miércoles, 16 de agosto de 2017

Todo y Yo



En mi opinión, hay una tendencia a la confusión cuando uno decide, consciente o inconscientemente, que va a emprender un Camino de Mejoramiento, un Proceso de Desarrollo Personal, o un acceso al Autoconocimiento, porque se supone que todo eso se pone en marcha a partir de tener una serie de conocimientos que orienten en ese desconocido Camino. Y no es así.

Se piensa –aunque no se piense- que mientras más conocimientos se tengan, mejor será. Y a medida que uno empieza a conocer algo, encuentra relación entre todas las cosas y casi se siente uno en la necesidad de saber un poco de todo lo relacionado con el mundo esotérico, con lo espiritual, la psicología, el interior o lo interior, etc.

Cuando uno está aún en esa etapa es el momento de clarificarse las ideas y tenerlas templadas, para no empacharse de conocimientos inútiles que le descentran a uno y le desvían del Camino.

Parece como si uno olvidara que se está buscando a sí mismo y no todos los conocimientos, porque se empieza a llenar de distracciones del Camino que lleva a uno mismo –al Uno Mismo-, y se siente en la necesidad de ser un pequeño erudito que sabe –por lo menos- un poquito de todo.

Ahí está el peligro: en la distracción.

Hay que recordar y recordarse continuamente que TODO lo que se haga conviene que esté relacionado con uno mismo. 

No se trata de saber astrología, sino de saberse encontrar en la propia carta natal, de averiguar qué información se puede obtener de esa carta que sea útil para el Proceso. 

Está bien saber de psicología, pero no para “curar” a los otros o para darse cuenta de “qué mal están los otros”, sino para verse a sí mismo reflejado en el espejo de la psicología.

Todo aquello que no se relacione con uno, aquello en lo que uno no se encuentre o no se quiera ver, es inútil. Puede ser distracción, desvarío, o alimento para el insaciable y orgulloso ego.

Interesa todo lo relacionado con el Ser, que no son las mismas cosas que le dan satisfacciones al ego.

Es bueno saber que uno mismo es el destinatario de todo lo que uno hace. 

Y es válido buscarse en cualquier disciplina de conocimiento, en cualquier modo o técnica, donde sea que haya ética y verdad, pero sin olvidar que el objetivo único y primordial es uno mismo.

Si no está relacionado o no se relaciona directamente con uno mismo se queda en conocimiento teórico, en una muy posible pérdida de tiempo –que es vida-, en alimento para el engorde del ego que podrá presumir de cuántas cosas es capaz de recordar y en cuántas cosas se ve reconfortado, pero la teoría que no se lleva a la práctica o que no se incorpora en uno mismo es solamente una hipótesis, es aire, son solamente palabras, y sólo aquello que se incorpora a Uno, que se hace Uno, forma parte de Uno.

Desde el punto de vista del Desarrollo Personal no es interesante la liga de baloncesto australiana, ni el modelito que llevó aquella actriz cuando fue a recoger su Óscar, ni cuál es la canción más escuchada este verano, porque nada de eso tiene que ver con el Uno Mismo, con la evolución, con el Crecimiento Personal Particular.

No importa cuál es el sentido de la vida, pero sí importa cuál es el sentido de MI vida. 

No importa si los otros son egoístas, pero sí importa si YO soy egoísta.

Importo YO, pero el YO esencial, y todo aquello que corresponde al Ser Primordial, a la Espiritualidad, o al alma propia. Importa lo que se puede incorporar a UNO MISMO y formar parte de lo que Uno es.

Importan las cosas en las que YO estoy presente, las que están relacionadas conmigo, lo otro y YO, todo y YO.

Y hay que evitar desperdigarse y desperdiciarse.

Conocer, puede conocer cualquiera. Conocerse, es privilegio de dioses.

No permitas que el ego te distraiga, que la tentación de los conocimientos que no son Tu Conocimiento –el conocimiento de ti- te absorba.

Date cuenta de lo que haces: qué haces, por qué lo haces, y para quién lo haces.

Te puedes llevar una sorpresa.

Te dejo con tus reflexiones…


Francisco de Sales
http://buscandome.es

martes, 15 de agosto de 2017

Hay personas que te tocan sin abrazarte y te cuidan sin estar


El amor, la amistad o el cariño de los padres por los hijos van más allá de la piel y los sentidos. Porque lo que es auténtico se sostiene y trasciende como un tendón psíquico, como un flechazo sin flecha, demostrándote que hay personas que te tocan sin abrazarte, y personas que siguen ahí, cuidándote aún sin estar presentes, porque su vínculo sigue siendo irrompible, como el grafeno.
Pensar por un momento que la base de nuestras relaciones humanas y de nuestros afectos se limita en exclusiva a una fórmula química donde se combina la oxitocina, la dopamina y la serotonina puede restar algo de magia al asunto. El maestro Carl Sagan dijo una vez, con gran acierto, que en ocasiones el simple hecho de ver cómo avanza la ciencia dando respuestas a nuestras preguntas más comunes hace a veces que nos sintamos algo insignificantes.
“Finalmente todo se conecta: personas, ideas, objetos… La calidad de las conexiones es la clave para la conexión en sí”
                                                                 Charles Eanes

Por ejemplo, descubrir que vivimos en un pequeñísimo planeta azul de una “triste” estrella perdida, en una galaxia metida en una esquina olvidada de un universo, donde hay a su vez millones y millones de galaxias, puede sin duda desesperanzar un poco. Sin embargo, y aquí se halla lo verdaderamente grandioso del tema, el ser humano es algo más que un conjunto de células, tejidos y neurotransmisores. Somos algo más que un puntito resplandeciente en el vasto océano de eso que llamamos cosmos.
Las personas tenemos la capacidad de conectar los unos con los otros. Lo hacemos como la Luna con los océanos, como los satélites con sus planetas, como los restos de hielo fósil que conforman los anillos de Saturno. Conectamos entre nosotros sin necesidad de tocarnos, mediante esas emociones que nos ayudan y nos guían aún cuando ya no tenemos a algunas personas con nosotros…



El despertar de la conciencia mediante el contacto invisible de las emociones

En los últimos años estamos viendo cómo el siempre interesante tema de los robots y las inteligencias artificiales llenan cada vez más la sección de noticias científicas y también nuestra oferta televisiva. Hace unos meses pudimos reflexionar sobre el tema con la serie “Westworld”.
En ella se nos mostró esa delgada, pero fascinante línea, que en esencia nos hace humanos. Hablamos de la auto-conciencia y de esos procesos cognitivos tan sutiles que poco a poco edifican nuestro concepto de humanidad.
La serie nos mostraba cómo ese despertar a la conciencia de los robots o entidades no-humanas se lograba de dos formas: la primera era accediendo a los propios recuerdos a menudo traumáticos, a ese sustrato donde se hallan las experiencias pasadas que conforman la propia historia.
La segunda clave en este despertar eran las emociones. Los filósofos en realidad describen este proceso como “calidades”. Es decir, gracias a los sentidos somos capaces de captar sensaciones y, poco a poco, las sensaciones generan recuerdos agradables y desagradables.
Sin embargo, pocos elementos o seres tienen una causalidad biológica más rotunda que una emoción. Es como el cincel de un artista creando un rostro. En cada golpe aflora una forma, un trazo, una hermosa silueta. Para los expertos, fueron también las emociones y la conciencia fenoménica lo que hizo “despertar” también a nuestros antepasados ​​para dar forma a las mentes que tenemos hoy, ahí donde la conexión con los demás es el pilar fundamental.
Así, podríamos decir casi sin equivocarnos, que uno de nuestros mayores poderes como seres humanos es poder conectar con los demás emocionalmente. Lo hacemos a menudo mediante la mirada, sin necesidad de tocarnos y mediante esa cámara perfecta que según los científicos tiene 250 megapíxeles de resolución.
Nos basta ese contacto para evocar mil sensaciones, decenas de pensamientos, recuerdos y sensaciones que avivan aún más esa llama que conforma lo que somos: humanos que por encima de cualquier cosa desean ser amados y ofrecer el mismo cariño.

Las personas que nos guían sin estar con nosotros

Sabemos ya que las personas somos el resultado de una precisa ecuación conformada por una conciencia y un mágico tejido emocional. A estos factores deberíamos añadirle un tercero: la memoria. Pasamos gran parte de nuestro tiempo recordando cosas, hechos, eventos, vínculos del pasado, datos alegres y momentos difíciles.
Aquellas personas que no están dispuestas a pequeñas reformas, no estarán nunca en las filas de los hombres que apuestan a cambios trascendentales.
                                                                            Gandhi

En esta moviola que conforma la película de nuestra vida, es común evocar regularmente a esas personas que ya no están con nosotros y que fueron muy significativas en un momento dado. En este tipo de situaciones, tampoco hay contacto a través de los sentidos, son nuevamente las emociones quienes erigen, baldosa a baldosa, ese puente invisible entre nosotros y quien ya no está para dejar que nos guíen a través de los recuerdos, de los momentos vividos, de los consejos dados, de las conversaciones disfrutadas.

Por otro lado, y como dato curioso sobre el que reflexionar, vale la pena traer aquí la controvertida teoría de “la hipótesis de la resonancia mórfica”. Cuando Rupert Sheldrake la publicó en 1981 recibió un sinfín de críticas de la comunidad científica, y que sin embargo, tenía en su esencia un pequeño matiz que se ajusta muy bien a ese tipo de contacto invisible que tenemos las personas entre nosotros y que de algún modo, nos guía y nos determina.
Según el profesor Sheldrake, que haya personas que estén conectadas con otras de forma tan intensa, sin necesidad de contacto físico, se debería más bien a una especie de memoria colectiva. Una colección de recuerdos donde en ocasiones “reconocemos” a ciertas personas como más valiosas e importantes para nosotros.
Esta idea, a su vez, se relaciona habitualmente con las concepciones holísticas de la Psicología, las cuales nos recordaban que las personas, además de ser entes individuales pertenecemos a una colectividad que hay que saber aceptar y cuidar.
Para concluir, todos nosotros somos el resultado de nuestras relaciones y nuestros vínculos, tanto pasados como presentes. Somos en esencia, no solo lo que experimentamos físicamente a través de la piel y los sentidos, sino también lo que sentimos a través de las emociones y de aquello que nuestro cerebro a guardado en la memoria, ya sea la presente o quizá, en esa memoria colectiva de la que nos habló Carl Gustav Jung en su momento…

Psicología/Valeria Sabater
Imágenes cortesía de Catrin Welz Stein
https://lamenteesmaravillosa.com

lunes, 14 de agosto de 2017

Cómo limpiar las energías de tu casa.


Después de algún suceso negativo, como una enfermedad, una fuerte discusión o una pérdida de dinero, es conveniente limpiar las energías de la casa, en este artículo te describimos un método sencillo para hacerlo.

Un concepto clave de toda la metafísica china - incluido el feng shui - es el Chi. Chi se puede traducir como aliento o aire, pero en la metafísica china describe a una energía que fluye continuamente por toda la naturaleza: seres vivos, montañas, cielo, tierra, agua. En la medicina china la calidad de este flujo determina la salud y el bienestar físico y mental; en el feng shui, la calidad del Chi de la vivienda y sus alrededores definirá si la vivienda será auspiciosa o no para sus ocupantes.
Hay muchas maneras de influir sobre el flujo del Chi. La forma de nuestra casa lo hace, incluso la forma del terreno en donde está construida. Ciertos objetos, llamados curas, pueden también ayudar a armonizar el flujo del chi (puedes encontrar una descripición de las curas del feng shui AQUI). La actividad de las personas que habitan una casa y los eventos que ocurren allí también le imprimen una cierta calidad a la energía Chi. Después de algún suceso negativo, como una enfermedad, una fuerte discusión o una pérdida de dinero, es conveniente limpiar las energías de la casa. También cuando nos mudamos a una casa que ya estuvo habitada. En este artículo te describimos un método sencillo para hacerlo.

La Cura Aromática.

  1. Reserva la cáscara de tres o nueve naranjas (según la superficie de la vivienda, local u oficina que necesita limpiar).
  2. Rómpelas en trocitos más pequeños. Comenzando por la puerta de entrada, recorre toda la casa llevando los trocitos en la mano izquierda y con la derecha, espárcelos por todos los ambientes que necesiten ser limpiados.
  3. A medida que esparces los trocitos, visualiza una energía positiva y luminosa invadiendo todos los ambientes y eliminando todo lo negativo.
  4. Un método alternativo consiste en sumergir las cáscaras en agua caliente luego espacir el agua en lugar de las cáscaras.
  5. Abre la puerta de entrada y todas las ventanas de la casa, para permitir que el Chi se renueve completamente.
  6. Una vez terminado el ritual, los trocitos de cáscara de naranja se recogen y se tiran, imaginando que se llevan con ellos todo lo negativo. El agua sobrante, en caso de que hayas elegido esa variante, se tira y ya no debe volver a usarse.
  7. La pulpa de las naranjas utilizadas puede comerse, a modo de celebración una vez terminado el ritual de limpieza.
  8. Coloca un ramo de flores con aroma, como jazmines, por ejemplo, aproximadamente en el centro de la casa o de la sala de tu casa. Cambia las flores cada tres días, durante 27 días. El último arreglo de flores puede dejarse más de tres días, hasta que pierdan su frescura o aroma.

Es importante recordar que este ritual sólo limpia las energías de la casa después de algún evento negativo, pero no mejora el feng shui de la vivienda. Para modificar y ajustar efizcazmente el feng shui de una casa se requiere conocer la manera en que las formas de los ambientes y las energías invisibles que derivan de los puntos cardinales interactúan entre sí para formar un campo de energía beneficioso para sus ocupantes.
Marcelo Viggiano Director de Feng Shui Mundo