martes, 29 de agosto de 2017

7 tipos de personas manipuladoras que pueden arruinarte la vida sin que te des cuenta


Personas manipuladoras podemos encontrarlas por doquier. De hecho, incluso es probable que nosotros mismos en alguna que otra ocasión hayamos recurrido a tácticas de manipulación emocional, de manera consciente o sin darnos cuenta. Sin embargo, las personas manipuladoras convierten este “juego emocional” en su forma habitual de relacionarse con los demás, para sacar provecho constantemente a costa del equilibrio psicológico de sus víctimas. 

La manipulación emocional consiste en controlar a alguien jugando con sus sentimientos y emociones, generalmente dañando su autoestima y autoconfianza. La táctica común de las personas manipuladoras consiste en hacer que su víctima dude de sí misma, para tomar el control y sacarle provecho a la situación.

Sin embargo, resulta difícil reconocer a las personas manipuladoras porque generalmente se trata de seres queridos con quienes mantenemos un profundo vínculo afectivo. Por otra parte, a menudo usan técnicas de manipulación emocional muy sofisticadas y sutiles que nos hacen dudar de nosotros mismos e incluso pueden hacer que pensemos que somos el "malo de la película".

Personas manipuladoras con las que debes tener mucho cuidado


1. El fanfarrón encubierto

La táctica de esta persona manipuladora consiste en hacernos sentir mal o inferiores de manera encubierta. Esta persona comprende que está mal visto vanagloriarse de sus logros porque los demás le tacharán inmediatamente de engreído. Entonces adopta una estrategia más sutil: se lamenta por sus logros, haciéndonos sentir mal porque estamos muy por debajo de su nivel.

El fanfarrón encubierto jamás nos dirá directamente que tenemos algunos kilos de más, pero se quejará de que no puede entrar en la talla “M” cuando nosotros usamos una “L” o incluso una “XL”. Es la persona que se lamenta porque no puede correr más de 30 kilómetros cuando sabe perfectamente que solo podemos correr 5 kilómetros antes de quedarnos exhaustos.

El fanfarrón encubierto usará su técnica en todas las esferas de la vida, se comparará sutilmente con nosotros para hacer patente que no estamos a su altura y que debemos sentirnos muy mal por ello. De esta forma también se erige como una especie de ídolo a seguir, para que nos pongamos a su disposición y satisfagamos sus deseos.

2. El plantador de ideas 

Estas personas manipuladoras usan una táctica muy sutil: nos presionan con ideas socialmente aceptadas y bien vistas para que estemos de acuerdo con sus puntos de vista y decisiones.

Generalmente su discurso comienza con frases como: "Estoy seguro de que estarás de acuerdo con..." o "No puedes negar que...". Por ejemplo, pueden decir: “Estarás de acuerdo con que un buen hijo cuida de su madre”. Se trata de generalizaciones que reflejan valores positivos pero que, sin duda alguna, tienen muchos matices y pueden variar de un caso a otro. Sin embargo, al presentarlas de esta forma nos ponen en una situación difícil ya que tendríamos que decir: “no, no estoy de acuerdo con lo que dices”.

De hecho, su táctica de manipulación consiste en presentar esas ideas como valores aceptados socialmente, de manera que si no los compartimos, nos convertimos automáticamente en malas personas, y ni siquiera nos darán tiempo para argumentar nuestra opinión. Así no solo logran que nos sintamos mal sino que también nos manipulan si no encontramos la fuerza para negar sus afirmaciones.

3. El decepcionado permanente

Cuando queremos a una persona, nos sentiremos mejor si hacemos algo que la enoja que si la decepcionamos. La decepción es un peso difícil de cargar, nos sentimos muy mal cuando sabemos que hemos decepcionado a alguien importante para nosotros y asumimos que somos malas personas por ello.

Este tipo de persona manipuladora lo sabe y juega esa carta a su favor. Por eso, la encontraremos permanentemente decepcionada. Cada vez que hacemos algo que le desagrada o que no satisfacemos sus demandas, esa persona nos hará saber cuán decepcionada está. El problema es que la sensación de culpa que experimentamos es tan grande que le damos la razón y nos ponemos a su merced.

No nos damos cuenta de que decepcionar a alguien solo significa que no hemos estado a la altura de las expectativas que esa persona tiene para nuestra vida. Decepcionar a alguien significa que esa persona trazó un camino en nuestro lugar y no lo seguimos. en realidad, tenemos todo el derecho del mundo de seguir el camino que elijamos y no debemos sentirnos mal por ello.

4. El victimista crónico

Este tipo de persona manipuladora nos hace sentir en deuda con ella. Nunca se cansa de resaltar todas las desgracias que ha sufrido a lo largo de la vida, por lo que sentimos que por alguna extraña razón que ni siquiera llegamos a entender, le debemos algo.

Dado que cada vez que la encontramos tiene una desgracia nueva que añadir a su larguísimo elenco, no nos sentimos con fuerzas para convertirnos en el “monstruo” que va a añadir un nuevo problema a su vida mientras está pasando por ese mal momento.

El problema es que esa persona aprovechará esa sensación para pedirnos un gran favor y hacer que satisfagamos sus necesidades, incluso a costa de las nuestras. Sin embargo, si nos ponemos a sus pies, no dudará en pasar por encima nuestro para seguirle contando sus desgracias a otros, dejándonos con nuestros propios problemas sin resolver.

5. El oyente selectivo

Cuando estamos inmersos en una discusión, podemos perder la paciencia y decir cosas que no sentimos realmente o de las que nos arrepentimos. Sin embargo, este tipo de persona manipuladora se quedará aferrada a esa frase o actitud, y nos vapuleará con ella hasta el fin de los tiempos.

No importa lo que dijimos antes o después. Tampoco importa el contexto en el que lo dijimos o si intentamos disculparnos y reparar el daño, esa persona utilizará nuestro error para someternos a su voluntad, haciéndonos ver cuánto nos equivocamos y cuán malos somos.

Su estrategia consiste en esperar a que cometamos un error, sacarlo completamente de contexto y usarlo para manipularnos emocionalmente. Esta persona solo se centrará en nuestras equivocaciones porque son las que le permiten alcanzar su objetivo, y todo lo bueno que hagamos simplemente lo borrará. 

6. El mártir

Se trata de uno de los peores tipos de personas manipuladoras porque justifican sus malas acciones y su egoísmo con alguna causa superior. Podría tratarse de una causa religiosa o de algo más terrenal como ser un buen padre o una buena madre. 

Su frase preferida es: “lo hago por tu bien” o “solo estoy intentando ayudarte”, cuando sabemos perfectamente que no es así y que los principales beneficiados serán ellos mismos.

Sin embargo, si se lo hacemos notar, estas personas afirman que no encuentran ningún placer en su comportamiento, pero lo hacen porque es lo correcto. De hecho, pueden llegar a decirnos que esa decisión les duele y les hace sufrir, de ahí que asuman el rol de mártires. Y lo peor de todo es que nos hacen sentir personas horribles porque no somos capaces de apreciar su “sacrificio”.

7. El inquisidor

Esta persona manipuladora utiliza la crítica directa como su arma principal. Su táctica es hacernos sentir que no somos capaces de llevar las riendas de nuestra vida, que no estamos a la altura de la situación y que necesitamos confiar en ella para que todo finalmente se encauce.

Las críticas al inicio son sutiles e indirectas pero con el tiempo serán cada vez más ácidas, socavando profundamente nuestra autoestima. De esta forma va imponiendo su visión de la realidad, sus reglas y sus valores, hasta el punto que terminamos viéndonos a través de sus ojos.

El inquisidor es un auténtico maestro de la manipulación emocional y absolutamente todo lo que hagamos o digamos será usado en nuestra contra porque lo usará para juzgarnos y hacer que quedemos mal parados.

De cualquier manera, no permitas que tomen el control de tu vida. No dejes que te hagan sentir culpable o que juzguen tus decisiones basándose en su propia vara de medir. En ¡Cuidado! Manipulador a la vista, podrás hallar tácticas y estrategias para salir de las redes de la manipulación emocional.


  Psicología/Jennifer Delgado
https://www.rinconpsicologia.com

lunes, 28 de agosto de 2017

Dejar de hablarle a alguien como castigo


Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra”, dijo el periodista y político Georges Clemenceau. Sin duda, el silencio puede decir muchas cosas sin decir nada, pero debemos tener mucho cuidado cuando lo utilizamos porque, en palabras del músico Miles Davis, “el silencio es el ruido más fuerte”.

Muchas personas utilizan el silencio como una herramienta para expresar su enojo, su inconformidad o simplemente para escarmentar a los demás. De esta manera, cuando se enfadan, “castigan” al otro dejándole de hablar. ¿Es una buena estrategia? ¿Qué se esconde realmente detrás de ese tipo de silencio?

¿Por qué algunas personas responden a los conflictos con el silencio?


Ante todo, es importante distinguir entre el silencio que nace del deseo de no discutir más, porque se ha comprendido que el conflicto ha llegado a un punto muerto y no se desea añadir más leña al fuego, y el silencio que se utiliza como espada para castigar o escarmentar al otro. 

La persona que recurre al silencio como castigo generalmente es porque no dispone de otros recursos psicológicos para enfrentar la situación. El silencio es su respuesta por varias razones:

- Cree que su interlocutor no le escucha, que no está abierto a su punto de vista, y utiliza el silencio para “obligar” a escucharle.

- Piensa que su interlocutor debe disculparse por su actitud o palabras, y utiliza el silencio como escarmiento.

- Cree que es inútil hablar del tema porque no se llegará a un acuerdo, de manera que usa el silencio para que el otro se sienta obligado a dar su brazo a torcer.

- Se siente profundamente ofendido, pero no quiere reconocerlo, y utiliza el silencio para que el otro recapacite.

- No desea abordar un tema sensible, por lo que culpa al otro y le castiga con el silencio, para que sea quien cambie.

Sea cual sea la razón, en el fondo este uso del silencio lo que persigue es doblegar al otro, es una especie de castigo a través del cual se culpa a la otra persona y se pone la responsabilidad de la relación en sus manos. Es como decir “no voy a decir nada más, tú verás qué haces, la responsabilidad última es tuya”. 

Esto significa que la persona que calla en realidad no tiene interés en resolver el conflicto mediante el diálogo, sino que tan solo quiere que el otro acepte su punto de vista.


Usar el silencio como castigo implica una actitud manipuladora y agresiva


Usar el silencio como castigo es una actitud infantil que no resuelve nada pues aunque brinda una gratificación egoísta para quien calla, deja un amargo sabor en la boca en su interlocutor y genera cicatrices en la relación. De hecho, poco a poco se instaura una relación de manipulación emocional, donde uno es sometido a través del silencio.

No hay dudas de que el silencio puede tener múltiples significados, pero usarlo como castigo implica una actitud pasivo-agresiva. Es decir, dejar de hablarle a otra persona es una agresión velada. De hecho, en algunos casos este tipo de silencio puede dejar cicatrices más profundas que una agresión verbal directa porque el silencio es un vacío susceptible de cualquier tipo de interpretación.

Debemos recordar que la distancia emocional que impone el silencio no es la mejor manera para resolver los conflictos y acortar las distancias. La comprensión se logra a través del diálogo, no mediante el uso de silencios cortantes que ahondan las diferencias.

Si bien es cierto que en algunos casos el silencio puede funcionar y la otra persona se disculpará y dará su brazo a torcer, en última instancia esta táctica solo generará rencor y problemas ya que el conflicto en realidad no se ha solucionado, solo se ha encubierto.

¿Cómo se siente la persona que sufre el “tratamiento de silencio”?


El silencio puede ser interpretado de muchas formas, pero normalmente lo interpretamos de la peor manera posible. Un metaanálisis realizado en la Universidad de Texas que incluyó los resultados de 74 estudios en los que participaron 14.000 personas llegó a la conclusión de que el silencio suele ser muy destructivo en las relaciones de pareja ya que las personas lo interpretan como una falta de implicación del otro y un intento de someterlos emocionalmente. 

Estos psicólogos apreciaron que el uso del silencio como castigo es común en las parejas y es uno de los factores que conducen al divorcio porque estas personas no solo se sienten menos satisfechas con la relación, sino que además perciben a su pareja más distante emocionalmente.

De hecho, uno de los problemas es que quien recibe el tratamiento silencioso se sentirá cada vez más frustrado por la falta de respuesta e implicación del otro, lo que la relación será cada vez más tirante y se producirán más roces.

La persona que es víctima del tratamiento del silencio se sentirá confundida, frustrada y hasta culpable. Es probable que también se sienta sola e incomprendida. Obviamente, estos sentimientos no contribuyen precisamente a mejorar la relación y solucionar el conflicto, al contrario, crean una brecha cada vez más grande.

Los usos positivos del silencio


A veces es mejor callar, como por ejemplo:

- Cuando estamos demasiado enojados y nos damos cuenta de que podemos decir cosas de las que después nos arrepintamos.

- Cuando nuestro interlocutor está demasiado exaltado y la discusión está degenerando.

- Cuando se utiliza como una pausa en la discusión para que el otro reflexione sobre sus palabras.

La diferencia entre estos usos positivos del silencio y el silencio usado como castigo es que existe respeto hacia el otro y no se pretende doblegar o herir a nadie.

En cualquier caso, es importante asumir que el silencio es un dardo vacío que puede adquirir múltiples significados, por lo que si la otra persona realmente nos importa, lo mejor es decir de manera asertiva lo que pensamos y sentimos. Así no habrá lugar para malentendidos.

De hecho, un estudio realizado en la Universidad de Lovaina comprobó que el silencio no ayuda a que los problemas desaparezcan o los olvidemos, todo lo contrario, refuerza el problema. Estos psicólogos comprobaron que la mejor manera para dejar atrás los conflictos consiste en hablar de ellos.


Psicología/Jennifer Delgado
https://www.rinconpsicologia.com


Fuentes:
Schrodt, P. et. Al. (2014) A Meta-Analytical Review of the Demand/Withdraw Pattern of Interaction and its Associations with Individual, Relational, and Communicative Outcomes. Communication Monographs; 81(1): 28-58.
Stone, C. B. et. Al. (2012) Toward a Science of Silence. The Consequences of Leaving a Memory Unsaid. Perspect Psychol Sci; 7 (1): 39-53

domingo, 27 de agosto de 2017

Inspiramos confianza cuando las acciones secundan nuestras palabras


Inspiramos confianza en los demás cuando las acciones confirman y reiteran las palabras que decimos. “La acción expresa las prioridades” dijo Mahatma Gandhi con tan sencilla agudeza… Las expresa fidedignamente. La acciones son un signo de verdad, de autenticidad. Incluso la falta de acción es también una acción en sí misma.
Las acciones pueden acompañar a las palabras o pueden contradecirlas. Las palabras resultan más confiables si las acompañamos de hechos que señalen en la misma dirección y en el mismo sentido. Hechos que apoyen la veracidad de las frases en las que viajan deseos, promesas, arrepentimientos o intenciones. Los hechos alimentan la confianza y hacen que nos relajemos, que no estemos siempre alerta. Por lo tanto, que la tensión disminuya y que estemos en disposición de disfrutar más de esa relación.
Quizá te sientas identificado con esta parte si eres alguien que confía fácilmente en las personas que son importantes para ti. Cuando confías en ellas, confías en base a una coherencia entre lo que te dicen y lo que hacen por ti. Dejas de pedir fianzas y adelantos, siendo suficientes en sus palabras. De hecho te vendrán a la mente amigos, que incluso no siendo muy expresivos en sus emociones, han demostrado estar ahí, a tu lado en todo momento.

La confianza se da a través de los actos que confirman nuestras palabras

A la vez que también vendrán a tu mente personas en las que confiaste ciegamente por las palabras tan bellas que algún día te dedicaron. Personas aficionadas a las promesas que después demostraron no estar a la altura de lo mismo que prometieron.

Las palabras, si no se acompañan de hechos que las confirmen, son frágiles en el espacio por el que viajan y en la memoria. Dañan la confianza y la van minando hasta que se hace realmente difícil recuperarla. No se puede confiar en quien dice algo y después en su GPS mental marca otra dirección. Tu ausencia de re-acción muestra también lo que priorizas en la vida.
Piensa en esas personas que llenaron tu corazón con bellas y cuidadas palabras. Tan preciosas estas que…¿cómo uno no va querer dejarse mecer en ese vaivén de belleza y esperanza? Uno quiere confiar… uno no busca que le dañen. Las corazas vienen cuando hay mucho daño acumulado, pero nuestra intención genuina es la de querer confiar.

Confiar en el otro nos aporta seguridad y paz mental

La confianza da seguridad a nuestro mundo interno. Una seguridad que el ser humano necesita para no perder la cordura. Necesitamos congruencia. La incongruencia nos desestabiliza, nos vuelve inseguros, y nos hace estar alertas. Por tanto cuando alguien lastima nuestra confianza de manera reiterada hemos de dar nosotros el siguiente paso.
Si no damos valor a nuestra confianza estamos abocados a relaciones en las que nos pisotearán una y otra vez. Si no nos respetamos, no nos respetarán. Por tanto es importante hacer revisión y balance de a quienes estamos ofreciendo este acto tan bello pero a la vez tan frágil, como es el de confiar. A veces se convierte en un auténtico acto de coraje. ¿Te suena?
Busca actos que secunden tus palabras. No regales palabras a la ligera si no estás muy seguro de que realmente dibujan tus verdaderos sentimientos. No las regales tampoco si crees que no estás preparado para actuar. Da valor tú también a tus palabras. Cuando hay coherencia entre lo que dices y haces estás inspirando confianza y seguridad en el otro. Además, evitas esa disonancia cognitiva que pude resultar tan molesta también para el que la practica.
                   ►“El que vive de esperanzas, muere de sentimiento”
                                         -Benjamin Franklin-

Las falsas esperanzas te llenan de aire pero no te alimentan

La confianza y la seguridad son pilares fundamentales en toda relación afectiva importante. Amigos hay muchos, pero AMIGOS en mayúsculas no se cuentan con tanta facilidad. Son estos, los que sabes que se escriben en mayúscula y negrita, porque están a tu lado. Porque sus palabras y sus actos se han encadenado de tal manera que no hay inseguridad posible que aceche vuestra relación. Sabes que si hay dificultades te las contarán antes de traicionar lo que han dicho.

Piénsalo, ¿prefieres seguir viviendo de falsas esperanzas de actos que nunca llegan, de palabras que se evaporan en cuanto dejan de emitirse… o prefieres una verdad a tiempo, aunque dolorosa, pero al fin y al cabo congruente con lo que el otro siente…? Al fin y al cabo es la verdad la que siempre nos muestra el camino auténtico, no las falsas esperanzas con sus engañosos horizontes.

Psicología/Alicia Garrido Martín
https://lamenteesmaravillosa.com