domingo, 20 de agosto de 2017

Si fuiste un niño descuidado estas son algunas señales

Las cicatrices de tu niñez tienen una manera de permanecer con contigo. Si alguien te preguntara si fuiste abandonado emocionalmente cuando eras niño, tu respuesta inmediata podría ser “no”. Pero si profundizas un poco más, comprenderás que tu comportamiento como adulto tiene mucho que ver con tus experiencias como un niño. Por doloroso que pueda ser mirar hacia atrás, el que hayas sido un niño descuidado podría ser la razón detrás de tus acciones de hoy.


Si fuiste un niño descuidado estas son algunas señales

6 señales de que sufriste abandono emocional cuando eras un niño.

1. Te sientes insensible

Sentirse insensible es algo que puede ir y venir. No es una sensación física, es una sensación emocional. De vez en cuando, te sientes apático de todo lo que está sucediendo a tu alrededor. Te das cuenta de que debes sentir alguna emoción, pero nada realmente parece importar. Este tipo de respuesta emocional es una señal de que fuiste emocionalmente descuidado como un niño. Aprendiste a una edad temprana a sofocar tus emociones para que no te lastimen.

2. Rechazas la ayuda de otros

Si no fuiste atendido emocionalmente cuando eras niño, a menudo no tenías ayuda cuando la necesitabas más. Estabas constantemente solo. Este sentimiento puede seguirte hasta la edad adulta. Aprendiste a no ser dependiente de nadie, así que incluso si las cosas son difíciles para ti, te niegas a buscar ayuda de otros.

3. Tienes baja autoestima

Baja autoestima puede estar vinculado a muchas cosas, incluyendo ser emocionalmente descuidado de niño. Cuando eras pequeño, quizás te sentiste como si no valieras el tiempo o el amor de tus padres, porque nunca te prestaron mucha atención. Aunque no es cierto, este sentimiento puede ser difícil de sacudir. Puede traducirse en baja autoestima y baja autoestima a lo largo de tu vida adulta.



4. Sientes que falta algo

Si no te prestaban atención emocional de pequeño, quizás tienes siempre la sensación de que algo falta. Hay un agujero en el interior que dejas abierto para el amor que anhelas de una persona determinada. En el fondo, crees que llenar este espacio finalmente te traerá alegría.

5. Eres un perfeccionista

Cuando un niño es descuidado de atención, puede intentar casi cualquier cosa para obtener la atención de su ser querido. Si has estado buscando esa atención toda su vida, podrías terminar siendo un perfeccionista. Intentas ser perfecto en todo lo que haces, para finalmente ser notado y apreciado.

6. Eres sensible al rechazo

¿Eres sensible al rechazo? Tener miedo al rechazo en tu vida adulta es un signo de rechazo en el pasado. Haber sido un niño descuidado, puede crear un miedo dentro de ti que permanece contigo. Incluso la crítica constructiva te duele, porque sientes que estás siendo atacado y que no eres suficientemente bueno.

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sábado, 19 de agosto de 2017

¿Cuáles son los efectos de la tristeza en tu cuerpo?

Aunque nos pueda parecer que la tristeza es la antesala del fin del mundo, lo cierto es que a veces es necesaria y llorar nos ayuda a liberar tensiones.




¿Ha habido momentos en los que te has sentido decaído y sufrido un momento de tristeza? ¿Alguna vez has sentido el dolor de ser rechazado? ¿Esa punzada cuando sufres un mal de amor?
Es difícil decidir si la tristeza realmente te hará más fuerte o si terminará debilitándote de manera progresiva.
Lo que sí es cierto es que puede alterar los niveles de estrés en tu cerebro y esto puede llevarte a sufrir muchas enfermedades.
Aquí te explicaremos cuáles son los efectos de la tristeza.

Del cerebro al cuerpo



Cuando te sientes decaído, los circuitos cerebrales del dolor físico y emocional se solapan.
Esto no solo ocurre en las áreas cerebrales relacionadas con el componente puramente afectivo del dolor, sino también en las zonas relacionadas con la percepción somática del mismo.
Pero, ¿por qué ocurre esto? Esto genera un impacto negativo sobre tu cuerpo, sobre todo en el sistema inmunitario que aumentará potencialmente el riesgo de sufrir alguna enfermedad, sobre todo, inflamatoria.

Afecta la percepción de la temperatura

Se ha comprobado que la sensación de tristeza puede aumentar la sensibilidad al frío mientras que la compañía te hace sentir calidez.
Cuando en los experimentos se provoca o invoca una sensación de rechazo y aislamiento, los participantes estiman que la temperatura de la habitación es menor y eligen comer y beber productos calientes.
Esta relación aún va más allá de la simple sensación. La temperatura corporal baja pasado un tiempo experimentado tristeza.

Afecta el apetito


La tristeza también afectará tu apetito, de modo que aumentará el riesgo de que subas de peso y afectará tu presión arterial. El resultado directo es la aparición de la hipertensión y de problemas cardíacos a largo plazo.
Además de lo anterior, disminuye la capacidad de percibir sabores dulces. Esto se debe a que se disminuye el número de receptores que perciben el sabor dulce en la lengua.
Por este motivo, no es raro que al pasar por un momento de tristeza sientas que la comida no tiene sabor.

Aumenta el estrés

La tristeza también afectará la hormona cortisol. Esta es importante en el control de los niveles de azúcar en la sangre, la presión sanguínea y la calidad del sueño.
Todo esto hace que la tristeza sea el estado psicológico más dañino para la salud. Está relacionada con:
  • Cardiopatías
  • Enfermedades pulmonares
  • Enfermedades hepáticas
La depresión, por su parte, puede influir en la aparición del cáncer.
Tanto el estrés como la depresión pueden favorecer la precipitación de una enfermedad y agravarla.
Cuando estás estresado o extremadamente triste, puedes observar cómo nada funciona con regularidad. Tus defensas bajan y el riesgo de caer enfermo aumenta considerablemente.
¿Cuál es la solución? No es el estrés el que causa los problemas del sistema inmunitario, sino la percepción de que no se puede hacer nada para impedirlo.

El cerebro necesita más energía

Suele parecer un poco inusual pensar que el cerebro esté más activo cuando estás triste. Sin embargo, esto pasa porque, durante una época de tristeza, el cerebro trabaja mucho más: se activan más de 70 regiones cerebrales distintas.
¿Cómo es esto? Es sencillo de entender. Mientras estás triste puedes recordar, pensar, sufrir y razonar en busca de soluciones o nuevas alternativas.
Hay quienes, en estas situaciones, apenas duerme.
De ahí que estén activos el hipocampo, la parte frontal del cerebro y los lóbulos temporales. Ten en cuenta que el cerebro utiliza el 20% de toda tu energía pero en las situaciones en que te encuentras triste, trabaja mucho más.
A su vez, se eleva tu necesidad de glucosa para alimentar el cerebro. Esto provoca que sientas ansiedad por comer cosas dulces.

Desarrollas trastornos

Cuando estás triste, disminuye la serotonina y esta disminución afecta en mediano y largo plazo. Puede llegar a provocar:
  • Depresión
  • Obsesiones compulsivas
  • Arranques violentos
Este neurotransmisor está asociado con tu motivación personal, pero tienes que ser fuerte y encontrar en esos momentos de introspección nuevos recursos con los que salir adelante.
Es muy probable que  en estos momentos visites al médico porque no te sientes bien.
El resultado será que las pruebas médicas muestran que tu salud está perfecta. Y es cierto, físicamente está bien, pero anímicamente, no.  

Necesitarás llorar


Llorar quizás te haga sentir mejor. Cuando te sientes triste, tu cerebro acumula demasiada tensión y necesita expulsar esa ansiedad de alguna forma.
El llanto es perfecto para relajarte y liberar todo lo que sientes. Después de hacerlo, empezarás a segregar endorfinas que te harán sentir más relajado.
Por ello, es importante que cuando sientas ganas de llorar, no te resistas. Sácalo y verás como te sentirás liberado.
Algunas personas optan por otras actividades que también ayudan a generar endorfinas, como mantener relaciones sexuales o hacer ejercicio. Estas dos opciones también funcionan y no están mal.
Eso sí, llorar es necesario de vez en cuando.
Los efectos de la tristeza en tu salud pueden ser muy negativos. No siempre puedes sentirte bien pero sí puedes buscar alternativas para aliviar esas tensiones.


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viernes, 18 de agosto de 2017

TAMBIÉN SOMOS LO QUE NO HEMOS SIDO


En mi opinión, y en contra de lo que opinan algunas personas al decir que cada ser humano es la suma de todas sus experiencias vitales, yo opino –en este momento en que escribo- que uno también es la suma de sus pensamientos, emociones, sentimientos, frustraciones, miedos, de lo que no hizo pero pensó hacerlo, y hasta de lo que no ha llegado a ser.

Las experiencias que no llegaron a realizarse, y precisamente por eso de que no llegaron a realizarse, también nos marcan en forma de frustración, de rabia descontrolada, y de depreciación de nuestra propia imagen y autoestima, por eso de no haber sido capaces de realizarlo, o no haber puesto el interés y la voluntad suficiente, o no haber superado cualquier tipo de impedimento que se opusiera.

Esos sueños o ilusiones que se quedaron en el mundo de los sueños o las ilusiones nos enfrentan a nosotros mismos, nos restan algo de nuestro plan de vida, y por eso siempre arrastraremos la sensación de falta de completitud, sobre todo cuando en los malos momentos nos vemos cómo estamos actualmente e idealizamos lo que no fuimos –aunque, posiblemente, de tan utópicos que eran, tampoco los hubiésemos logrado aunque lo hubiésemos intentado-.

Todos nos hemos quedado con sueños y deseos sin cumplir. Eso tal vez ya no tenga remedio. Pero sí que estamos aún a tiempo de hacer realidad otros sueños y deseos. 

De los sueños y deseos sin cumplir no se salva nadie porque, a la hora de imaginar, nuestra mente no encuentra los obstáculos y circunstancias con los que sí se encuentra la realidad.

Las emociones y los sentimientos también forman parte de esas cosas que no hemos “vivido” pero nos han marcado, y en función de cómo hayan sido -o no hayan llegado a ser- también hacen de nosotros unas personas inevitablemente influenciadas por ello, así que no podemos negar su presencia ya que, aunque sea etérea, nos marca de un  modo indeleble.

Los miedos también hacen de nosotros unas personas distintas de cómo seríamos si pudiésemos prescindir de ellos, y si no hubieran torcido alguna de nuestras decisiones, si no nos hubiesen frenado algunos de los pasos que deseábamos dar, si no enturbiasen nuestras ideas escribiendo en ellas la palabra IMPOSIBLE.

También las frustraciones, por supuesto, hicieron y hacen de nosotros personas distintas de la que hubiésemos sido de no haber andado por la vida restringidos de un optimismo o una voluntad que no estuviesen ya pre-marcadas.

Así que somos tanto lo que hicimos como lo que no fuimos, porque la suma de todo ello, más la de nuestros estados de ánimo, esperanzas o desesperanzas, intentos y fracasos, aunque no llegaran a materializarse físicamente, han creado la persona que somos en este momento.

Y somos también –aunque no los hayamos vivido- nuestros proyectos frustrados, la sensación de ser unos fracasados en alguno aspectos, las veces que nos hemos sentido decepcionados y defraudados, inútiles o víctima de alguna represión, o marcados por un pasado que no fue de nuestro agrado, o por habernos criado con carencias emocionales.

Todo nos va construyendo: lo que aporta y lo que resta, lo que enriquece y lo que nos destruye, lo que podemos recordar y lo que es incierto, o sea que también somos lo que no hemos sido.

Sería muy provechoso deshacernos del sentimiento de fracaso personal por aquellas cosas que no realizamos porque eran excesivamente utópicas, porque eran inalcanzables a todas luces, porque no veníamos preparados para acometerlas, o porque nos sucedieron en un momento de inexperiencia… pero se suman a nosotros, y nos forman, cuando en realidad podíamos prescindir de su influencia maléfica y perjudicial.

¿Sabías que también eres lo que no has sido?

Te dejo con tus reflexiones…


Francisco de Sales
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