martes, 17 de enero de 2017

Traumas en la niñez y depresión en el adulto


Ninguna etapa es más intensa, maravillosa y vulnerable a la vez, que nuestra infancia. Esas primeras experiencias marcan por siempre no solo gran parte del rumbo de nuestra vida, sino también, la visión que tenemos de ella. El vínculo que establecemos con nuestros cuidadores, con esos padres que nos guían, cuidan y arropan, nos ofrecerán los pilares de nuestro desarrollo para crecer con seguridad y autonomía.
Pero si algo falla, si el escarpelo de la violencia, de la desgracia o la casualidad aparece en nuestra vida cortando el rumbo de esa infancia, la huella se quedará ahí por siempre. Es un hecho, una realidad. Y como niños, como personas que aún no somos capaces no solo de defendernos, sino tampoco de comprender por qué existe la maldad o la tragedia, habremos de digerirlo con toda su dificultad y gravedad.
Los psiquiatras llaman a estas situaciones “estrés precoz”, hechos ocasionados por traumas físicos o emocionales que van a alterar en gran parte el rumbo de nuestro desarrollo y nuestra madurezLa herida va a quedar en nuestro cerebro, ese pico tan grave de estrés y sufrimiento deja su lesión, provocando que, llegada la edad adulta, tengamos más riesgos de desarrollar algún tipo de depresión.

La falta de afecto en la infancia, una de las mayores causas de la depresión

En ocasiones, no hace falta que lleguemos a extremos tan lamentables como un abuso o el maltrato infantil. Muchas veces, esos niños que crecen sin arraigo familiar o con unos padres que no han sabido, o no han querido estrechar ese vínculo imprescindible con sus hijos, provoca que se llegue a la madurez con muchas carencias, con muchas faltas.

Una infancia saludable, feliz e íntegra, hace que el niño crezca sabiendo que es querido, que cada uno de sus pasos, de sus decisiones y de sus fallos, van a disponer del apoyo incondicional y único que es su familia. El desarrollo de su autoestima irá a la par del afecto de los suyos. Su autoconcepto será además positivo, porque es el reflejo de lo que hasta el momento, siempre ha encontrado.
Pero si solo encuentra vacíos, desprecios y reproches, el niño crecerá no solo con una marcada inseguridad, sino también con cierto rencor e incluso con desconfianza. ¿Cómo hacerlo? Si quienes debieron haberle ofrecido un apoyo y un cariño incondicional solo le dieron frialdad y rudeza, es complicado que alcance una unión saludable con otra persona. Que desconfíe y tema.

Superar una infancia difícil

Los psiquiatras hablan de “la vulnerabilidad biológica”. Es decir, todas esas experiencias traumáticas o negativas del pasado han quedado incrustadas en nuestra experiencia y también a nivel cerebral. Las altas tasas de estrés modelan y cambian muchas de nuestras estructuras más profundas, y todo ello nos hace personas más frágiles. Personas más proclives a sufrir una depresión llegada la edad adulta.
Pero ahora bien, ¿quiere esto decir que todos los que hayan sufrido un trauma en la infancia, van a padecer obligatoriamente una depresión? La respuesta es no.
Cada uno de nosotros vamos a afrontar nuestro pasado traumático de un modo, puede que para algunas personas dichos eventos del pasado sean un revulsivo que superar y por el que luchar día a día. Algo que asimilar, aceptar y afrontar para que la vida le de una nueva oportunidad, y ser feliz de nuevo.
En cambio, para otras personas esa predisposición biológica y emocional seguirá pesando demasiado. No solo se va a tratar de un recuerdo persistente, sino que puede influir en su forma de relacionarse con el mundo.

Pueden ser personas que han perdido la confianza con sí mismas y con todo lo que les rodea. Les cuesta mantener amistades e incluso relaciones afectivas. Exigen cariño, pero son incapaces de aceptarlo por que siguen temiendo ser traicionadas, ser heridas.
Son perfiles donde puede quedar implícita un tipo de ansiedad crónica, una hipersensibilidad y una vulnerabilidad emocional con la que luchar cada día. La felicidad en estos casos tiene un alto precio, entonces ¿cómo afrontarlo? Obviamente, con esfuerzo, voluntad y mucho apoyo social.
Vistas todas estas realidades, solo cabe recordar la importancia de seguir protegiendo la infancia. Nunca pienses que un niño es un adulto en miniatura. Un niño es una persona hambrienta de emociones positivas, necesitada de experiencias llenas de afecto incondicional, de palabras y vínculos.
Un niño no es un adulto que pueda comprender por qué otros adultos puedan tratarlo mal. Tampoco puede defenderse. Lo que ocurra en esas edades, habrán de marcarlo por siempre. No lo olvides. Cuida siempre de los más pequeños, y si eres tú quien sufrió una infancia complicada, recuerda que la felicidad no está vetada para nadie, y que merece la pena aceptar, superar y vivir de nuevo.

Psicología/Valeria Sabater
Imágenes cortesía de Lucy Campbell
https://lamenteesmaravillosa.com

lunes, 16 de enero de 2017

La ciencia afirma que pasear nos aporta estos 7 beneficios


El poeta argentino Miguel Cantilo dice que “yo sé que tapándome los ojos puedo estar mucho más lejos sin tener que caminar”. Por desgracia, quien siga esta enseñanza no podría aprovecharse de los beneficios científicos y psicológicos de pasear.
Ahora, tras esta breve pincelada de humor, entremos en materia. Pasear, además del efecto agradable que procura, tiene excelentes beneficios. La ciencia ha estudiado en diversas ocasiones esta práctica y suele ser unánime, posee grandes ventajas, tanto psicológicas como físicas.

Beneficios científicos y psicológicos de pasear

Los beneficios científicos y psicológicos de pasear empiezan por el hecho de que es una práctica muy agradable. Una caminata te puede hacer sentir mejor, pues es un ejercicio de baja intensidad, aeróbico, y que nos reporta un rato de paz en medio de la tensión del día.

Entre los beneficios un buen paseo, puede estar el disfrutar de un bello paisaje. O bien mejorar nuestro estado físico, lo que conlleva un estado mental más óptimo. Un estudio de la Universidad de Tennessee, en Estados Unidos, concluyó que las mujeres que caminaban todos los días tenían menos grasa corporal que otras más sedentarias. Este detalle mejora la calidad de vida, además de rebajar el riesgo de sufrir un coágulo. Además:

Te ayudará a conciliar mejor el sueño

Caminar ayuda a nuestro cuerpo a liberar serotonina. Este es un neurotransmisor derivado del aminoácido conocido como triptófano, que aumenta la producción de melatonina. La melatonina regula los ciclos del sueño, por lo que el paseo es óptimo para conciliar mejor el sueño y que sea de mayor calidad.
Además, la serotonina es un gran controlador del estrés. No es extraño ni mala idea en absoluto dar un paseo cuando sentimos inquietud o ansiedad. De hecho, en la Universidad de Sao Paulo se demostró que el caminar y el ejercicio aeróbico redujo considerablemente la calidad del sueño de un grupo de personas con insomnio.

Más y mejor humor

¿Quieres ser feliz y estar de mejor humor todo el día? Según la Universidad Estatal de California, en Estados Unidos, caminar no solo libera serotonina, también endorfinas. La combinación de ambas son una mezcla ideal para que te sientas mucho mejor, pues se relacionan con la popularmente conocida como química de la felicidad.
“He aprendido dos formas de atarme los zapatos. Una de ellas sólo sirve para caerse. La otra sirve para caminar”
                                                                               -Robert Heinlein-


Mejora la esperanza de vida

La Escuela de Medicina que se ubica en la Universidad de Michigan, en Estados Unidos, afirma que individuos de 50 a 60 años reducen las posibilidades de morir en los siguientes 8 años en un 35% solo por caminar. A mí es un detalle que me ofrece tranquilidad y sosiega mi mente, ¿y a ti?

Reduce y previene el deterioro cognitivo

Según un estudio de la Universidad de San Francisco, en Estados Unidos, cuanto más caminamos, más lento se produce el deterioro de algunas de nuestras capacidades mentales con la edad. En concreto, en una muestra de más de 5000 sujetos de 65 años o más, andar 3 kilómetros al día redujo las pérdidas de memoria en un 17%.

Previene la aparición del Alzheimer

Una enfermedad muy temida, que por desgracia a veces incluso se ceba con gente joven, es el Alzheimer. Desgraciadamente su curso con los que medios que tenemos actualmente es imparable, sin embargo parece que sí que hemos podido identificar algunos factores de prevención. Entre estas variables protectoras se encontraría el ejercicio. Concretamente un estudio de la Universidad de Virginia sostiene que las personas 70 años que caminan al menos medio kilómetro reducen el riesgo de padecer esta demencia en un 50%.

Nos ayuda a perder peso o a mantenerlo

Nos guste más o menos, vivimos en un mundo en el que el aspecto físico es importante. Para muchas personas estar en buena forma y tener una línea óptima es perfecto para sentirse más seguras de sí mismas y confiadas en sus posibilidades. Ya no para los demás, sino para verse y sentirse mejor.
Obviamente, caminar o pasear, como ejercicio aeróbico que es, mejora nuestro estado de forma. Además, por ser ejercicio muy moderado, reduce el impacto en el cuerpo y rebaja el riesgo de lesión. Por eso es perfecto para personas con dolores articulares, por ejemplo.
Pero además, como actividad física que es, ayuda a quemar grasas. De hecho, la Journal of the American Dietetic Association informa que las mujeres que andan más de 5 horas semanales muestran niveles de grasa corporal muy bajos.

Reductor ideal del estrés

Ya hemos dicho que el pasear libera endorfinas y serotonina, produciendo la química de la felicidad. Como es lógico, este es un gran reductor del estrés. Según dice el Diario de Antropología Fisiológica, reduce los niveles de cortisol, la hormona resultante de los estados estresantes y de ansiedad.
Cuando llegué al país, no caminaba; como digo siempre, tuve mucho gusto de aprender a caminar sobre esta tierra de la que nunca me separé”
-Alicia Moreau de Justo-


Puedes comprobar que la ciencia confirma enormes beneficios científicos y psicológicos de pasear. Demanda voluntad cuando nos sentimos tan cómodos y calentitos debajo de la manta en el sofá de casa, especialmente en estos meses de invierno, sin embargo a cambio reporta numerosas ventajas. Si te falta motivación, tal vez una mascota o una charla con amigos mientras camináis puede ser la respuesta. Pero no olvides que por muy poco, puedes lograr mucho.

Pedro González Núñez
https://lamenteesmaravillosa.com/

domingo, 15 de enero de 2017

Mi mayor triunfo: haber alcanzado la autonomía emocional


Uno de nuestros mayores logros a nivel personal es alcanzar en un momento dado la total autonomía emocional. Es ese instante en que nos responsabilizamos por completo de nosotros mismos sin dependencias tóxicas, sin necesidad de ser validados por nadie para poder luchar con dignidad y aplomo por lo que queremos y merecemos.
No es fácil. La autonomía emocional es esa aspiración en materia de crecimiento personal que no todos logran alcanzar con autenticidad. Esta autonomía, definida siempre como la capacidad de tomar decisiones de acuerdo a la propia voluntad, tiene varios muros, altas alambradas y todo un ejército de aguerridos enemigos. Las presiones externas y nuestros saboteadores internos coartan la mayor parte del tiempo este objetivo.
“Si no eres capaz de amarme como merezco, entonces vete. Alguien habrá que sea capaz de disfrutar de lo que yo soy”
                                                                           -Walter Riso-
Este constructo psicológico vertebra, en realidad, muchas dinámicas cotidianas que nos pueden ser más o menos familiares. Todo padre, toda madre, por ejemplo, intenta propiciar en sus hijos una adecuada autonomía emocional. Un saber hacer con el que puedan sentirse mucho más competentes a la hora de pensar, de sentir y clarificar objetivos sabiendo asumir las consecuencias de los mismos.
Por su parte, existe mucha bibliografía al respecto de la dependencia emocional y de esas relaciones donde alguno de los dos miembros ejerce el poder, mientras el otro, asume y calla por miedo, por un amor ciego o incluso por la presión de una cultura determinada. La otra cara de la moneda es, por tanto, un aspecto del que no se habla tanto como se debería en muchos de nuestros manuales de autoayuda: la autonomía emocional.
Te proponemos ahondar en este aspecto clave.

Las sibilinas redes del control y la dominación

Algo en lo que deberíamos empezar a reflexionar es en el hecho de que las personas que no saben controlarse a sí mismas son las que más ejercen la dominación sobre los demás. Hablamos sin duda de esos perfiles que carecen de una auténtica madurez emocional y que, a su vez, necesitan controlar a quien más quieren para así, reforzar su propia autoestima y validar su poder.
Tal y como señalábamos al inicio, es muy complejo salir de estas dinámicas. En especial, porque casi siempre existe un ancla soterrada que nos impide movernos de ese terreno habitado por la dependencia hacia ciertas figuras de poder: padres, madres, parejas… Las redes de control y dominación son las más delicadas y las más resistentes, porque se alimentan del amor más tormentoso que existe: nos referimos a ese amor que nos quita el oxígeno, la vida, la luz.
La vida, por sí misma, no siempre nos permite disfrutar de una total y absoluta autonomía personal. Sin embargo, lo que sí tenemos a nuestro favor es la capacidad de poder de decidirEs ahí donde la autonomía emocional adquiere su máxima relevancia. En el momento en el que logremos desarrollar una adecuada claridad mental para recuperar la voz y la dignidad, seremos capaces de decir qué queremos, cuándo lo queremos, qué no queremos y a quién no queremos en nuestra vida.
Nos alzaremos, por tanto, como nuestras propias e indiscutibles referencias de poder.

Cómo lograr nuestra autonomía emocional

Alzarnos como hábiles estrategas en autonomía emocional, implica dominar ante todo eso que definimos como autoeficacia. Construir una identidad fuerte que vele por nuestra integridad, que sepa tomar decisiones responsabilizándose de las consecuencias y que a su vez, nos aporte un actitud positiva ante la vida, implica hacer un viaje muy particular. Un viaje a nuestro interior para ser consciente de diversos aspectos.
“Quien mira hacia fuera sueña, quien mira hacia dentro, despierta”
-Carl Gustav Jung-

Te proponemos iniciar ese recorrido a través de los siguientes pasos.

Las bases de la autoeficacia

Si alguien elige las cosas por ti, no te sientes eficaz. Si resuelven tus problemas, si esperas que alguien valide tus ideas, que te den permiso, o te indiquen por dónde debes ir y por donde no, nunca desarrollarás una adecuada autoeficacia. Así pues, recuerda, aunque dudes, aunque te de miedo, aunque no te sientas capaz, hazlo: decídete a actuar por ti mismo.
  • Uno de los mayores enemigos a de la independencia emocional, es sin duda la “autonomía comprometida”. Son esas situaciones complejas construidas sobre todo a nivel de pareja, donde los dos miembros viven en un autoengaño muy destructivo.
Es cuando le decimos al otro aquello de “tú haz lo que quieras”, “decide lo que necesites”, “Lo que digas me parecerá bien”, “sal esta noche con tus amigos si así lo quieres…” Cuando en verdad, lo que esperamos es justo lo contrario. En realidad, se trata de mandatos implícitos que debemos saber gestionar para que la autonomía emocional sea auténtica y plena en esa relación.

La autonomía emocional nos dicta también que ninguna persona tiene derecho a decidir por nosotros el estado de ánimo que debemos tener“Tú estás bien donde estás”, “Eso es lo que te conviene, eso es lo que te hace feliz y no esas tonterías que tienes en la cabeza”.
  • Otro aspecto en el que debemos reflexionar es en el hecho de que muchos de nosotros conocemos de sobra cuáles son los componentes que conforman la autonomía emocional. Los conocemos porque sabemos qué es la autoestima, la asertividad, la resiliencia… Sin embargo, a pesar de tenerlo claro seguimos lidiando con múltiples bloqueos emocionales.

Tal vez deberíamos tomar como propio el consejo que nos dejó Erich Fromm en su momento: “atrévete a ser libre”. Porque a veces, no es más que eso, atrevernos, dar el paso hacia delante para convertirnos en aquello que realmente queremos.
Psicología/Valeria Sabater
Imágenes cortesía de HuanLe
https://lamenteesmaravillosa.com