sábado, 10 de diciembre de 2016

Las caricias emocionales son el mejor alimento para el alma



El arte de las caricias emocionales va más allá del simple contacto físico. Es acariciar el alma con una mirada, es hablarle con ternura a un niño para decirle “estoy orgulloso de ti”, es un “te tengo en cuenta, te respeto y te quiero”, es la música que da aliento a nuestro cerebro emocional para aprender a valorarnos los unos a los otros.
Eric Berme, médico psiquiatra y fundador del Análisis Transaccional definió las caricias emocionales como unidades básicas de reconocimiento que buscan, por encima de todo, proporcionar estimulación a los individuos. Hablamos pues de un tipo de transacción, de un intercambio sabio donde se inscribe un tipo de lenguaje que actúa como un auténtico alimento para ese delicado universo psicoemocional que nos sustenta y define.
“Y he llegado a la conclusión de que si las cicatrices enseñan, las caricias también"
                                                   Mario Benedetti
Por mucho que defendamos nuestra independencia o ese placer ocasional por la soledad, las personas somos seres sociales por naturaleza, y para sobrevivir, para crecer en felicidad y seguridad necesitamos este tipo de estímulos: las caricias emocionales. Sin embargo, y aquí llega el auténtico problema, a día de hoy seguimos siendo unos humildes aprendices del mundo emocional.
Porque tal y como ya sabemos, hay quien escatima energías y voluntades en eso llamado reciprocidad, tampoco faltan los que por alguna razón piensan que no son dignos de recibirlas, y abundan, por supuesto, los hábiles arquitectos de las caricias emocionales negativas, esas que se ejecutan a través del sarcasmo, del desprecio y de la indiferencia.
Las mismas que recibe un niño que no es atendido o valorado por sus padres, la misma que siente una persona al no recibir afecto de su pareja. Un tema con muchos matices del que deseamos profundizar contigo.

La caricia emocional en peligro de extinción


El afecto, así como el respeto, no necesitan del contacto físico para demostrarse ni validarse. La caricia emocional, por ejemplo, se ejerce también en el ámbito laboral con ese directivo que delega su confianza en sus trabajadores, que los refuerza o los valora con palabras de admiración, de respeto y de gratitud. De hecho, tal y como decía Berme, este tipo de actos constituyen la unidad básica de todo acto social que cada uno de nosotros deberíamos saber aplicar.

►“Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto”
Aristóteles
Cuanto más amplio sea el repertorio de las caricias emocionales que dediquemos a los demás y que a su vez, recibamos del resto, más enriquecedora y hábil será nuestra convivencia. Sin embargo, en esta sociedad tan docta en conocimientos modernos se está perdiendo un poco la habilidad de conectar con la mirada, de hacer un refuerzo verbal, de ofrecer la palabra justa en el momento necesitado. Ahora, los emoticonos son nuestros grandes refuerzos conversacionales, y esos a los que recurrimos a veces con exceso.
Deberíamos ser capaces de desarrollar una ecología emocional para alzar escenarios más sostenibles en cuanto a reconocimiento, reciprocidad, empatía y respeto. Los niños, por ejemplo, no necesitan solo caricias emocionales de su familia. También la escuela y los educadores deben ser intuitivos en este tipo de refuerzos donde frenar dimensiones tan comunes como la frustración, el aislamiento o la inseguridad.
Asimismo, también las organizaciones y las empresas deberían ser capaces de crear climas más favorecedores donde el reconocimiento y el valor hacia el capital humano, incentive al fin y al cabo la creatividad y la productividad.

Acariciarse a uno mismo, acariciar a los demás

Las caricias emocionales deberían fluir entre nosotros como la placidez de un viento cálido que va de aquí y allá en las tardes de verano. En tranquilidad, iluminando a quien lo necesita, dando alas a quien se ha venido a bajo, arrancando sonrisas a quien hace un momento solo sentía amarguras.
Claude Steiner, autor del reconocido libro “Educación Emocional” abordó un aspecto que vale la pena tener en cuenta: así como hay gente que no sabe ofrecer caricias emocionales, también hay quien, sencillamente, cree no merecerlas. Son personas que, en un momento dado, y por la razón que fuera, dejaron de acariciarse a sí mismos, es decir, dejaron de valorarse, de alimentar su autoestima.
Este tipo de comportamiento encaja en lo que se conoce como la “ley de la escasez”, es decir; no pidas caricias positivas y no rechaces las caricias negativas, cuando en realidad, todos deberíamos vivir en ese mundo opuesto regido por la “ley de la abundancia”, a saber:
  • Ofrece caricias positivas.
  • Acepta las caricias positivas.
  • Sé capaz de pedir caricias positivas.
  • Sé capaz de de rechazar las caricias negativas.

El arte de saber  poner en práctica las caricias emocionales

Las caricias emocionales son, por encima de todo, la artesanía de la valoración. Valorar a alguien es demostrarle un “tú existes para mí, tú eres importante”.
►Ese reconocimiento manifiesto a través de un cumplido, un gracias o incluso a través de un consuelo, favorece la validación de la autoestima de esa persona así como su cooperación en la sociedad: todos salimos ganando.

Sin embargo, y esto conviene saberlo, las caricias emocionales tienen su lado oscuro. Aquí ya no hablamos de arte, sino de agresión y estaría representado por las siguientes acciones:
  • Hacer uso de la hipocresía como herramienta para ejercer el poder o lograr un objetivo.
Sin embargo, y para nuestra tranquilidad, en el ser humano abundan más los comportamientos positivos que los negativos. Porque al fin y al cabo, es así como sobrevivimos como especie: ofreciendo afecto, ternura, atención, consideración… Así pues, nunca está de más recordar cuáles son los principios y los beneficios de las caricias emocionales:
  • Las caricias emocionales se pueden ofrecer en cualquier momento y en cualquier lugar.
  • Son económicas, fáciles de ofrecer y ocasionan grandes efectos secundarios.
  • Las caricias emocionales están por encima de la clase social, de la edad, el género y la raza. Es algo universal.
  • Son el mejor antídoto contra el miedo, la frustración, las dudas y cualquier problema psicológico.
  • Las caricias emocionales promueven la salud mental y emocional, son, sin lugar a dudas, el mejor alimento para el alma.

Psicología/Valeria Sabater
Imagen principal cortesía de Claudia Tremblay
https://lamenteesmaravillosa.com

viernes, 9 de diciembre de 2016

Sigue estos 4 pasos para conectarte con tu alma



Propósito: Hacernos amigos del silencio.
Hipótesis a investigar: Existe una realidad interna o Yo real o Yo testigo.
1.- De los 1440 minutos del día adopta la decisión de tomar 10 para conectarte con tu alma, el Yo real no investigado.Por la mañana la mente suele estar más aquietada y puede sintonizar con mayor rapidez los estados superiores de conciencia.
Si comienzas todos los días, enfocando la atención en tu realidad espiritual, vivirás en forma muy distinta, empezarás a pensar lo que el alma piensa. La energía sigue al pensamiento. Tal como el hombre piensa, así es.
Sentado. La posición más fácil y cómoda es siempre la mejor.
La columna vertebral debe estar derecha, los hombros ligeramente levantados, la respiración natural. Distendido pero atento.
No combatas  ni estimules a ningún pensamiento. Tienen derecho a existir. Déjalos en libertad de movimiento y desaparecerán como los peces del lago o los pájaros en el cielo.
Si apresas a uno de ellos, caes preso de él, tienes que atenderlo y se vuelve exigente y reiterativo.
No divulgues a nadie tu método de desarrollar conciencia espiritual. Cultiva el silencio.
2.-Quédate solo en silencio, recostado a oscuras, atento, en un ambiente tranquilo y seguro. Observa la desaparición del tiempo.
3.-Percibe el estado de tu mundo emocional ahora. ¿Cómo están las aguas?
4.-Identifícate con el yo observador.
Fragmento de “El arte de Navegar por la vida” de Enrique Mariscal
Imagen: Carmen Sol
http://planosinfin.com/

jueves, 8 de diciembre de 2016

Los pensamientos destruyen, pero también curan


La salud y la enfermedad se ven actualmente como un complejo equilibrio que nace de la interacción entre cuerpo y mente, entre el organismo y los pensamientos. Poco a poco vamos superando las visiones reduccionistas que le restaban importancia a la influencia del mundo subjetivo sobre nuestro cuerpo y, por lo tanto, sobre la enfermedad y la curación.
La medicina convencional paulatinamente va tomando conciencia de las limitaciones de su enfoque.El Siglo XX estuvo marcado por un paradigma en el que predominaba la idea del cuerpo-máquina. Visto a través de esta óptica, el organismo era como un aparato compuesto por distintas piezas y la enfermedad era una disfunción en alguna de esas partes, tanto funcional como estructural.
    ►“Si no actúas como piensas, vas a terminar pensando como actúas”
                                                                                                  Blaise Pascal

Sin embargo, gracias a los mismos avances de la medicina, se ha podido comprobar que la dimensión interna tiene una fuerte influencia, ya sea directa o indirecta, en el estado de salud de cualquier persona. Además, esta influencia es aún más marcada sobre el estado de salud percibido. Por eso se dice que los pensamientos -con su influencia- enferman y matan, pero también que curan.

La medicina farmacológica y la medicina de los pensamientos

Bruce Lipton es doctor en Biología Celular y autor de varios libros. Se ha adentrado con profundidad en el tema de la salud, la enfermedad y la influencia de los pensamientos en esos procesos. Sus descubrimientos y razonamientos son verdaderamente interesantes.
Lipton indica que la medicina farmacológica es virtualmente un fracaso. Esto se debe a que las medicinas químicas, todas ellas, ocasionan efectos tanto o más adversos que la enfermedad misma. Asegura que, incluso, muchos de esos medicamentos, con el tiempo, llevan a la muerte.

También ha afirmado que el entorno natural de la célula es la sangre y que, a su vez, los cambios en la sangre están determinados por el sistema nervioso. Al mismo tiempo, el sistema nervioso es el entorno natural de los pensamientos y los sentimientos. Por lo tanto, desde el punto de vista de Lipton, son los pensamientos y los sentimientos lo que en últimas enferman y, en consecuencia, los que también tienen la posibilidad de ayudar en la curación.

El poder de los pensamientos sobre el cuerpo




No solo es Bruce Lipton, sino que también hay otros muchos investigadores que le otorgan un enorme poder a los pensamientos en el proceso de enfermedad y sanación. Hasta los médicos más adeptos a la farmacología saben que si alguien padece de algún mal, tiene mayores probabilidades de curarse si permanece en un entorno implicado, rodeado de afecto y de confianza.
No se trata de algo esotérico, ni de un efecto traído del más allá. La explicación del poder de los pensamientos es también un asunto de química. Cuando una persona está frente a una presencia agradable, o disfrutando de un estímulo positivo, su cerebro segrega dopamina, oxitocina y una serie de sustancias que le dan salud a las células. Lo propio ocurre cuando el estímulo es negativo, causando miedo, ira o cualquier otra emoción destructiva.
El organismo desarrolla diariamente una tarea titánica: producir cientos de billones de células nuevas para sustituir a las que mueren. También tiene que defenderse de miles de elementos patógenos que amenazan la salud. Si tu cuerpo siente que tiene que luchar cada día contra estímulos altamente negativos del entorno, ocupará toda su energía en ello y dejará de lado esas otras funciones de crecimiento y protección. La consecuencia: enfermas más fácilmente.

Entre la sugestión y la energía


efecto placebo ha sido estudiado en diferentes circunstancias y los resultados respaldan su influencia sobre nuestra percepción corporal. De hecho, varios de los medicamentos que están en el mercado solo tienen efectos ligeramente superiores a los de un placebo. Estos placebos son la prueba fehaciente de que la influencia de los pensamientos -en el caso del efecto placebo: expectativas- puede ser muy poderosa: crees que te curará y la intensidad de los síntomas remite.
La física cuántica ha puesto de relieve la importancia de la energía, que es la composición última de la materia. Todo y todos somos, en nuestra forma física más primitiva, energía. Por eso las nuevas medicinas se orientan más a equilibrar la energía, que a modificar químicamente el cuerpo. Parten de la idea de que los procesos de enfermedad se desencadenan por desequilibrios energéticos.

Esos desequilibrios muchas veces vienen dados por programaciones hacia pensamientos negativos, que traemos desde la infancia. Puede que conscientemente te convenzas de que debes pensar de otro modo y, sin embargo, algo en el fondo te impide que lo hagas. Así que lo que se debe cambiar no son los pensamientos conscientes, sino toda esa programación inconsciente que cargamos desde los primeros años. Es la manera de suscitar cambios que favorezcan la salud mental y, por tanto, la salud física.
(Nota de edición: con este artículo no queremos despreciar en ningún caso la importancia de la farmacología a la hora de afrontar enfermedades tan devastadoras como el cáncer, de hecho podemos decir que actualmente es imprescindible. Lo que sí queremos resaltar es la salud mental y el bienestar psicológico como dos elementos de influencia dentro del tratamiento que el paciente puede modular para mejorar o empeorar el pronóstico.)

Edith Sánchez
Imágenes cortesía de Marcel Caram
https://lamenteesmaravillosa.com