lunes, 13 de marzo de 2017

8 Puntos De Presión Para Reducir El Estrés

Cada persona tiene sus propias formas de lidiar con el estrés, algunos escapando a algún lugar soleado, otros tomando una copa de vino, y otros intentando ignorarlo. A pesar de tener algunas ventajas, estos métodos nos brindan una solución temporal que nos permita atravesar determinadas circunstancias en el momento exacto que necesitamos.
Para nuestra fortuna, existen diferentes puntos de presión que nos ofrecen una solución efectiva y a largo plazo para combatir el estrés. Dichos puntos se encuentran distribuidos en diferentes áreas del cuerpo que pueden desencadenar una gran variedad de efectos en la mente y el cuerpo cuando se les aplica presión.
Cuero cabelludo

El cuero cabelludo está lleno de puntos de presión, muchos de los cuales pueden ser utilizados para aliviar el estrés de forma efectiva. Cuando estés sentado en la oficina o en tu casa, inclínate hacia atrás y utiliza dos dedos para masajear el punto donde el cuello se encuentra con la cabeza, durante unos 20 segundos. Gran parte del estrés que acumulamos durante todo el día se concentra en los hombros y los músculos del cuello, por lo que ejercer presión sobre esta zona puede ayudar a reducir el estrés.
La oreja

Este punto de presión es conocido como “Shen men” (la puerta del espíritu) y considerado uno de los mejores puntos corporales para aliviar el estrés. En reflexología, los masajes en este punto también son utilizados para reducir la inflamación y el dolor en el cuerpo. Se recomienda utilizar una lapicera o un palillo para realizar los masajes, respirando lenta y profundamente durante el proceso.
El pecho

Muchas veces, el estrés nos hace olvidar cómo respirar de forma correcta. Este punto de presión ayuda a reducir el estrés que se acumula en el pecho, permitiéndote respirar con normalidad. Para masajear este punto, utiliza la yema de un dedo para realizar golpeteos rítmicos sobre la zona, mientras respiras lenta y profundamente. Si sufres de estrés crónico, combina los masajes en este punto, con masajes en la zona entre las cejas. La conexión entre estos dos puntos ayuda a relajar el sistema nervioso.
El estómago

Muchos reflexólogos prefieren utilizar este punto porque ayuda a crear un movimiento que libera el pecho y el diafragma, mejorando el proceso respiratorio. Luego de realizar este tratamiento, los pacientes suelen respirar de forman más pausada y profunda, y sentir una sensación general de alivio y bienestar.
El antebrazo

Este punto de presión es común en tratamientos de acupuntura y reflexología. Su objetivo es reparar la inversión del flujo de energía en el cuerpo, causada por la ansiedad y el estrés. En este sentido, la presión sobre este punto permite que la energía circule en la dirección correcta, aliviando el estrés y promoviendo la salud mental.
La Palma

En el mismo momento que apliques presión sobre este punto sentirás que el estrés comienza a evaporarse. Este punto de presión está ubicado en uno de los meridianos, también llamados canales de energía, más importantes del cuerpo, ya que afecta el corazón, el hígado y el páncreas. Muchos especialistas creen que la mayor parte del estrés que experimentamos es almacenado en el hígado, por lo que ejercer presión sobre este punto es efectivo a la hora de aliviar el estrés. Los masajes en esta zona también pueden utilizarse para tratar el dolor de cabeza, la indigestión y el insomnio.
Las pantorrillas

Si sientes que se ha acumulado estrés en la parte superior de tu cuerpo, los masajes en este punto serán la solución perfecta para ese problema. Esta zona es bastante sensible en personas que deben lidiar con situaciones estresantes con frecuencia, o en mujeres en particular.
Los pies

La aplicación de presión sobre este punto ayuda a aliviar la mente estresada que constantemente se encuentra pensando en las causas de su estrés. Muchos reflexólogos creen que este es el mejor meridiano para tratar problemas de páncreas. Además, su ubicación en el centro del pie ayuda a los pacientes a aliviar el estrés y concientizarse sobre la importancia de la salud de su cuerpo y su mente.
Lautaro O. para
http://www.todo-mail.com/

domingo, 12 de marzo de 2017

Conciencia Emocional: Las emociones que no gestionas, te controlan



Todos experimentamos emociones, pero no todos somos capaces de reconocerlas y ponerles nombre. De hecho, ¿sabías que se han llegado a catalogar unas 250 emociones y sentimientos? Entre la tristeza y la alegría, entre sentirnos mal o bien, existe un amplio abanico emocional en el que deberíamos profundizar.

Si no somos capaces de reconocer nuestras emociones y sentimientos, si no encontramos sus causas y no comprendemos cómo impactan en nuestros comportamientos y decisiones, no podremos gestionarlos adecuadamente y terminaremos viviendo en una montaña rusa emocional. Por eso es tan importante desarrollar la conciencia emocional.

Bruma emocional: Los peligros que entraña no distinguir las emociones

Un estudio muy interesante realizado por psicólogos de la Universidad de Michigan reveló que las personas que sufren depresión tienen una característica en común: no distinguen con precisión las
diferencias entre las emociones negativas que experimentan, como la tristeza, la culpa, la ira y la frustración. Esto podría explicar, al menos en parte, por qué la depresión es tan difícil de superar.
Para llegar a estas conclusiones los investigadores les pidieron a personas sanas y a personas que padecían depresión que reportaran sus emociones en momentos concretos a lo largo de una semana. Así descubrieron que a las personas deprimidas les resultaba muy difícil distinguir entre las diferentes emociones negativas.

Estas personas estarían sumidas en una especie de “bruma emocional”, la cual se genera cuando no somos capaces de distinguir las emociones y etiquetarlas. El problema es que ese estado puede agravar estados como la depresión o la ansiedad. De hecho, es difícil mejorar nuestra vida si no sabemos exactamente cómo nos sentimos sobre algunos de sus aspectos.

Por ejemplo, ¿te imaginas qué difícil sería saber cuándo ha llegado el momento de llenar el tanque de combustible si no tuvieras ese indicador en el salpicadero del coche? Algo similar ocurre con nuestro estado emocional, no podemos mejorar o utilizar las emociones a nuestro favor si no sabemos cómo nos sentimos y por qué.

¿Qué sucede en el cerebro cuando etiquetamos una emoción?

Un estudio llevado a cabo en la UCLA desveló qué ocurre en nuestro cerebro cuando etiquetamos las emociones negativas. Estos neurocientíficos les pidieron a un grupo de participantes que vieran imágenes en las que aparecían rostros enfadados o con miedo.
Esas imágenes incrementaban la actividad en la amígdala, una región del cerebro íntimamente vinculada con las emociones que actúa como una alarma cuando detecta un posible peligro y desencadena una serie de cambios fisiológicos que nos preparan para huir o atacar. De hecho, se ha apreciado que la amígdala responde intensamente incluso ante imágenes subliminales, que nuestra conciencia no capta.

En este punto, los investigadores se preguntaron si el simple hecho de etiquetar esas emociones podría atenuarlas y disminuir el nivel de activación de la amígdala. A continuación, les pidieron a los participantes que identificaran las emociones que estaban viendo. Los resultados fueron asombrosos: casi inmediatamente la actividad de la amígdala comenzó a disminuir, mientras se activaba la corteza prefrontal ventrolateral, una zona vinculada con el pensamiento, la inhibición del comportamiento y el procesamiento racional de las emociones.

En práctica, lo que sucede es que cuando etiquetamos lo que sentimos nos vemos obligados a activar la parte más racional del cerebro. Esa zona echa una especie de “freno de mano”, evitando que las emociones tomen el control. Al entender lo que nos ocurre, el impacto emocional negativo disminuye y hace que las emociones sean menos dolorosas.

Un programa para desarrollar la conciencia emocional

La conciencia emocional es la capacidad para reconocer nuestras emociones, identificarlas y ponerles un nombre. Esto significa, ante todo, la posibilidad de experimentar y reconocer múltiples emociones, sentimientos y estados de ánimo. También implica que la persona domina un vocabulario emocional suficientemente rico que le permita expresar exactamente lo que siente.

Sin embargo, la conciencia emocional no se limita a reconocer y etiquetar las emociones sino que también significa comprender cómo impactan en nuestros comportamientos y pensamientos. Además, implica saber qué estamos sintiendo y por qué, encontrar la causa de esos estados y, sobre todo, aprender a usarlos a nuestro favor.

No nacemos con una conciencia emocional, esta se va desarrollando poco a poco, a medida que vamos experimentando nuevas emociones y los adultos que nos rodean nos ayudan a etiquetarlas y gestionarlas. Desgraciadamente, en muchos casos ese aprendizaje no se produce y la conciencia emocional se atrofia. Eso no significa que la persona no sea capaz de experimentar muchísimas emociones y sentimientos, sino que no es capaz de reconocerlos y, por ende, le resulta mucho más complicado gestionarlos.

La buena noticia es que la conciencia emocional se puede potenciar en cualquier etapa de la vida. De hecho, ese es precisamente uno de los objetivos del programa “Conciencia Emocional” diseñado por la Escuela Europea de Coaching,

Este programa, concebido como un entrenamiento vivencial de carácter eminentemente práctico, está dirigido tanto a los psicólogos, coaches, profesores y trabajadores sociales como a todas las personas que quieran desarrollar sus capacidades emocionales.
A lo largo de 9 sesiones los participantes podrán profundizar en el universo emocional a través de herramientas que facilitan el descubrimiento, la experimentación, la profundización y la gestión de las emociones.

El programa, que ha llevado más de dos años de desarrollo y cuenta con un experimentado equipo multidisciplinar, concibe las emociones como nuestras aliadas, y pretende que aprendamos a identificarlas, comprender su mensaje y utilizarlas para reencontrar el equilibrio, tanto a nivel físico como psicológico. ¿Te apuntas?


Psicología/Jennifer Delgado

Fuentes:
Demiralp, E. et. Al. (2012) Feeling blue or turquoise? Emotional differentiation in major depressive disorder. Psychological Sciences; 23(11): 1410-1416.
Lieberman, M. D. et. Al. (2007) Putting feelings into words affect labeling disrupts amygdala activity in response to affective stimuli. Psychological Science; 18(5): 421-428.

sábado, 11 de marzo de 2017

¿A QUÉ SIGO AFERRADO?



En mi opinión, el hecho de no ser absolutamente conscientes de nuestra vida y nuestros actos, de nuestro modo de obrar y de quién toma la mayoría de nuestras decisiones –que, en el caso de las importantes casi siempre es el inconsciente-, y de no saber el por qué de muchas de las cosas que hacemos y muchos de los pensamientos que tenemos, nos coloca en una situación desventajosa que nos hace ser víctimas de nuestra desatención a la vida.

Parece ser que todas las personas –todas- en algún momento de nuestra vida nos hemos tenido que aferrar a algo para poder seguir adelante, nos hemos tenido que agarrar fuertemente -por la circunstancia que sea y aún inconscientemente- a una persona, a un sueño, a una idea, a una utopía…

Y parece que en demasiadas ocasiones se nos olvida que al llegar a cierto momento ya no necesitamos seguir aferrados, pero hemos creado una dependencia de la que es muy posible que no seamos conscientes porque lo hemos llegado a ver y aceptar como algo “normal” olvidando que existe la posibilidad de desvincularnos de ese aferramiento.

Lo complicado de esto es, precisamente, el hecho de que no nos damos cuenta. Se ha llegado a convertir en norma –lo que no quiere decir que sea normal- y en algo habitual que se ha instaurado de tal modo que no parece que sea precisa una revisión, pero cualquier persona que esté en un Proceso de Desarrollo Personal tiene que revisar –inevitablemente- TODOS sus pensamientos –para averiguar si realmente son suyos-, todas sus actitudes –para saber de ellas el por qué y el para qué-, todos sus propósitos –para conocer si son suyos o son inculcados por alguien o algo ajeno-, y tiene que darse cuenta si es necesario seguir apoyándose en las muletas que tal vez en algún momento fueron útiles pero ahora son contraproducentes porque molestan e impiden caminar con normalidad.

Una de esas preguntas cuya respuesta ayuda en este Proceso es, precisamente, esa de ¿A qué sigo aferrado?, porque los aferramientos son ataduras que impiden la libertad, y porque la falta de libertad impide tener y disfrutar la opción de elegir. 

Elegir desde la mentalidad actual y desde las circunstancias actuales y para las necesidades actuales y con la consciencia actual y con la intención y los objetivos actuales. O sea –y creo que queda claro-, actualizarse.

La libertad es el bien más preciado.

Y para seguir avanzando por este Camino que uno ha decidido, la libertad es imprescindible. Ningún preso encerrado en su celda puede ir más allá de su propia imaginación.

Todo lo que en algún momento sirvió puede haber llegado ya al final de su utilidad y puede convertirse ahora en un impedimento.

Y podemos seguir aferrados –innecesariamente- a ciertas personas que ya cumplieron su ciclo a nuestro lado, a ciertas situaciones obsoletas que ahora son una pesada carga, a ciertos miedos que ahora se pueden desmontar y comprobar que ya perdieron toda su fuerza, a ciertas ataduras de las que hace tiempo nos liberaron pero no queremos soltarnos, a ciertas actitudes infantiles cuando ya somos adultos, etc.

En el Proceso de Desarrollo Personal es conveniente y necesario actualizarlo todo y actualizarse continuamente. 

Y es contraproducente seguir rigiéndose por normas obsoletas, arrastrar temores que hace tiempo se desvanecieron, seguir asustándose con los mismos fantasmas con los que uno se asustaba cuando era niño, seguir temiendo que pueda suceder lo que ya jamás volverá a suceder, y es contraproducente aferrarse a los sueños que ya se ha comprobado que no podrán salir jamás del mundo de los sueños para convertirse en realidad, o a los ideales que ya se marchitaron, o a las utopías que la verdad se ha encargado de desmantelar.

Generalmente, aferrarse provoca más daño que soltarse.

Cuando uno se aferra a algo es porque no confía en que por sí mismo y sin “eso” puede seguir adelante y bien. 

Cuando uno se aferra a algo es porque cree que ese aferramiento le proporciona una felicidad o una estabilidad o una confianza que perdería al no seguir en esa situación. Y eso es algo enfermizo si se mira fríamente. 

Los aferramientos –que no son más que apegos más firmemente enraizados- nos hacen creer que estamos a salvo de algún modo, que estamos protegidos, y que nos aportan estabilidad y seguridad, cuando en realidad lo que nos aportan es inseguridad -porque nos impiden vernos y sentirnos en libertad- y nos esclavizan con su dependencia.

Hay que saber soltar y permitirse soltarse.

Es una aberración dar nuestro poder y estabilidad a algo que no somos nosotros mismos y se basa solamente en una idea que se ha ido formando –nada más que una idea sin entidad- y en casi todas las ocasiones sin que nosotros hayamos asistido conscientemente a su creación.

Soltar y soltarse. ¡Hay tantos hilos invisibles con los que nos atamos!

Darte cuenta de ello es tu tarea. Exclusivamente tuya.


Te dejo con tus reflexiones…


Francisco de Sales
buscandome.es