sábado, 8 de julio de 2017

El viejo samurái

El viejo samurai: La parábola que nos enseña cómo responder ante las provocaciones


Hace mucho mucho tiempo, vivía cerca de Tokio un anciano y respetado samurai que había ganado muchas batallas.

Su tiempo de guerrero ya había pasado. Ese sabio samurai ahora se dedicaba a enseñar a los más jóvenes, aunque aún persistía la leyenda de que era capaz de derrotar a cualquier adversario, por muy bueno que fuera.

Una tarde de verano, apareció en su casa un guerrero conocido por sus malas artes y poca caballerosidad. Era famoso por su carácter provocador y sus pocos escrúpulos. Su estrategia consistía en molestar a su adversario, hasta que este, movido por la ira, bajaba la guardia y atacaba ciegamente. Cuentan que jamás había sido derrotado. Y esa tarde se propuso destruir la leyenda del anciano samurai para aumentar aún más su fama.

Muy pronto el guerrero empezó a insultar al sabio samurai, llegando a tirarle piedras e incluso escupirle el rostro. Así fueron pasando los minutos y las horas, pero el sabio samurai permanecía impasible sin sacar su espada. Pasada la tarde, ya exhausto y humillado, el guerrero se dio por vencido.

Los aprendices de samurai, indignados por los insultos que había recibido el maestro, no comprendían por qué el anciano no se había defendido y asumieron su actitud como un símbolo de cobardía. Le preguntaron:

– Maestro, ¿cómo has podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no blandiste tu espada aunque supieras que ibas a perder la batalla, en vez de actuar de manera tan cobarde?

A lo que el maestro respondió:

– Si alguien llega con un presente y no lo aceptáis, ¿a quién pertenece el regalo?

– ¡A la persona que lo vino a entregar!

– Pues lo mismo vale para la rabia, los insultos y la envidia… – Respondió el maestro samurai – Cuando no son aceptados, siguen perteneciendo a quien los llevaba consigo.


Personas tóxicas que quieren hacernos “regalos” indeseados


En la vida a menudo nos encontramos con personas que arrastran consigo un pesado fardo de insatisfacciones, culpa, ira, frustraciones y miedos. Estas personas a veces ni siquiera son conscientes de ello, pero siempre que pueden actúan como camiones de basura, intentando descargar un poco de su peso sobre los demás.
¿Cómo lo hacen?

- A través de críticas destructivas que no tienen precisamente el objetivo de ayudarnos a mejorar.

- Haciéndonos sentir culpables por cosas que se escapan de nuestro control.

- Restándole valor a nuestro esfuerzo y logros, con el objetivo de mellar nuestra autoestima.

- Inoculándonos sus propios miedos para impedirnos seguir adelante con nuestros sueños.

- Lamentándose continuamente por todo, mostrando una actitud de victimismo crónico para intentar contagiarnos con su visión pesimista de la vida.

- Descargando sus frustraciones sobre nosotros, buscando motivos de discusión y enfadándose sin razón.

- Haciéndonos responsables de sus errores y descargando sobre nosotros sus insatisfacciones.

Aprende a responder, no a reaccionar


Todos estos comportamientos no son más que provocaciones. Debemos aprender a verlos como el “regalo” al que hacía ilusión el anciano samurai, por lo que está en nuestras manos aceptarlos o rechazarlos.

El primer paso consiste en comprender la sutil diferencia entre “reaccionar” y “responder”. La mayoría de las personas simplemente reaccionan ante las circunstancias, lo cual significa que siempre estarán a merced de estas. Por ejemplo, si alguien les grita, se enfadan y gritan a su vez. A cada estímulo le sigue una reacción inmediata.

Hay otras personas que han aprendido a responder. Responder es un acto consciente, implica una decisión y, por ende, también significa que somos nosotros quienes tenemos el control. Podemos decidir cómo responder ante las circunstancias, sin perder nuestro equilibrio emocional

Desactiva tus botones interiores


La solución para dejar de reaccionar ante las provocaciones y esos “regalos” indeseados es bastante simple: desconectar los botones que nos hacen reaccionar automáticamente cuando los demás los presionan.

Cada quien tiene una configuración individualizada de botones sensibles. Generalmente esos botones se configuraron durante nuestros primeros años de vida, por lo que de cierta forma, cuando alguien los activa, nos sentimos indefensos y atacados, es como si volviéramos a ser un niño inseguro y la respuesta del cerebro emocional ante la indefensión consiste en reaccionar inmediatamente, atacando o huyendo de la situación para recuperar el estado de seguridad. Ninguna de esas respuestas es madura y, por supuesto, acarrean un gran costo emocional.

¿Qué hacer?

1. Comienza por descubrir cuáles son esos botones. Te darás cuenta de que sueles reaccionar casi siempre ante situaciones que generan en ti ciertos estados, como sentirte ignorado, menospreciado, rechazado, humillado, débil, inadecuado, estúpido, avergonzado, impotente… Piensa en las circunstancias en las que perdiste el control y respondiste automáticamente, intenta buscar puntos en común. Así podrás descubrir la dinámica que se encuentra detrás de esos botones.

2. Desensibilízate de las experiencias del pasado. Una vez que hayas encontrado esos estados que te hacen reaccionar, debes hallar las experiencias negativas vinculadas a estos, esos eventos perturbadores que, de una forma u otra, han creado esos botones sensibles. Puedes revivir esas situaciones y preguntarte cómo reaccionarías ahora, de adulto y con la distancia de los años.

La idea es que te des cuenta que tu pasado no te define y que ahora has madurado y eres capaz de lidiar con esos sentimientos de una manera diferente. Te darás cuenta de que has dejado atrás esos problemas cuando pienses en ellos o en una reacción que tuviste y te parezcan francamente ridículos. La capacidad para reírte del pasado siempre indica que la herida ha sanado.

En este punto, los comportamientos de los demás te parecerán cada vez menos provocadores porque les darás menos importancia. De esta forma, sus “regalos” indeseados no desatarán una reacción inmediata que te haga perder la serenidad. Sin embargo, todavía te falta un paso.

3. Desapégate de tus emociones. Hay casos en los que, independientemente de nuestros botones emocionales, los comportamientos, palabras y actitudes de los demás pueden molestarnos. Es prácticamente imposible controlar todas nuestras reacciones emocionales, pero podemos aprender a gestionar nuestra actitud y nuestro comportamiento. Podemos elegir responder en vez de limitarnos a reaccionar.

Para ello es fundamental que no te identifiques con tus emociones. Piensa en tus estados emocionales como nubes que ahora están cubriendo el cielo pero que muy pronto ya no estarán, a menos que te aferres a ellas. Por tanto, da un paso atrás, respira profundo y reencuentra el equilibrio para responder asertivamente. Tu salud emocional te lo agradecerá.

►Y recuerda siempre que nadie puede hacerte daño sin tu consentimiento.



Psicología/Jennifer Delgado
http://www.rinconpsicologia.com

viernes, 7 de julio de 2017

A veces, necesitamos escuchar lo que significamos para alguien


A veces, necesitamos escuchar un “te quiero”, un “eres importante para mí” o un “gracias por ser como eres”. Saber lo que significamos para alguien no es ningún acto de debilidad. No buscamos sentirnos validados, lo que necesitamos únicamente es escuchar en voz alta lo que siente el corazón, vernos reconocidos y acariciados a través de las palabras, del tono y de una voz sincera.
Recuerda: el amor no es algo intangible ni intraducible, no es humo, no es un perfume, porque el verbo “amar” se declina con nuestros cinco sentidos y es así como nos sentimos nutridos, reconfortados. No tenemos por qué dar por sentados los afectos cuando creamos un vínculo, el “ya sabes lo que siento” no basta ni alimenta una relación, y el “si estoy contigo es por algo” puede suscitar, en ocasiones, más dudas que certezas cuando de verdad amamos a alguien.
Una palabra bien elegida puede economizar no sólo cien palabras sino cien pensamientos
                                                                Henri Poincaré 

Casi nadie necesita escuchar una y otra vez lo que significa para los demás, pero tener a nuestro lado a personas que no hablan el lenguaje de las emociones, que se escabullen y que no perciben la necesidad del otro por ser reconocidos o apreciados a través de la palabra, suele agotar. Incluso, lo que es peor, crean y alimentan dudas, incertidumbres e insondables vacíos.
A menudo, la persona que padece la hambruna de la caricia emocional, expresada a través de la palabra, está obligada a ser una traductora de gestos. Ahí donde leer el cariño a través de las miradas, la preferencia a través de las acciones, y la sinceridad a través de esas conductas cotidianas de un ser amado alexitímico que ni percibe ni expresa. Algo así, puede resultar sin duda agotador…

La necesidad de escuchar y sentir que somos importantes para alguien

Sentir el amor, el cariño y el reconocimiento en cada átomo de nuestros sentidos, en cada vibración de nuestros latidos y en cada conexión de nuestras células cerebrales nos confiere equilibrio, bienestar, plenitud. El ser humano está programado genéticamente para conectar con sus semejantes, porque es así como garantizamos nuestra supervivencia, porque es de este modo como hemos logrado avanzar, evolucionar, crecer como especie.
Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan ante nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde
                                                                   Andrè Gide

Por tanto, nadie debe auto-percibirse como una persona débil o dependiente si echa en falta que su pareja o sus seres queridos le dediquen una palabra de afecto, un gesto de cariño traducido en una frase amable, en una expresión donde habite por igual la empatía y el cariño. Para nuestro cerebro es un acto muy significativo y de ahí, que necesitar un “gracias”, un “eres increíble” o “me encanta tenerte a mi lado” de vez en cuando sea algo no solo natural, sino lógico y necesario.
Por otro lado, no podemos descuidar algo esencial. No solo los adultos necesitamos escuchar lo que significamos para los demás. Los niños necesitan este tipo de gestos tanto como el alimento, tanto como esas manos fuertes que los sujetan mientras aprenden caminar, más que esa ropa con la que se visten o ese juguete tan caro que nos piden a cada instante.
Los niños necesitan el refuerzo positivo de la palabra y la caricia emocional, de esa voz que los valida, que les confiere seguridad, que les inyecta confianza y amor del bueno, de ese que da alas y hace crecer las raíces.
La importancia del vínculo afectivo y la calidad del mismo, determinará muchas conductas futuras; así, todo niño que en esa infancia más temprana se críe en un entorno de frialdad emocional, de inseguridad o de negligencia parental, tiene muchas más probabilidades de desarrollar trastornos de conducta, y claras dificultades a la hora de hacer uso de un adecuado lenguaje emocional.

Háblame sin miedos, háblame desde el corazón

Los analfabetos emocionales abundan en exceso, y no nos referimos solo a quienes padecen ese trastorno afectivo-cognitivo de la comunicación llamado alexitimia. Es algo más complejo, algo más profundo y que tiene que ver sobre todo en cómo nos educan. Lo podemos ver en muchos de nuestros entornos más cotidianos, escuelas, trabajos, etc, ahí donde crecen en abundancia los “secuestradores emocionales” en lugar de los “facilitadores emocionales”.
                   ►El lenguaje es el vestido de los pensamientos.
                                                                                    Samuel Johnson

Vemos niños que ejercen el bullying en las aulas o en las redes sociales, vemos directivos incapacitados para crear climas laborales más empáticos, respetuosos y creativos. Lo vemos en nuestro modo de comunicarnos, ahí donde llegar a pensar que al hacer uso de los emoticonos y de las caritas sonrientes ya construimos un lenguaje significativo y validante.
Sin embargo, no es así. Tal y como nos explican en el libro “Corazones Inteligentes” de Natalia Ramos y Pablo Fernandez, a nuestro mundo le falta cierta aplicación práctica de la Inteligencia Emocional. Porque las emociones no se viven en abstracto, no son algo difuso, la vida no es una película de David Lynch, ahí donde el lenguaje narrativo aunque fascinante y simbólico, carece en ocasiones de sentido. La vida necesita un sentido firme y el amor, certezas.
Por tanto, hagamos uso efectivo del lenguaje, permitamos que sea un instrumento que crea y valida. Ahí donde ser valientes, ahí donde permitir que nuestro corazón cuide y acaricie, donde conectar con los demás a través de palabras positivas, de frases que transmiten un afecto real.

Psicología/Valeria Sabater
https://lamenteesmaravillosa.com

jueves, 6 de julio de 2017

¿QUÉ NECESITO PARA MI DESARROLLO PERSONAL?


En mi opinión, construida a raíz de tantos años implicado en estos asuntos del Desarrollo Personal, hay una serie de ingredientes que son IMPRESCINDIBLES para comenzar. Y para avanzar.

A quienes quieran hacerlo bien les recomiendo respetarlos escrupulosamente, y no pretender hacerse trampa y saltarse alguno de ellos, porque todos son fundamentales para llevar a buen término el Proceso.

INTERÉS

La falta de interés hace peligrar todo el proyecto. Esto no es algo que se pueda tomar a la ligera, ni hacerle caso un día para que en el siguiente se desande lo andado, se niegue lo descubierto, o se olviden los propósitos. Uno ha de implicarse plenamente. Intensamente. Del todo. Con toda la atención puesta en ello para que nada se pase, para que nada se siga viendo con los ojos rutinarios de la costumbre, y todo adquiera una dimensión que lo haga evidente y claro a nuestros ojos.

VOLUNTAD

“Lo de siempre” actúa como siempre, así que uno tiene que deshacerse de la flojera, trasmutar la desgana en su opuesto, despedir el desánimo, cambiar sus modos habituales, y comprometerse. Y cuando la apatía se presente, echarla fuera y lejos, porque la persistencia es imprescindible. Por lo menos una pasito cada día. Pase lo que pase.

DEDICACIÓN

Esto no es un pasa-tiempos, ni un mata-ratos, ni algo para hacer de vez en cuando. Esto requiere continuidad. Dedicación plena. Incluso en los momentos en que uno está haciendo otra cosa tiene que tener activada al mismo tiempo la atención observando eso que está haciendo, cómo, por qué, para qué, de qué modo, y preguntándose si está de acuerdo con ello o es algo que prefiere modificar, eliminar… o promocionar. Dedicación continua.

RESPONSABILIDAD 

Defiendo la suposición de que el Creador entrega la vida junto con un compromiso que hemos firmado, simbólicamente, aunque no lo recordemos ni tengamos copia de ello. Ese compromiso implica la responsabilidad sobre la vida recibida. Responsabilidad de hacer de ella algo de lo que podamos sentirnos satisfechos, noblemente orgullosos, para que cuando tengamos que entregársela a la muerte nos quede la conciencia en paz del deber cumplido. Responsabilidad implica no desaprovecharla, cumplir los proyectos y propósitos, hacer lo que se considere correcto en cada ocasión, ser noble, ser consciente, ser cumplidor del compromiso.

PACIENCIA


Porque las cosas no van a salir siempre según lo previsto o lo deseado, y porque vamos a fallar en más de una ocasión en las dos primeras condiciones –ya que somos humanos-, pero a pesar de ello cada vez que incumplamos en vez de martirizarnos por ello lo que haremos será suspirar levemente, plantarnos una sonrisa, animarnos como a niños pequeños que intentan dar sus primeros pasos, inflarnos la moral… y adelante. Paciencia. Mucha paciencia.

COMPRENSIÓN

Comprender no es solamente entender algo -que es muy evidente que va a ser imprescindible-, sino que también es “contener o incluir en sí algo”, o sea que todo lo que vayamos descubriendo, lo que entendamos, lo que resolvamos, tendremos que lograr que pase a formar parte indisoluble de nosotros mismos. Es necesario sacarlo de la teoría o del simple conocimiento para aprehenderlo, para integrarlo, para que eso sea tan uno mismo como uno mismo.

ACEPTACIÓN

Muchas de las cosas que salgan a la luz en el Proceso de Desarrollo Personal no nos van a gustar nada. Nada de nada. Porque todos tenemos cosas de las que no nos sentimos orgullosos, y cosas que hemos escondido, y cosas de las que renegamos… y van a aparecer. Tienen que aparecer para que podamos comprenderlas y podamos sanarlas. Nos tenemos que aceptar en integridad tal como estemos en este momento y con todo nuestro pasado. Sólo a partir de esa aceptación comienza la posibilidad de modificar las cosas con las que no estemos de acuerdo.

AMOR


Amor propio. Amor a uno mismo. Porque sin amor nada de lo anterior se podrá realizar. Si uno no está a favor suyo, si no comprende que es el amor a sí mismo lo que mueve todo este Proceso, no va a adelantar pasos reales. Lo que haga no tendrá una consistencia duradera. Será un parche mal puesto que, antes o después, se caerá y dejará de ser útil.

Lo expuesto son unas premisas imprescindibles que nos llevarán al resultado final deseado.

► Uno es merecedor de lo mejor y es el beneficiario directo del Proceso, así que… no hacen falta más argumentos.

Adelante.

Te dejo con tus reflexiones…




Francisco de Sales
http://buscandome.es