miércoles, 23 de noviembre de 2016

El ruido en nuestra cabeza


Mantenemos un diálogo casi perpetuo con nosotros mismos en forma de voz, o voces, en nuestras cabezas. Poca gente lo admite porque poca gente es siquiera consciente de este incesante parloteo y, por tanto, rara vez son conscientes de sus consecuencias.
Cada día nos decimos miles de frases en nuestras cabezas, y lo peor de todo es que no son generalmente palabras amables. Son pensamientos muy poco útiles y repetitivos. El 90% de lo que te dirás hoy es idéntico a lo que te dijiste ayer.
El pensamiento compulsivo y la adicción a las emociones que genera es una de las mayores lacras de la humanidad, y la fuente de la mayor parte de sus males.
Te recomiendo que seas consciente de tus voces internas, de todo aquello que TE dices, muchas veces sin siquiera darte cuenta, y que reflexiones sobre las emociones que ello genera en ti mismo. Reflexiona sobre cómo afecta lo que haces, lo que dices, la manera en que te relacionas con otros y tu percepción sobre todo lo que te rodea. Andar con una radio encendida en tu interior todos los días puede distorsionar enormemente tu experiencia de la vida, especialmente si esa radio emite en determinados canales.
Frases & Citas

  • “Haz un alto en tu interior en este mismo momento: cuando te detienes por dentro, psicológicamente, tu mente se apacigua, se clarifica. Sólo entonces consigues VER realmente.” BRUCE LEE.
  • “Algunos encuentran el silencio insoportable porque tienen demasiado ruido dentro de ellos mismos.” ROBERT FRIPP.
  • “No es la carga lo que te destruye, sino la forma en la que la llevas.” LENA HORNE.
  • “Recuerda: no eres la charla que oyes en tu cabeza. Eres el testigo que oye esa charla.” BILL HARVEY.
  • “El parloteo y el desasosiego sólo pueden terminar cuando la agitación de la mente es comprendida.” CARL GUSTAV JUNG.
  • “Las grandes elevaciones del alma no son posibles sino en la soledad y en el silencio.” ARTURO GRAF.
  • “Ninguna crítica me duele más que la que resuena con mi propia condenación.” HUGH PRATHER.
  • “El río debe estar en calma de manera que pueda reflejar la luna llena.” THICH NAHT HANH.
  • “A donde quiera que vayamos llevemos con nosotros la quietud. De esa manera, el movimiento caótico que nos rodea jamás nos ocultará la puerta de acceso al manantial de creatividad, al campo de la potencialidad pura, al pensar, al sosiego.” DEEPAK CHOPRA.
  • “Si la gente nos oyera los pensamientos pocos escaparíamos de estar encerrados por locos.” JACINTO BENAVENTE.
  • “El autoconocimiento es el final del sufrimiento.” JIDDU KRISHNAMURTI.
  • “Un hombre no trata de verse en el agua que corre sino en el agua tranquila; porque solo lo que en sí es tranquilo puede dar tranquilidad a otros.” CONFUCIO.
  • “Cuando hay muchísimo ruido y uno se halla en silencio, está solo.” JIDDU KRISHNAMURTI.
  • “No hay nada malo ni bueno en sí mismo, es nuestro pensamiento quien lo transforma.” HAMLET.
  • “La costumbre de ver el buen lado de cada cosa vale una fortuna. Todas las cosas tienen un lado bueno y otro malo y si sólo consideramos lo malo, nos parecerá que estamos en un mundo insoportable.” NOEL CLARASÓ.
  • “La mejor forma de saber que es lo que hay en tu corazón es escuchar la manera en como te expresas.” ANÓNIMO.
  • “La paz viene de dentro, no la busques fuera.” BUDA.
  • “En ningún parte puede hallar el hombre un retiro tan apacible y tranquilo como en la intimidad de su alma.” MARCO AURELIO.
  • “No hay desdicha mayor que esperar la desdicha.” PEDRO CALDERON de la BARCA.
  • “Qué triste es escuchar a alguien que no se escucha a sí mismo.” NOËL COWARD.
  • “La causa principal de infelicidad no es nunca la situación en la que te encuentras, sino lo que piensas acerca de ella.” ECKHART TOLLE.
https://habilidademocional.com

martes, 22 de noviembre de 2016

Fluir con nuestro cuerpo


¿En cuántas ocasiones hemos evitado la respuesta natural del cuerpo?
Nuestro cuerpo reacciona con impulsos naturales a determinadas necesidades internas, como toser, estornudar, llorar o dormir. Sin embargo, no siempre permitimos que se produzca. En ocasiones porque no tenemos tiempo, porque no es el momento, o por razones sociales. En definitiva, evitamos de forma casi inconsciente escuchar los impulsos del cuerpo.
¿Sabemos lo que eso significa?
La Medicina Tradicional Tibetana considera que hay 13 impulsos naturales del cuerpo para los hombres y 12 para las mujeres, a los que debemos escuchar y responder de forma fluida. En caso contrario, producen en el cuerpo reacciones adversas que pueden dar lugar a desórdenes y, en todo caso, a bloqueos de la energía viento y, con ello, al funcionamiento general del sistema.
1.Suprimir la sensación de hambre
La supresión habitual de esta sensación por medio de hacer ayuno o evitar comer cuando se tiene hambre, puede dar lugar a malestar general, mareos, demacración y anorexia.
2.Suprimir la sensación de sed
Evitar beber cuando se tiene sed, o posponer el momento, puede conllevar sequedad en la boca, mareo, desmayos y problemas de corazón.
3. Suprimir el vómito
Cuando contenemos el vómito se puede producir náusea, disnea, anemia, picores, urticaria, problemas de piel y ojos, tos y fiebre.
4. Suprimir los estornudos
Contener los estornudos provoca fundamentalmente problemas de atención, claridad en la percepción, dolores de cabeza, tortícolis y parálisis facial.
5. Suprimir los bostezos
La supresión de los bostezos da lugar a los mismos problemas que la contención de los estornudos, es decir, problemas de atención, claridad en la percepción, dolores de cabeza, tortícolis y parálisis facial.
6. Suprimir la inspiración profunda
La necesidad de tomar aire intensamente no debe suprimirse, su contención puede acarrear desmayos y problemas de corazón.
7. Suprimir la sensación de sueño
El evitar dormir cuando se tiene sueño puede causar bostezos, pereza, dolor de cabeza y sensación de cabeza pesada, cansancio de ojos y problemas digestión.
8. Suprimir la tos
Cuando se fuerza no toser, se provoca en el cuerpo una necesidad aún mayor de generar más tos. Puede además provocar la aparición de disnea, hipo, demacración, problemas de corazón y anorexia.
9. Suprimir el llanto
La supresión de la necesidad de llanto puede inducir problemas de corazón, de cabeza, generar frío en el cuerpo, mareos y anorexia.
10. Suprimir la expulsión de aire
Cuando contenemos la expulsión de flatulencias se genera un movimiento interno que empuja el aire hacia arriba pudiendo dar lugar a problemas de colon, estreñimiento, problemas digestivos, problemas en la vista o de corazón.
11. Supresión de la necesidad de evacuar
Las heces deben eliminarse siempre que se sienta la necesidad, suprimir este impulso natural puede acarrear problemas de cabeza, dolor de piernas y acumulación de frío.
12. Supresión de la necesidad de orinar
Cuando se siente el impulso de orinar no debe contenerse. Su supresión puede dar lugar a generar piedras, dolores de vejiga y dolores en la región genital.
13. Supresión de la eyaculación seminal
La contención de la eyaculación puede provocar eyaculaciones excesivas de semen, dolores en el pene, retención de orina, cálculos renales e impotencia.
De la misma forma que suprimir estos impulsos implica la aparición de un problema de salud, forzar cualquiera de esas actividades de naturales conlleva, igualmente, el germen de un desequilibrio.

►En el día a día debemos ser capaces de fluir naturalmente con el cuerpo, y ser conscientes de sus necesidades.

https://escuelamedicinatibetana.wordpress.com/

lunes, 21 de noviembre de 2016

Los cambios ocurren cuando decidimos hacer lo que no solemos hacer



Es probable que en más de una ocasión te hayas propuesto cambiar. Cambiar tu estilo de vida, cambiar esos pensamientos que te hacen sentir mal, cambiar tu forma de relacionarte con la gente... Sin embargo, también es probable que después de un breve período "de prueba" hayas dado marcha atrás recuperando esos viejos hábitos, lo cual suele generar una gran frustración. ¿Qué ha sucedido?

En realidad, somos seres de hábitos. No es culpa nuestra, estamos programados así. Nuestro cerebro es un ahorrador de recursos nato, quiere hacer lo máximo posible con el menor esfuerzo. De hecho, ni siquiera se trata de algo negativo, los hábitos nos permiten ahorrar tiempo y energía, que podemos destinar a cosas más importantes. Sin embargo, el problema comienza cuando nos convertimos en víctimas de esos hábitos y formas de pensar, cuando no le dejamos espacio al cambio. Entonces funcionamos en piloto automático y comenzamos a morir lentamente.

¿Cómo funcionan nuestras dos mentes?


No tenemos uno, sino dos cerebros que trabajan de manera concertada a través de un cableado neuronal ascendente y descendente. Existe un cerebro subcortical, que es más primitivo y que usa la vía ascendente para comunicarse con el neocórtex, que forma el estrato más elevado del cerebro y está vinculado a la toma de decisiones conscientes, el pensamiento y el autocontrol emocional. Ese cerebro usa la vía descendente para comunicarse con la zona subcortical.

Por eso, es como si existiesen dos mentes funcionando al unísono. La mente subcortical siempre está en funcionamiento, es más rápida, involuntaria y automática. Está motivada por impulsos y emociones, encargándose de nuestras rutinas habituales y de guiar nuestras acciones cuando debemos tomar una decisión en cuestión de milisegundos.

El neocórtex es más lento ya que funciona de manera voluntaria. Su tarea es la de movilizar las rutinas, acallar los impulsos emocionales, aprender nuevos modelos, esbozar planes y tomar decisiones en las que hemos sopesado, más o menos, los pros y los contras de las diferentes alternativas.

Lo interesante es que cada vez que tenemos que aprender algo nuevo, el neocórtex se activa. Sin embargo, a medida que vamos dominando la técnica, por una mera cuestión de economía energética, la balanza comienza a inclinarse hacia la parte descendente. Así, cuanto más ejercitamos cierta rutina, más se desconectará el neocórtex y más se activará la zona subcortical.

El cerebro funciona de esta manera para ahorrar energía. Con esa distribución de las tareas el cerebro intenta obtener, con el mínimo esfuerzo, el máximo resultado. Por supuesto, no es algo negativo, al contrario, de esta forma el resto de nuestros recursos cognitivos se liberan. 

De hecho, el sistema automático funciona la mayor parte del tiempo bastante bien, pero también tiene ciertas “debilidades”. Nuestras emociones y motivaciones provocan sesgos y desajustes de los que no solemos darnos cuenta. Por tanto, si de vez en cuando no activamos el neocórtex, corremos el riesgo de quedarnos estancados en esa zona de confort que ha creado nuestro cerebro. 

Apostar por el cambio puede dar miedo pero es imprescindible


El cambio implica novedad, y todos los estímulos novedosos pasan primero por el tamiz de la zona subcortical. Sin embargo, cuando nuestra mente ha estado funcionando durante demasiado tiempo a base de hábitos, ese cambio genera una respuesta de alarma. La amígdala considera que es un peligro que desestabilizará el equilibrio alcanzado, por lo que enciende un bombillo rojo.

Si no somos capaces de superar esa fase, nos quedaremos paralizados, superados por el miedo. Nos quedaremos limitados a nuestra zona de confort, donde podremos sentirnos muy cómodos pero, tarde o temprano, cuando el mundo cambie, nos daremos cuenta de que somos incapaces de adaptarnos y de modificar nuestros hábitos. En ese preciso instante nuestra zona de confort se convertirá en la zona del disconfort.

Por eso, es importante no apoyarnos demasiado en nuestra zona subcortical y mantener activo nuestro neocórtex. Eso significa:

- Desarrollar la atención plena, ser más conscientes de lo que nos rodea, de nuestros hábitos y de nuestros pensamientos y emociones.

- Buscar la novedad y vivir nuevas experiencias, de manera que el cerebro subcortical no se asuste ante lo nuevo.

- Reflexionar sobre nuestros hábitos y creencias, preguntándonos si siguen siendo funcionales o si han perdido su razón de ser.

El secreto para cambiar es muy sencillo: tomar la decisión, con nuestro neocórtex, y luego implicar la zona subcortical de manera que su función se limite a mantenernos motivados. Hacerlo es más fácil cuando comprendes que esos miedos, inseguridades y resistencias en realidad provienen de la parte de tu cerebro que quiere mantenerte atado a los viejos hábitos.

Recuerda que solo cuando te atreves a hacer lo que no sueles hacer, logras resultados diferentes, a menudo extraordinarios.

Psicología/Jennifer Delgado

Fuente:
Goleman, D. (2013) Focus. Desarrollar la atención para alcanzar la excelencia. Barcelona: Editorial Kairós.