miércoles, 11 de octubre de 2017

Silencio y sueño: Las 2 necesidades básicas de la mente que se han vuelto lujos


 Si miramos al pasado, nos daremos cuenta de que vivimos en un mundo de lujos. Tenemos cosas que nos facilitan la vida que nuestros bisabuelos ni siquiera podían imaginar. Y la industria se las ingenia para producir cada vez más cosas, que prometen facilitarnos aún más la vida, hacernos más felices y exitosos. Bombardeados por ese frenesí de estímulos, es fácil olvidar y descuidar las cosas más esenciales y necesarias de la vida, como el silencio y el sueño, dos necesidades de la mente que se están convirtiendo en lujos.


La mercantilización del sueño


En el imaginario colectivo se ha asentado la idea de que dormir poco es digno de admiración y una señal de éxito puesto que significa que esa persona está muy ocupada, probablemente transformando su tiempo en dinero. Cuando nos encontramos con alguien y nos dice que no tiene ni un minuto libre, asumimos que se trata de una persona "exitosa". Este fenómeno ha alcanzado un nivel tal que en Tokio se practica lo que se conoce como inemuri, que significa literalmente “estar presente mientras dormimos”.

Esa práctica surgió a finales de los años '80, en medio de la burbuja económica que estaba convirtiendo a Japón una gran potencia. Entonces los japoneses llevaban una vida laboral tan activa que no tenían tiempo para dormir. Las personas de negocios tenían jornadas de 24 horas, por lo que comenzaron a practicar el inemuri donde pudieran, en el transporte público o en el trabajo, solo para darle un pequeño descanso a su mente mientras aprovechaban al máximo su tiempo.


Sin embargo, a medida que los científicos comprenden mejor qué ocurre durante el sueño, alertan de que es imprescindible para nuestra salud física y emocional. Durante el sueño nuestro cerebro reprocesa las experiencias que hemos vivido durante el día, las reorganiza en la memoria y les resta parte de su impacto emocional, lo cual nos permite levantarnos al día siguiente con una perspectiva más objetiva y la mente más fresca. 

También se ha apreciado que durante el sueño el cerebro se deshace de las sustancias de deshecho de su metabolismo, esas mismas sustancias que se han relacionado con la aparición de enfermedades neurodegenerativas como las demencias. Por eso, podemos afirmar que dormir poco y mal encoge y envenena nuestro cerebro, literalmente.
La industria lo sabe, por lo que ya estén apareciendo empresas que mercantilizan el sueño. Existen compañías que cuentan con salones de siesta para que sus empleados puedan descansar sin salir de la oficina. Y en las grandes urbes se abren centros conocidos como “retiros del sueño”, como Siesta&Go que ya se encuentra presente en más de cinco grandes capitales del mundo, donde los ocupados trabajadores pagan por horas para poder echar una siesta.


También están surgiendo nuevas aplicaciones que nos prometen ayudarnos a dormir, hay colchones inteligentes que nos “aseguran” un sueño reparador y hasta se han creado máscaras para dormir que monitorizan las ondas cerebrales y estados REM.

El problema es que todos estos inventos se venden como una ventaja para mejorar nuestro desempeño y ser más eficaces en el trabajo. Así se cierra un círculo vicioso: la tecnología y el estilo de vida que nos han arrebatado el sueño nos venden tecnología para que consigamos dormir en aras de seguir manteniendo el mismo estilo de vida. ¡Es insensato! Sobre todo porque para dormir mejor solo sería necesario aprender a desconectar.

Debemos recordar que dormir mal, que no significa solo dormir poco sino en un entorno ruidoso que provoca despertares continuos, equivale a apilar un fardo de enfermedades, estrés y mal humor. Algunas personas serán más resistentes que otras, pero si no le das a tu sueño la importancia que merece, acabará costándote muy caro en términos de salud.

La tendencia a priorizar el dinero sobre la salud, pensando que este puede resolverlo todo es uno de los peores errores que podemos cometer en la vida. Nos hemos deshecho del sueño a favor de otros sueños: el sueño del éxito, el sueño de tener más cosas, el sueño de ser mejores… Y no estoy segura de que salgamos ganando en ese cambio.

¿Cómo nos robaron el silencio?


Nuestro mundo se rige por la economía, nos guste o no. Por eso se piensa que lo fundamental es generar más ingresos, aunque eso no significa necesariamente generar más prosperidad. Sin embargo, en el afán de producir más ganancias, hemos atiborrado nuestros espacios de objetos ruidosos y de tecnología que perturba los ciclos naturales de sueño y vigilia. Así el silencio también se ha convertido en un producto de lujo.

Desde siempre, el silencio ha sido valuado y el ruido aborrecido. Hace mucho tiempo, en Síbari, se obligaba a los artesanos cuya profesión era ruidosa a vivir fuera de los muros de la ciudad. Sin embargo, hoy vivimos y trabajamos en ciudades ruidosas llenas de objetos que, obviamente, dejan una huella sonora.

Mientras tanto, la industria se encarga de hacer del silencio su mayor reclamo vendiéndonos electrodomésticos silenciosos a precios casi prohibitivos que solo puedes pagar a costa de dormir menos para trabajar más. American Airlines, por ejemplo, comercializa su "Admirals Club" realizando una asociación entre el lujo, el éxito y el silencio: "Acceda a nuestros salones Admirals Club, un oasis de paz lejos del ajetreo del aeropuerto. Relájese en un ambiente tranquilo y sofisticado". Y no son los únicos, Finlandia, por ejemplo, se publicita como un destino de turismo silencioso.


Sin embargo, al igual que el sueño, nuestra mente necesita el silencio. Numerosos estudios han demostrado que las personas que viven en lugares ruidosos o tienen trabajos donde están expuestos a un nivel elevado de decibelios tienen más problemas de salud, un mayor riesgo de desarrollar hipertensión, problemas del corazón y trastornos psicológicos. Por otra parte, se ha apreciado que el silencio promueve el crecimiento de nuevas neuronas y genera un estado de relajación que es muy beneficioso tanto a nivel físico como mental.

El silencio también es fundamental para crecer, la paz y la relajación son esenciales para el funcionamiento correcto de la mente. Según el budismo, el estado natural de la mente emerge cuando se cultiva el silencio mientras que el ruido y la agitación nos aleja de nosotros mismos. Paradójicamente, el silencio también puede asustar puesto que nos anima a conectar con nosotros mismos, y esa es la razón por la que muchas personas encienden el televisor o escuchan música constantemente, para escapar del silencio y de sí mismas.

Sin embargo, cuando aprendes a entrar en esa “zona de silencio”, te darás cuenta de que es una fuente no solo de descanso sino también de concentración y actividad sin esfuerzo, facilita el Wu Wei. El silencio interno te permite observar los fenómenos sin identificarte con ellos, por lo que es ideal para aprender a disfrutar del aquí y ahora, te ayuda a conectar mejor contigo mismo y con el mundo que te rodea.

Psicología/Jennifer Delgado
https://www.rinconpsicologia.com

Fuentes:
Lee, H. et. Al. (2015) The Effect of Body Posture on Brain Glymphatic Transport. The Journal of Neuroscience; 35(31): 11034-11044.
Kirste, I. et. Al. (2015) Is silence golden? Effects of auditory stimuli and their absence on adult hippocampal neurogénesis. Brain, Structure and Function; 220(2): 1221–1228.
Benedict C et al. (2014) Acute sleep deprivation increases serum levels of neuron-specific enolase (NSE) and S100 calcium binding protein B (S-100B) in healthy young men. Sleep; 37(1):195-198.
Münzel, T. et. Al. (2014) Cardiovascular effects of environmental noise exposure. European Heart Journal; 829-836.
Hansell, A. et. Al. (2013) Aircraft noise and cardiovascular disease near Heathrow airport in London: small area study. BMJ; 347.
Steger, B. (2006) Sleeping through Class to Success. Japanese notions of time and diligence. Time & Society; 15(2-3): 197 – 214.

martes, 10 de octubre de 2017

La parábola zen que nos muestra cómo hacemos una tormenta en un vaso de agua


Se dice que en su recorrido por la India, Buda estuvo en la ciudad de Rajgir. Atraídos por su fama, 500 brahmanes se reunieron para pedirle que les explicara el camino a la iluminación. Buda, que normalmente explicaba sus enseñanzas a través de parábolas, les contó 100 sūtras, este es uno de ellos.

“Hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo, vivía un hombre que tenía un rebaño compuesto por 250 vacas. Aquel hombre se sentía muy orgulloso de su ganado y se preocupaba de su bienestar.

Se aseguraba de que pudieran pastar en libertad todos los días y de que el establo fuera suficientemente confortable. La leche que obtenía era de excelente calidad y todos lo alababan por ello. Todo marchaba viento en popa, no podía pedirle más a la vida.

Sin embargo, un día, una manada de lobos famélicos atacó a una de las vacas y se la comieron.

Al caer la noche, cuando el hombre hizo el recuento de su ganado, se dio cuenta de que faltaba una vaca. 

Entonces pensó: “¡Qué desgracia! Mi rebaño está incompleto”.

Con el paso de los días comenzó a desatender al resto de las vacas.

Solo pensaba: “¿Por qué ha tenido que pasarme justo a mí? ¿Qué sentido tiene tener todas estas otras vacas?”

Con aquella idea en mente, obsesionado con la muerte de una de sus vacas y pensando que ya nada volvería a ser como antes, condujo al resto del ganado hasta acantilado, a la muerte”.
Aunque esta historia puede parecernos inverosímil, hasta el punto de rayar en la locura, lo cierto es que en muchas ocasiones nos comportamos como el hombre de la historia. Y como resultado, nos convertimos en los artífices de nuestra verdadera desgracia, maximizando un problema que podría haber sido pequeño en comparación con el que nosotros mismos hemos causado. En otras palabras: hacemos una tormenta en un vaso de agua.

¿Por qué nos centramos en lo negativo?


Algunas personas asumen la adversidad desde una perspectiva más positiva, pero la mayoría se centra más en los sucesos negativos y los recuerda con más detalles. De hecho, se ha apreciado que nuestro cerebro procesa de manera relativamente diferente la información positiva y la negativa.

Las emociones negativas generalmente implican un pensamiento más profundo, por lo que la información se suele procesar más a fondo que las situaciones que generan vivencias positivas. Como regla general, rumiamos mucho más los acontecimientos desagradables que los sucesos felices. Las emociones negativas, los sucesos dolorosos y los comentarios desagradables tienen un mayor impacto que los buenos. Además, las malas impresiones y los estereotipos negativos se forman más rápido y son más resistentes al cambio que los buenos.

Lo demuestra fehacientemente un experimento realizado en la Universidad Carnegie Mellon. Los participantes ganaron o perdieron la misma cantidad de dinero, pero la angustia experimentada por la pérdida era mucho mayor que la alegría que acompañó la ganancia. Por si fuera poco, también se apreció que los sucesos negativos son más resistentes en la memoria que los buenos.

Todo parece indicar que nuestra tendencia a centrarnos en lo negativo se debe a que intentamos recopilar la mayor cantidad de detalles posibles sobre lo sucedido para evitar ese sufrimiento en el futuro. Sin embargo, si no somos capaces de pasar página suficientemente rápido, podemos caer en nuestra propia trampa y condenarnos a la infelicidad que pretendemos evitar zambulléndonos en un círculo vicioso de rumiación.

Cinco señales que indican que estamos perdiendo la perspectiva


Nos comportamos como el personaje de la historia cada vez que:

1. Nos centramos exclusivamente en la pérdida y no somos capaces de ver las posibilidades que aún tenemos a nuestro favor.

2. Dejamos que nos inunde la negatividad, de manera que terminamos viendo el mundo bajo un prisma gris.

3. Pensamos que el dolor, la angustia y el sufrimiento que experimentamos por un suceso jamás pasarán.

4. Creamos una tormenta en un vaso de agua, convirtiendo un pequeño problema en un drama.

5. Tomamos nota exclusivamente de los sucesos que confirman nuestra visión negativa de los hechos, descartando el resto.


¿Cómo evitar hacer una tormenta en un vaso de agua?


Para evitar comportarnos como el personaje de la historia, haciendo una tormenta en un vaso de agua, necesitamos actuar en tres niveles: emocional, racional y conductual.
1. Toma nota de tus emociones. Intentar esconder o reprimir las emociones no sirve de nada. En su lugar debemos tomar nota de ellas, llamarlas por su nombre y, sobre todo, ser conscientes de su impacto sobre nosotros. No siempre es fácil ya que a veces podemos negar que nos sentimos enfadados o tristes simplemente porque nos han dicho desde pequeños que no debemos reaccionar así.

Queremos creer que somos fuertes y que tenemos el control, por lo que pensamos que reconocer esas emociones nos convierte en personas más débiles. ¡Es justo lo contrario! Hasta que no reconozcamos cómo nos sentimos seguiremos estando controlados por las emociones. Todas las emociones son válidas y no debemos juzgarlas, tan solo reconocerlas y comprender su impacto.

2. Cambia tus pensamientos.
 El segundo paso consiste en redirigir el pensamiento hacia las potencialidades, en vez de centrarnos exclusivamente en la pérdida. Es cierto que cuando atravesamos malos momentos es difícil ver lo positivo, por eso es importante salir de nuestra perspectiva.

Imagina que eres otra persona, quizá ese amigo que siempre te da buenos consejos y te ayuda a salir de los malos momentos: ¿Qué te diría? 

Lo más importante es que identifiquemos cada pensamiento desadaptativo que añade más leña al fuego, generalmente se trata de generalizaciones erróneas, como pensar "todo va a salir mal" o "nunca podré superarlo". Luego debemos colocar en su lugar pensamientos más objetivos y realistas. Por supuesto, no se trata de abrazar un optimismo tóxico, sino de encontrar un saludable punto medio.

3. Actúa en consecuencia.
 En tercer lugar, es fundamental cerciorarnos de que estamos dando los pasos en la dirección correcta. Para salir de cualquier situación difícil es necesario actuar, no quedarnos bloqueados en el sufrimiento.

Una de las frases budistas más interesantes nos enseña que "un viaje de mil millas empieza con el primer paso". Lo que sucede es que a menudo nos da miedo dar ese paso, porque aunque no queramos reconocerlo, nos sentimos más cómodos y seguros en el sufrimiento que lanzándonos a lo desconocido. Tampoco es necesario agobiarse, basta dar pequeños pasos que nos alejen de la situación que genere el malestar, pequeños pasos que no generen una gran dosis de ansiedad.
Psicología/Jennifer Delgado
https://www.rinconpsicologia.com

Fuente:
Zhang, L. & Baumeister, R. F. (2006) Your money or your self-esteem: threatened egotism promotes costly entrapment in losing endeavors. Pers Soc Psychol Bull; 32(7): 881-893.

lunes, 9 de octubre de 2017

Adelgazar con cerebro

Si el trabajo absorbe la mente, el cuerpo absorbe las grasas. Muchas personas se “drogan” con trabajo, y sin darse cuenta acumulan kilos y kilos de ansiedad. Es un mecanismo de doble dependencia: el alimento llena el cuerpo, el trabajo ocupa la mente. La solución es empezar a crear espacios “vacíos” para empezar a llenar con plenitud real. Sin intervenciones quirúrgicas ni dietas.


El aumento o la pérdida de peso es un asunto muy interesante y fuertemente investigado en Mindfulness. Cuando aumentamos de peso, estamos acumulando energía que no está canalizada en la justa dirección, y nos alejamos más y más de nuestra auténtica realización. Los kilos son el depósito de energía que no hemos puesto al servicio de nosotros mismos, de todas las virtudes que no podemos practicar, nuestras habilidades secretas. En definitiva, la obesidad indica en realidad que no nos estamos ocupando de nosotros mismos, que le estamos dando más importancia al otro, quizás al trabajo. Debemos verificar si las opciones que creemos estar haciendo desde nuestra mente están en realidad en consonancia con la matriz del inconsciente. Si el peso que tenemos que pagar es el sobrepeso de la obesidad, debemos tomar conciencia de que nuestro mundo interno está haciendo algo urgente para ponernos en sintonía con nosotros mismos.

Es erróneo creer que el problema es la comida

No es ese el caso; esta interpretación es un engaño de la mente que te llevará a no resolver o a considerar soluciones drásticas como es la cirugía, dietas, etc. Devorar porciones exageradas de chocolate, levantarte por la noche cuando nadie te ve a comer, no es el problema; el problema es que “ya no te estás ocupando con cariño de ti”. Quizás tienes el trabajo que querías, pero has inmolado tu parte emocional, y el peso te está absorbiendo. En esa franja tan estrecha que has construido para el placer, el alimento ha sido la única isla primitiva a la que aferrarte. Es un mecanismo arcaico y primitivo (en el sentido más psicológico y no moral) con el propio cuerpo, que te está avisando de que has superado ya los límites. Por tanto, debes hacer una reflexión y pasar a dar un uso más inteligente de tu energía.
Tienes que poner las cosas en su punto justo. No te debes inmolar por el trabajo, o por el triunfo, ni porque tu pareja te ha dejado; porque el problema no es el trabajo, ni el éxito ni la pareja, es que has dejado de pensar en ti. No te dejes engañar más por la mente. Ni poco, ni mucho, ni nada: empieza ya a darte un pequeño espacio semanal para hacer un poco de ejercicio. Ve a la piscina, camina, haz yoga. También puede ser un masaje, o un paseo por el bosque y ve observando los efectos sobre ti mismo. En cualquier caso, empieza por ocuparte de ti mismo. El auténtico fármaco que produce efectos adelgazantes de larga duración se llama serotonina, y está en tu cerebro.
¿Cuáles son las cosas bonitas que te gusta hacer y no haces? Empieza a encontrarte a ti mismo. Intenta ver cuándo empezó todo, ¿Qué fue lo que dejaste? ¿A qué le has dado la energía que te falta? No se trata de encontrar una razón externa a la que culpar; más bien empezar a ser consciente de la cadena de eventos que te llevaron a donde ahora te encuentras.

Koncha Pinós-Pey para Espacio MIMIND.

http://www.yogaenred.com