miércoles, 19 de octubre de 2016

LAS 4 CAUSAS DE LA PÉRDIDA DE TU PODER PERSONAL


La causa de este estado interno es que ya no sentimos la fuerza de nuestro Poder Personal. Si reconoces los síntomas es que lo estás perdiendo. Miles de personas pasan por este proceso de debilitación y tristeza en algún momento, o durante toda su vida. Cuando somos pequeños, o jóvenes, nos sentimos poderosos, fuertes, capaces, imaginamos cómo seremos de mayores y llega la vida adulta o la madurez y sentimos cada vez menos fuerza, o menos ilusión.
Hay algo personal que te lleva hasta este punto. Y, evidentemente, también hay algo social que favorece que tantas personas se sientan de este modo. La causa de esta debilitación no es biológica, no es nuestro cuerpo lo que se debilita, y tampoco es la edad, ni la crisis de los 40 o 50 lo que te hace sentir de este modo. Es algo mucho más importante.

¿Por qué perdemos nuestro Poder Personal?

En nuestro caminar por la vida lo debilitamos porque desconectamos de nosotros mismos. Con los años, acumulamos renuncias y heridas en nuestro corazón y nuestra alma; y nuestro corazón y nuestro Ser se hacen pedazos. Algunos pedazos de nuestro corazón y nuestra alma se pierden, otros los dejamos en alguna parte, y otros siguen dentro de nosotros, olvidados o enterrados voluntaria o involuntariamente.

1. Olvidar lo esencial

Nuestro Ser está formado por distintas dimensiones (el cuerpo físico, el cuerpo mental, el cuerpo emocional, el cuerpo espiritual, el cuerpo ancestral), pero en muchas ocasiones no conocemos bien nuestra complejidad, no la comprendemos y no atendemos el equilibrio. Vivimos priorizando sólo algunas de nuestras partes, nuestro cuerpo, nos identificamos con nuestro ego y olvidamos a nuestra alma.
Nos hablan de cuidar el cuerpo, la belleza, la imagen, la salud, pero no nos educan para cuidar nuestra mente, nuestra emocionalidad. Menos aún nos enseñan y animan a escuchar nuestro interior sinceramente, a tener en cuenta nuestra esencia, incluso ni nos hablan de ello. Al final nos identificamos únicamente con los pensamientos y emociones de nuestro ego.
Olvidamos quiénes somos en cada renuncia a decir lo que pensamos, lo que sentimos o lo que deseamos sinceramente. Olvidamos quiénes somos cada vez que elegimos no tener en cuenta nuestra intuición y nuestra coherencia interna.
Y en cada silencio, cada falsedad, cada renuncia concreta, desconectamos de nuestra propia naturaleza, de nuestro Ser, y perdemos Poder poco a poco. Vivimos tan deprisa y tan distraídos que nuestra alma no tiene espacio en nuestra vida. En la constelación que hice a Manuel, la imagen de este olvido fue abrumadora.
Su vida estaba patas arriba, rompiéndose por todas partes, y se sentía muy infeliz. Coloqué al representante de su Ser Interno. Él se había olvidado completamente de que existía, y observó toda la constelación, pero su mente no pudo comprender a quién representaba ese hombre y su corazón no pudo abrirse a esa presencia dentro de él. Me rompió el corazón ver hasta qué punto había desconectado de su Ser.
Me acordé de que, en algunas culturas, el modo de reintegrar el alma con la persona, es un ritual de cántico. Cada persona y sus seres próximos conocen el “Canto de su alma”, y cuando esa persona está débil o perdida, la colocan en el centro de un círculo para que vuelva a ella y le dé fuerza y luz. Me hubiese gustado poder cantarle la canción de su alma a él en ese momento.

2. Acumular heridas emocionales y psíquicas.

Vivimos en una cultura donde se alimenta la creencia de que se puede evitar el dolor. Intentamos permanentemente alejar las emociones que consideremos “negativas” o los momentos dolorosos, negarlos, ocultarlos, ignorarlos, etc. Y esta creencias nos llevan a ocultar las heridas de nuestro corazón y nuestro espíritu en lugar de atenderlas.
Creemos y decidimos que es mejor, más fácil o más prudente relegar al olvido nuestros sentimientos, ilusiones, pensamientos y sueños en lugar de escucharlos.
Intentando evitar el dolor, construimos máscaras de felicidad, fuerza o seguridad, creyendo que es la solución. Pero nuestra propia mentira emocional nos impide sentirnos realmente felices, pues mantiene dentro de nosotros el dolor sin sanar.
Acumulamos recuerdos de tristeza y dolor durante toda la vida sin resolverlos. Acumulamos miedos infantiles, heridas de abandono, recuerdos de dolor, pensamientos limitantes que permanecerán en nosotros arraigados en nuestro interior y en nuestro subconsciente a pesar de nuestro esfuerzo de ignorarlos.
Sabemos que están allí e incluso, a pesar de que los percibimos en el día a día, seguimos en el intento de ignorarlos y no atenderlos, sin aceptar que son una de las causas más importantes de tu debilidad y tu tristeza actual, de tu pérdida de ilusión y Poder Personal.
De Dan Van Campnehaud, un gran chamán, aprendí una vez una técnica para cuidarme en los momentos difíciles y protegerme para no seguir acumulando nuevas heridas mientras dedicaba tiempo a sanar las antiguas. Era una técnica para proteger mi parte frágil y reencontrarme con ella.
Se trataba de tener una “preciosa cajita especial” imaginaria o física. Podía poner a mi niña interior en la cajita cuando vivía un momento doloroso.
Cuando este momento ha pasado podía abrirla, dedicarle tiempo y atención. Era el momento de parar, y esperar quieta hasta sentir que podía acoger en mi presente y en mi cuerpo a la parte de mí que estaba protegida en la cajita. Me tomaba el tiempo de sentir mis emociones, abrazar mi mundo interior y sentir que había lugar y tiempo para que todas mis partes se reunieran de nuevo. Dedicar el tiempo a sentir que estaba completa para seguir adelante.
Los pequeños rituales psicomágicos que fui aprendiendo de distintos maestros espirituales y maestros terapeutas son uno de los modos más maravillosos que aprendí para cuidar de mi Ser interno.
La terapia psicoemocional bien conducida es fundamental para sanar las heridas acumuladas y todos los patrones de pensamiento y reacción asociados a estas heridas. Además de poner paz dentro de ti, el proceso de sanar te permite construir un nuevo relato de tu historia y de ti mismo mucho más fortalecedor.

3. La fragmentación interna.

Cada día nos suceden cosas, tomamos decisiones importantes, incluso trascendentes, vivimos momentos que nos conmueven en las relaciones con nuestros seres queridos y en todo lo que nos sucede, no le damos tiempo a nuestro corazón ni a nuestra alma para que puedan comprender, integrar o recuperarse.
El tiempo que ellos necesitan es mucho más lento que nuestro ritmo de vida. A pesar de las heridas, seguimos hacia delante sin parar, con tanta prisa que no podemos mantener el paso de reparación o sanación necesario y perdemos Poder Personal.
El resultado de esto es que, con los años, vamos dejando partes de nosotros mismos y nuestra alma en antiguas parejas, antiguos amigos, antiguos proyectos y sueños a los que, durante un tiempo amamos sinceramente y de los que nos hemos separado de modo doloroso.
En estas roturas, tu corazón se parte y tu alma también y, una parte de ti, se queda en ese sueño junto a esa persona o en ese lugar. Poco a poco te vas sintiendo vacío y sin fuerza, estás fragmentado. Cuando te sientes así es el momento de parar. De mirar hacia atrás y recuperar los tesoros que se perdieron abandonados por el camino. Sin ellos, proseguir es vivir fragmentado y sin fuerza. Es vivir con el alma rota. Es tan importante parar e ir despacio…

4. Entregar el poder a los demás.

Estamos completamente desenfocados. Algunos lo sabemos, pero no todos cambiamos nuestro punto de atención. Atendemos la demanda de una gran cantidad de personas que nos dicen cómo debemos dirigir nuestra vida, qué debemos hacer, cómo demos pensar, sentir, trabajar, vestir, comer, etc.
De este modo, dejamos en manos de los demás y de nuestro ego la dirección de nuestra vida. Nos dejamos poseer y convencer. Olvidamos completamente escucharnos a nosotros mismos en profundidad, renunciamos a escuchar nuestra voz interior, nuestra intuición, y si la oímos muchas veces, renunciamos a hacerle caso. La debilitamos omitiendo lo que nos dice y lo ponemos en juicio de nuestra mente y de las opiniones externas.
No permitimos el silencio y la quietud necesarias para que este diálogo interno sincero se dé. Tememos encontrar algo dentro de nosotros que no aprueban los demás. Tenemos miedo a la contradicción interna y a la desaprobación externa. Y este miedo y el deseo de pertenecer nos hacen renunciar a muchas cosas que elegiríamos distinto: callamos y cambiamos decisiones, opiniones, pensamientos. Renunciamos a momentos, a personas y a decisiones de vida. Algunas pequeñas y algunas de ellas muy grandes.
Convertimos a todo el mundo en nuestro juez, les damos el poder de conducir nuestra vida a través de la necesidad de aprobación. Este modo de vivir y estar hacia fuera permanentemente, de renunciar a nosotros mismos, sin escuchar qué nos sucede, qué soñamos, qué opinamos… nos debilita. Hace mucho tiempo yo también llegué a ese punto de renunciar a mí misma en tantas ocasiones que no sabía ni quién era. No podía reconocerme, me sentí muy débil, perdida y sin nada de Poder Personal.


Tu Poder Personal es tu fuerza vital, la seguridad en ti mismo, la energía que te nutre de capacidad de ser quien eres, que te da la fuerza de expresar tu autenticidad y crear tu propia vida. Tu Poder Personal habita dentro de ti, puedes estar completamente segura y seguro de ello, ¡ve a por él!
Olga Gil Frigola / Ciencia Interior

lunes, 17 de octubre de 2016

El progreso emocional


A lo largo de nuestra vida es fundamental buscar el crecimiento y el progreso emocional. Si no procuramos crecer día con día las consecuencias para nuestro futuro serán muy dolorosas. Para Bion, el progreso emocional se da gracias a la capacidad de la mente para asumir la verdad. Mientras más abiertos estemos a reconocer nuestra propia verdad tendremos mayores posibilidades para crecer.
La verdad nutre: a las relaciones, a la calidad de nuestra vida.
La mentira envenena: las relaciones y la calidad de nuestra vida.
Cuando sabes que una persona te miente pierdes toda la confianza en ella. Aristóteles decía: “todos los hombres desean por naturaleza saber”. Es bien cierto que la aceptación de nuestra realidad siempre nos es conveniente. Desde el conocimiento de mi realidad estoy en condiciones de mejorar, de reparar, de prevenir. Sólo puedo decidir hacer algo bueno con mi vida a partir del conocimiento de mi realidad.
Un criterio para saber cuál es mi realidad es el de sentir dolor, temor, vergüenza o miedo de admitirla. Sí es así, tenlo por seguro, esa es la verdad. Mentirte a ti mismo te conduce a la angustia, a la confusión y al vacío. Vivimos en una época en la que parece muy fácil mentir: una tarjeta de crédito puede darte la posibilidad de engañarte sobre tus posibilidades reales de compra, una cirugía plástica puede contribuir a engañarte sobre tu edad, una droga colabora en el olvido de tus responsabilidades. Perderse en el consumismo y olvidar lo importante de la vida parece un camino fácil.
Sea esta una invitación a decirte la verdad: sobre tu relación de pareja, tus relaciones con tus hijos y sus problemas, tu situación económica, tu estado de salud y especialmente lo que estás haciendo día a día con tu vida.

Psicología/Rocío Arocha
https://rocioarocha.com

La motivación

  La motivación es el motivo de la acción. Es el empuje, el motor, la chispa que enciende un proceso.  Es la carga de sentido que aportamos a algo, el pistoletazo de salida, la materialización de un anhelo.
La motivación permite movilizarnos, dar un recorrido a nuestros pasos, resaltar el colorido de lo que queremos. Es lo que nos motiva a persistir, a no desfallecer, a extraer un ápice remoto de energías para, en momentos difíciles, completar aquello que habíamos planificado.

    Sin motivo no hay un arranque. Sin acción no hay un recorrido transitado. La motivación unidireccionaliza nuestro impulso a alcanzar algo, nos despierta potencias que tenemos en latencia y desempeña el papel activo de nuestro ánimo.

    Sin motivación lo noblemente deseado se convierte en prosa, una imagen en blanco y negro, y un camino de barro en el que no tenemos fuerzas para dar el siguiente paso. La ausencia de motivación deja paso al tedio, a la inercia, la desidia, el desinterés y el abatimiento. Su poder es inmenso, pero también su fragilidad, porque en muchos casos, al igual que un hoja a merced del viento, ésta se tambalea perdiéndose en el confuso vendaval de las circunstancias.

    La motivación debe estar construida sobre los cimientos de cierta fortaleza, de cierto sentido de equilibrio ante las adversidades que puedan alcanzarla. La motivación no debe ser confundida por el entusiasmo febril o el impulso desorbitado, que suele ser lo más caracterizado cuando se comienzan a poner los medios si queremos alcanzar o conseguir algo. La motivación debe estar dosificada, presta y almacenada en nuestra idea consciente de lo propuesto, o en lo que estamos interesados. Sin una dosis de motivación nuestro interior puede estar rellenado de desgana, apatía, pereza y un estado de mecanicidad por falta de un cierto interés, en muchos casos más que necesario para comprender la necesidad de un cierto esfuerzo en todo aquello que hayamos emprendido.



Se debe robustecer la motivación, rellenarlo de sentido y decorarlo con el anhelo de lo consecutivo. Ante la desmotivación debemos chequear nuestros estados anímicos, nuestras proyecciones si son o no ajustadas a la realidad, nuestras capacidades al margen de lo deseado, y cómo no, nuestro control interior para no hacer de la motivación un arma camuflada del ego. A veces, lo que creemos que es motivación no es más que un estado en el que nos embauca nuestro ego, para indicarnos un atajo y conseguir así su alimento. En ese canto de sirena vemos lo que queremos ver, en vez de mirar lo que de verdad hay que ver. El ego pierde  la capacidad de ir de la mano de la motivación en su camino presente, se pone por delante, anticipa notorios honores y reviste la meta de galardones que no son fiables. Entonces la motivación está al servicio de un crecimiento egocéntrico más que de un desarrollo saludable del ser.

    La diferencia estriba en la capacidad de disfrutar cada instante, con motivación, eso sí, con cierta visualización de lo que queremos e incluso de lo que esperamos, eso también, con consciencia de un anhelo que ha germinado en nosotros pero eliminando esa sed de alcanzar objetivos impulsivamente y, haciendo de los mismos, una identificación de nuestra verdadera identidad. Somos más que eso, somos más de lo que podamos llegar a tener o alcanzar, porque no somos en función de a dónde lleguemos, sino que somos en función de la capacidad de disfrutar en donde estamos, porque en esa plenitud se manifiesta nuestra esencia desnuda de ropajes meritorios.


 La motivación debe ser regada, con propósitos nobles, sin dañar a nadie, sin alcanzar algo a base de fricciones. El motivo de nuestra acción debe ser una llama que nos dé calidez a nuestro espíritu, comprensión y calma a nuestra mente. Porque con agitación y ansia nos perdemos la connotación de nuestros pasos, perdiéndonos sólo en la meta, cuando ésta es en sí el camino. En él está lo transformativo, lo que realmente es sustancioso. La meta sirve para no perder de vista adónde nos queremos aproximar, sólo eso. Es un punto que delimita un plan trazado, un punto que no tiene más carga de cualidad de lo que pueda tener el camino que nos acerque al mismo. La meta no debería ser lo que más nos motive, porque tan sólo cierra un tramo ubicándose en una demarcación. El camino en cambio es más rico, cada paso encierra una lección, cada tropiezo guarda un aprendizaje, cada caída nos recuerda de cerca que es lo que realmente nos posibilita sustentar nuestros pasos.

    No caigamos en triunfalismos respecto a la motivación. Vaciémonos por completo para que ésta nos inunde dejando atrás todo tipo de miedos y de inseguridades.

   Como dice una antigua frase: ¨ ¡Vayamos aunque no lleguemos!¨. Porque el simple hecho de querer ir, ya es una meta conquistada.



http://raulsantoscaballero.blogspot.com.ar/

domingo, 16 de octubre de 2016

LA FORMA DE DESCANSAR


Tu cansancio tiene su dignidad.
No hay vergüenza en admitir
que no se puede seguir.
Tu has estado viajando largo tiempo
desde las estrellas.
Incluso el valiente tiene necesidad de descansar.

- Jeff Foster

Cuando el corazón se siente un poco cerrado ...

Cuando te sientes solo, desconectado, separado, como si no fueras parte de este mundo, y las cosas que te trajeron alegría ayer parecen tan lejanas...

Quiero que sepas que tu sigues siendo precioso, siendo un movimiento sorprendente de la creación.

Trae tu atención al aquí y ahora. El pasado y el futuro no son tu hogar.
Siente curiosidad por tu cuerpo. Siente su peso, su calor.
¿Por qué algunas partes de tu cuerpo se sienten apretados, presionados, pesados, cariño? ¿Hay una falta de vida, una sensación de constricción en alguna parte? ¿Por qué algunas partes de tu cuerpo se sienten espaciosas, luz, hormigueo? ¿Hay una sensación de vacío en el vientre? ¿Una opresión en la garganta? ¿Cuál es la calidad de tu respiración? ¿Qué sonidos escuchas a tu alrededor ahora? ¿Puedes volverte curioso acerca de este momento, esta escena presente en la película de tu vida? ¿Puedes ser testigo de ella, sin juzgar o tratar de cambiarla?
¿Puede este momento ser de la manera que es?

¿Y si no puedes hacerlo, puede ser eso, también? ¿Puede tu resistencia al momento permitirse también?
¿Todo puede ocupar un lugar, aquí? ¿El dolor, la soledad, el cansancio, incluso la desesperación?
¿Puede que todo se hace en el momento, la forma en que una madre sostiene a su recién nacido?

¿Puede estar bien el no estar bien?

Tal vez nada va mal. Tal vez no hay ningún error aquí. Tal vez la historia que la mente ha construido sobre la vida es sólo eso, una historia.

Tal vez no se supone que lo sabrás, nunca.

Tal vez a veces el corazón tiene que cerrarse para que recuerdes la dulzura de su reapertura.

Tal vez tu estás más vivo de lo que nunca creíste posible

Jeff Foster