que no te hace feliz


A veces lo hacemos, nos adaptamos a lo que no nos hace feliz como quien se calza un zapato a la fuerza pensando que es su talla, y al poco, descubre que es incapaz de caminar, de correr, de volar…La felicidad no duele y por tanto no debe oprimir, ni rozar ni quitar el aire, sino permitirnos ser libres, ligeros y dueños de nuestros propios caminos.
Hace unos años una marca de jabones que comercializaba su producto para entornos laborales lanzó al mercado una gama en concreto que obtuvo bastante éxito. Impresa en la propia pastilla de jabón aparecía la frase “Happiness is Busyness” (felicidad es estar ocupado).

                  ►El mundo prefiere sabiamente la felicidad a la sabiduría
                                                                                     Will Durant

Si bien es cierto que líneas como el concepto de “flujo” Mihaly Csikszentmihalyi enfatiza la idea de que concentrarnos en una tarea en cuerpo y alma puede darnos la felicidad, en esta ecuación debe añadirse sin duda el factor que hace referencia a si esa tarea nos es significativa o no. De hecho, muchos trabajadores veían con triste ironía el eslogan de esos jabones, porque no todos se sentían felices por llevar a cabo una tarea que, si bien les aportaba una remuneración económica, lo que no tenían era bienestar psicológico.
Podríamos decir, casi sin temor a equivocarnos, que una buena parte de nosotros nos adaptamos casi a la fuerza a muchas de nuestras rutinas cotidianas, incluso siendo conscientes de que no nos hacen felices (o utilizando el símil de los zapatos, que nos hacen ampollas). Es como ir en el interior de una noria que nunca para de girar. El mundo, la vida, acontece nerviosa y perfecta ahí abajo, inaccesible y risueña, mientras nosotros seguimos cautivos de nuestras rutinas

Nos adaptamos para sentirnos seguros

De niños nuestros padres nos ataban con un doble nudo los zapatos o zapatillas para que no se desataran y no tropezásemos. Nos arropaban bajo las mantas y la colcha con sumo cariño, subían hasta arriba las cremalleras de nuestros abrigos y chaquetas para que estuviéramos bien calentitos, atendidos, cuidados.
Muchas de esas veces estábamos algo incómodos por toda esa presión corporal, pero si había algo que sentíamos era seguridad. A medida que nos hacemos mayores y adquirimos responsabilidades de adultos, esa necesidad por sentirnos seguros sigue muy presente. Sin embargo, esta indefinible pulsión por la búsqueda continua de seguridad muchas veces no dirige nuestro comportamiento desde nuestra consciencia.
Por curioso que parezca, el más sensible frente a esta necesidad es nuestro cerebro. No le agradan los cambios, los riesgos ni aún menos las amenazas. Es él quien nos susurra aquello de “adáptate aunque no seas feliz, porque la seguridad garantiza la supervivencia”. Sin embargo, y esto debemos tenerlo claro, la adaptación no siempre no va de la mano de la felicidad; entre otras razones porque esta adaptación muchas veces no se produce.
Hay quien sigue manteniendo el vínculo de su relación de pareja sin que exista un amor real, sin que haya una complicidad auténtica ni aún menos felicidad. Lo importante para algunos es escapar de la soledad y para ello no dudan en adaptarse a la talla de un corazón que no va con el suyo.
Lo mismo ocurre a nivel laboral. Son muchas las personas que optan por mostrar lo que se conoce como “un perfil bajo”. Alguien dócil, manejable, alguien que llega a bajar méritos y estudios cuando redacta su currículum porque sabe que es el único modo de adaptarse a determinadas jerarquías empresariales.
Es como si en nuestra mente existiera un nuevo eslogan grabado, como el de la empresa de jabones citada al inicio: “Adaptarse o morir, renunciar para subsistir”.
Ahora bien…  ¿de verdad merece la pena morir de infelicidad?

Para ser feliz hay que tomar decisiones

A pesar de que nuestro cerebro sea resistente al cambio y nos invite elegantemente a permanecer en nuestra zona de confort, está diseñado genéticamente para hacer frente a los desafíos y sobrevivir ante ellos. De hecho, hay un dato relacionado con esto mismo que nos invita a la reflexión.
La felicidad no está en el exterior, sino en el interior, de ahí que no dependa de lo que tengamos sino  de lo que somos.
                                                                     Pablo Neruda

Los investigadores Richard Herrnstein y Charles Murray definieron hace unos años un concepto denominado “Efecto Flynn”. Se ha observado que año a año las puntuaciones del cociente intelectual siguen subiendo. Esto se debe, entre otros factores, a que la vida moderna actual está cada vez más llena de estímulos: tenemos más acceso a la información, interactuamos más y nuestros niños de ahora procesan cada vez más rápido todos estos datos, todos estos estímulos relacionados con las nuevas tecnologías.


Ahora bien, hay un aspecto esencial del que psicólogos, psiquiatras, sociólogos y antropólogos son muy conscientes: un CI elevado no siempre va de la mano de la felicidad. Parece que eso de ser feliz y disponer de un entramado neuronal más extenso y fuerte no siempre garantiza nuestro bienestar psicológico. Es extraño y desolador a la vez.
¿Qué está pasando entonces? Nos hemos adaptado a esta sociedad de la información pero a la vez, nos recluimos en nuestras zonas de confort como quien mira la vida pasar, inventando un sucedáneo felicidad, una marca blanca que a instantes caduca y nos aboca al estrés y la ansiedad…
Se nos olvida, tal vez, que para ser feliz hay que tomar decisiones, que hay que librarnos de los zapatos ajustados y atrevernos a caminar descalzos, se nos olvida que el amor no tiene por qué doler, que la docilidad en el trabajo nos acaba quemando y que a veces, hay que hacerlo, hay que desafiar a quien nos somete y salir por la puerta de entrada para crear nuestro propio camino. Nuestra propia felicidad.

¿Qué tal si empezamos hoy mismo?

Psicología/Valeria Sabater
https://lamenteesmaravillosa.com
Imágenes cortesía de Ottdim y Hcojiscom

viernes, 28 de julio de 2017

Autosabotaje: cuando el enemigo está dentro de ti



El autosabotaje o autoboicot es la tendencia a ponerse trabas, límites y complicaciones a uno mismo durante el camino hacia metas u objetivos. Si echas la vista atrás es posible que encuentres varios ejemplos de situaciones en las que, sin saber por qué ni cómo, has fracasado en el camino hacia tu meta. Una de las posibles explicaciones de este fracaso es el autosabotaje.
El autosabotaje representa al enemigo dentro de uno mismo. Quizás nos proteja en alguna medida del fracaso a corto plazo, pero también del éxito. La persona que se boicotea a sí misma se pone trabas o frenos, e inconscientemente, dice “no voy a poder” cuando tiene que hacer frente a momentos difíciles. A continuación veremos los 4 tipos de autosabotaje más frecuentes.

¿Qué tipos de autosabotaje existen?

1. Negarse necesidades a uno mismo: “No me hace falta, no lo quiero”

El primer tipo de autosabotaje, y uno de los más frecuentes, es el negarse a sí mismo necesidades o deseos. El autosabotaje se enmascara bajo frases como: “no me importa”, “no me apetece”, “no lo quiero” o “no me interesa”. De esta manera, la persona se protege a sí misma de experimentar un fracaso (y aceptar que tiene que trabajar para mejorar sus capacidades) o de experimentar el éxito (y aceptar que puede aspirar a más y se merece el reconocimiento).
En este caso, el autosabotaje se realiza cuando la persona se niega a sí misma que quiera alcanzar un objetivo o se niega a si misma una necesidad personal de manera inconsciente. Es muy importante detectar cuándo realmente no nos interesa un objetivo o una meta y cuándo es el miedo a no estar a la altura, el que que nos hace el boicot. Porque con esta diferenciación comenzamos a crear un escudo personal contra el autosabotaje.

Confiar en ti mismo no garantiza el éxito, pero no hacerlo garantiza el fracaso.
                                                           Albert Bandura

2. Procrastinar: posponer y posponer …y dejar para mañana lo que puedes hacer hoy

Una de las maneras más eficaces de fracasar, tanto a nivel personal y como profesional es procrastinar: “tengo que hacer algo pero lo haré luego”. Procrastinar es un hábito tóxico, ya que provoca la falsa percepción de que “estamos en ello” cuando en realidad lo que estamos haciendo es postergar indefinidamente la realización de una tarea.
Procrastinar funciona como un escudo ante la sensación de incapacidad. Es un mecanismo de defensa porque nos protege impide que nos pongamos a prueba y nos hace sentir que estamos en el camino hacia nuestra meta. Cuando… nada más alejado de la realidad.

3. No ser constante: comenzar la carrera, pero abandonar ante las primeras dificultades

La falta de constancia es una de las máscaras más frecuentes del autosabotaje. La constancia es una capacidad que se ha de entrenar cada día y poco a poco. Empezar un proyecto y abandonarlo en el camino nos asegura el fracaso y es un hábito que nos limita a nosotros mismos.
La función del autosabotaje cuando dejamos las cosas a medias es muy clara: si no acabas la tarea no tendrás que valorar si lo has hecho bien o no. Existe la posibilidad de que lo hagamos bien y de que no sepamos como gestionar el éxito. Dicho de otro modo, el autosabotaje también protege del éxito a las personas que creen que no se merecen un triunfo personal y por ello, se boicotean a sí mismas.

4. Poner excusas a la hora de tomar decisiones: “no sé que hacer”

Tomar decisiones nos otorga un grado de responsabilidad, el cual varía en función de la importancia de la decisión. El autosabotaje nos protege de sentirnos con cualquier grado de responsabilidad, y así, nos aparta de tomar posiciones importantes y de poder.
Por ello, evitar tomar decisiones es otra máscara más tras la cual se oculta el autosabotaje. Impidiéndonos tomar las riendas de nuestra vida, alzar la voz y decir con claridad cuál es nuestra decisión. Además, este tipo de autosabotaje nos mantiene en el papel de espectador (y no de actor) de nuestra vida. El peligro de ser espectadores de nuestra vida es que esta actitud, refuerza la idea de que no ser suficientemente buenos como para aspirar a más.

¿Cuáles son las posibles causas del autosabotaje?

Estilo de personalidad evitativo

Los animales humanos, frente a una dificultad tenemos tres opciones de respuesta: afrontar, evitar o postergar. Es decir, podemos buscar una solución a lo que nos ocurre (afrontar), intentar convenceros de que eso no nos afecta o no nos molesta y mirar para otro lado (evitar) o esperar a ver qué pasa o cómo se desarrollan las cosas sin un período de tiempo definido (postergar). Si bien es cierto que tomarnos un tiempo y no hacer nada es una estrategia eficaz para encontrar soluciones, postergar indefinidamente es un hábito que empobrece nuestra autoestima.
Si durante nuestra etapa de adolescencia y juventud temprana escogemos evitar repetidas veces, lo que hacemos es desaprovechar situaciones que nos permitirían adquirir nuevas habilidades. Tanto si evitamos afrontar lo que nos ocurre, como si dejamos pasar las oportunidades de crecimiento que se nos presentan, desarrollamos un patrón de personalidad evitativo.
El patrón de personalidad evitativo se relaciona directamente con el autosabotaje. Como la costumbre es evitar, la persona se convence de que “no puede” o de que algo “no se le da bien”. Ello se debe a que no tiene habilidades, pero no a que no tenga la capacidad necesaria para superar la situación o crecer a nivel personal.
Una persona con patrón de personalidad evitativo siente que no es capaz de superar retos y se remarca a sí misma esta limitación. El error principal se encuentra en que: no tener habilidades no es igual a no ser capaz. Es necesario dejar de evitar aquello que nos hace dudar de nuestras capacidades y darse una oportunidad para poder crecer como persona. Recuerda: sin desafío no hay crecimiento.

Baja autoestima

Tener una baja apreciación de nuestras características personales hace que nos queramos poco. Si nos queremos poco, tendemos a desconfiar de nuestras capacidades, de ahí la relación entre autosabotaje y baja autoestima.
Una persona con baja autoestima no se permite la oportunidad de crecer, ni de exigirse un poco para salir de su zona de confort. Porque, tiene grabado en lo más profundo de su corazón que: no se merece una oportunidad, no va a ser capaz de dar la talla o siente que no es lo suficientemente valiosa para aspirar a un objetivo. Por todo esto, la baja autoestima puede ser una de las causas del autosabotaje.
La tarea que debemos establecer para nosotros mismos no es estar seguros, sino ser capaces de tolerar la inseguridad
                                                                            Erich Fromm

Entorno familiar hiper-protector

Crecer en un entorno familiar que nos proteja excesivamente de los “peligros” del mundo, nos hace incorporar en nuestras características psicológicas dos mensajes respecto a nosotros mismos y nuestras capacidades. El primer mensaje es: “mi familia me quiere, me protege y no estoy solo/a” y el segundo es “me tienen que proteger y ayudar porque no puedo solo/a y no soy lo suficientemente fuerte”.
De este modo, cuando una familia es muy protectora, emite estos dos mensajes que son inseparables y es el segundo de ellos el que favorece al autosabotaje. Porque la excesiva protección familiar nos hace depender de los demás para sentirnos seguros y capaces de afrontar retos.
Así, una vez llegados a la etapa adulta, como a nivel social se nos exige ganar en independencia de nuestra familia, aparece el autosabotaje a modo de protección. La protección de la familia es cada vez menor, mientras que el sabotaje se hace cada vez más presente.

¿Cuáles son los efectos del autosabotaje?

El autosabotaje funciona como un pez que se muerde la cola, como no me doy la oportunidad, no me desafío a mi mismo y por tanto, no gano en desarrollo personal. Así, pierdo la oportunidad de ganar nuevas capacidades y mejorar aquellas que ya poseo. Y por ello, sigo pensando que “no puedo”, “no lo quiero” o “no se me da bien”.
Piensa que muchas personas (por no decir todas) tenemos un “pequeño boicoteador” dentro y hemos de aprender a vivir con él. Este pequeño boicoteador siempre va a decirnos que no somos capaces de alcanzar lo que nos proponemos. Nos hará dudar hasta el infinito y nos mantendrá dentro de nuestra zona de confort. Porque solo de esta forma, este pequeño gran enemigo se mantiene tranquilo y cómodo. El truco está en aprender a escuchar sus dudas sin entrar en su juego. Sí, efectivamente, hablamos de una labor de precisión que a menudo requiere una buena dosis de paciencia.
Por todas estas razones que hemos descrito, el autosabotaje genera una sensación constante de incertidumbre. Es un sistema que se perpetúa a si mismo y por ello es necesario que detectemos su presencia y rompamos cuanto antes el círculo vicioso que lo alimenta.
Para superar el autosabotaje puedes trabajar para mejorar tu autoestima, detectar tus puntos fuertes para ampliarlos e identificar también tus puntos débiles para mejorarlos. 
Pero, sobre todo, vamos a darnos una oportunidad, ésta es la clave principal para vencer el autosabotaje.

Psicología/Julia Marquez Arrico
lamenteesmaravillosa.com

jueves, 27 de julio de 2017

7 SECRETOS ESPIRITUALES PARA NO ENVEJECER




¿QUIERES QUE TE CUENTE LOS 7 SECRETOS ESPIRITUALES PARA NO ENVEJECER?
Deepak Chopra nos dice que podemos revertir el proceso de envejecimiento hasta 15 años, sintiéndonos mucho más vitales y rejuvenecidos. Hace tan sólo unas cuantas décadas, la medicina convencional consideraba al cuerpo humano como una máquina cuyas partes quebrarían enfermarían inevitablemente hasta que ya no fuera posible repararlo. Como estudiante de medicina aprendí que las reacciones químicas aleatorias determinaban todo lo que ocurría en el cuerpo; mente y cuerpo estaban separados y eran independientes el uno del otro, y los genes determinaban en gran medida nuestra salud y tiempo de vida.
La investigación científica actual está llegando a una comprensión radicalmente diferente: Mientras el cuerpo humano aparentemente está constituido por materia, en realidad es un campo de energía e inteligencia conectado a la mente. Ahora sabemos que lo que era considerado como una experiencia “normal” de envejecimiento –un descenso progresivo hacia la incapacidad física y mental – es en gran parte una respuesta condicionada. La mente influye en cada célula del cuerpo y por consiguiente el envejecimiento es fluido y cambiante. Puede acelerarse, retardarse, e incluso revertirse a sí mismo.
1. Cambia la percepción de tu cuerpo y del envejecimiento.
La percepción es un acto selectivo de atención e interpretación. Lo que experimentas como “la realidad”, incluyendo tu cuerpo físico y tu propio envejecimiento, está conformado por tus hábitos de percepción. Mientras la mayoría de la gente está acostumbrada a ver su cuerpo como una máquina biológica estática, puedes empezar a verlo como un campo de energía, de transformación e inteligencia que se renueva a sí mismo constantemente.
Empieza a notar tanto tu diálogo interno como la forma en que te expresas de tu cuerpo y de su envejecimiento. Si te encuentras diciendo cosas como, “Estoy llegando a la edad en que necesito lentes para leer”, “Estoy muy viejo para hacer yoga” (o alguna otra actividad) ”Heredé la condición que tiene mi papá en su espalda” o algunas otras frases similares, toma la decisión consciente de cambiar la perspectiva y forma en que hablas de tu cuerpo y edad.
Ten en cuenta que tus células conocen lo que dices, así que a menos que desees tener la espalda de tu papá o cualquier otra cosa que sea “de familia” no alimentes esa semilla de intención en tu conciencia.
Una poderosa afirmación que puedes utilizar es: “Todos los días en todos los sentidos estoy incrementando mi capacidad física y mental”.
2. Reduce el estrés y medita
.La Meditación es una herramienta simple y poderosa que nos lleva a un estado de relajación profunda que disuelve la fatiga y el estrés acumulado que acelera el proceso de envejecimiento. Durante la meditación, la respiración se vuelve más lenta, la presión arterial y ritmo cardíaco disminuyen al igual que los niveles de la hormona del estrés. Por su misma naturaleza, la meditación calma la mente y cuando la mente está en un estado de conciencia relajada, el cuerpo se relaja también.
Las investigaciones muestran que quienes meditan regularmente tienen menor tendencia a la hipertensión, enfermedades del corazón, ansiedad y otras enfermedades relacionadas con el estrés que aceleran el proceso de envejecimiento. Además, nuevos estudios han encontrado que la meditación restaura literalmente el cerebro. Un innovador estudio reciente llevado a cabo por el Hospital General de Massachusetts, hizo noticia al mostrar que ocho semanas de meditación no solo ayudan a que la persona se sienta más tranquila, sino que también se produjeron cambios en diversas áreas del cerebro, incluyendo el crecimiento en el lóbulo asociado a la memoria, la empatía, el sentido de sí mismo y la regulación de la tensión y estrés.
3. Ten un sueño tranquilo.
Lograr un sueño reparador es clave esencial para mantenerte sano y vital. Esto es frecuentemente descuidado y menospreciado. Incluso hay una tendencia en algunas personas de jactarse de cómo pueden sobrevivir con tan pocas horas de sueño. En realidad, la falta de sueño reparador altera el equilibrio natural del cuerpo, debilita el sistema inmunológico y acelera el proceso de envejecimiento.
Los seres humanos generalmente necesitan entre seis y ocho horas de sueño reparador cada noche. Sueño reparador significa que no tengas necesidad de tomar medicamentos o alcohol para dormir, sino que fácilmente puedas dormir al acostarte, apagar luces y dormir más profundamente durante toda la noche. Si te sientes enérgico y vibrante cuando te despiertas, es que has tenido un sueño tranquilo y reparador; si te sientes cansado y sin entusiasmo, es que no lo has tenido.
Puedes obtener la más alta calidad del sueño manteniendo tus ciclos de sueño en sintonía con los ritmos del Universo, conocidos como ritmos circadianos. Esto significa ir a la cama a las 10 p.m. y despertar a las 6 a.m. También es muy útil descargar todos tus pensamientos del día en un diario antes de ir a la cama para que la mente no te mantenga despierto.
4. Nutre tu cuerpo con alimento saludable.
Hay comidas “muertas” que aceleran el proceso de envejecimiento, y otras que renuevan y revitalizan el cuerpo. Algunos alimentos que hay que eliminar y minimizar incluyen los enlatados, congelados, procesados en el microondas y los alimentos altamente procesados. Enfócate en comer una variedad de comida fresca y recién preparada.
Una forma simple de asegurarte de tener una dieta balanceada, es incluir los seis sabores (dulce, salado, ácido, picante, amargo, astringente ) en cada comida. La típica dieta americana tiende a estar dominada por los sabores dulce, ácido y salados (los sabores principales de la hamburguesa). Sí necesitamos esos sabores, pero pueden alentar el metabolismo especialmente si se ingieren en exceso.
Los sabores picantes, amargos, y astringentes son antiinflamatorios e incrementan el metabolismo. Estos sabores se encuentran en alimentos como rábanos, jengibre, mostaza, chiles, espinacas, champiñones, té, lentejas y lechuga, entre otros. Las comidas que tienen los colores azul oscuro, morado, rojo, verde o anaranjado son líderes en antioxidantes y contienen muchos nutrientes que elevan nuestro sistema inmune y mejoran la salud.
5. Haz ejercicio.
Innumerables ventajas tanto en el aspecto fisiológico como el psicológico. El ejercicio regular es una de las formas más importantes para rejuvenecer y vivir más tiempo. Los Drs. William Evans e Irwin Rosenberg de la Universidad de Tufts en Boston han documentado el poderoso efecto del ejercicio sobre muchos de los biomarcadores del envejecimiento, incluyendo la masa muscular, la fuerza, la capacidad aeróbica, la densidad ósea y el colesterol. No solamente el ejercicio mantiene el cuerpo joven, sino que preserva la mente viva y promueve el bienestar emocional.
Lo importante es iniciar lentamente, y encontrar las actividades físicas que te agraden y hacerlas regularmente. Si lo más que puedes hacer actualmente es caminar alrededor de la manzana ¡hazlo!, y te sorprenderás de lo rápido que se incrementará tu fortaleza y entusiasmo para moverte y respirar.
6. Amor y amistad.
Dar y recibir amor hará que te sientas feliz, fortalecerá tu sistema inmunológico, lograrás mayor vitalidad, te sentirás radiante. Es la expresión máxima del ser. Cuando estas sintonizado a esta frecuencia, eres imparable, todo esta bien y sientes la dicha. El aislamiento y la soledad crean las condiciones para un rápido envejecimiento. Los ataques del corazón y la tasa de mortalidad se incrementan en aquellos hombres que han enviudado recientemente o que han sido despedidos de su empleo sin previo aviso y sin su consentimiento. La carga emocional de los vínculos sociales es inmensa.
La solución es permanecer conectado y abierto a nuevas relaciones a lo largo de la vida. Resistirse al impulso de permanecer en semi-aislamiento porque asumes que la sociedad espera eso de ti. La pérdida de amigos o pareja es una parte inevitable del envejecimiento, y mucha gente no puede encontrar un reemplazo o carece de la motivación para ello. Por “reemplazo” no quiero decir una nueva pareja y familia (aunque es una posibilidad), sino vínculos emocionales que signifiquen algo para ti y le den significado a tu existencia. Ninguna cantidad de lectura o de televisión substituye el contacto humano que abriga el amor y el cuidado. Actividades efectivas para adultos mayores es involucrarse en programas de tutorías, educación y programas para la juventud.

7. Mantener una mente joven
“La flexibilidad infinita es el secreto de la inmortalidad”. Cuando cultivamos la flexibilidad en nuestra conciencia, nos renovamos a nosotros mismos a cada momento y revertimos el proceso de envejecimiento. Los niños ofrecen la más clara expresión de apertura y flexibilidad. Ellos juegan y ríen libremente y se maravillan con las cosas más pequeñas. Son infinitamente creativos porque no han construido las capas de condicionamiento que crean limitaciones y restricciones.
Para mantener una mente joven escribe dos o tres cosas que puedes hacer que sean totalmente infantiles. Piensa en algo que te evoque la niñez, comer un cono de nieve, ir a un parque de juegos, hacer un dibujo, saltar una cuerda, construir un castillo de arena. Encuentra algo que te regrese el sentido del humor que tenías cuando eras un niño, incluso si piensas que ya has crecido y eliges alguna de esas actividades el día de hoy.
Mientras llevas a cabo la actividad de tu niñez, déjate llevar por el arquetipo despreocupado e inocente del niño. La sensación que estás buscando no es un retorno a la niñez, sino algo más profundo. Al volver a experimentar nuestra naturaleza infantil, no sólo cultivamos una mente joven, sino que nos conectamos con la parte de nosotros que nunca ha nacido, ni nunca morirá: nuestra esencia espiritual.
Mediante la meditación y el Yoga lograremos canalizar esa energía obteniendo mayor serenidad ante las adversidades. Busca tu pasión, se servicial, ama a toda entidad viva del planeta y sé respetuoso. 
►La felicidad es tu derecho, no una opción.


Angeles Castell
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