domingo, 20 de noviembre de 2016

El hábito que catapultará tu Inteligencia Emocional


La Inteligencia Emocional es importante, todos lo sabemos. Y todos queremos desarrollarla. Sabemos que si somos conscientes de nuestras emociones, que si comprendemos su causa y somos capaces de captar esas primeras y sutiles señales antes de perder el control, podremos gestionarlas mejor e incluso utilizarlas a nuestro favor.

Sin embargo, a menudo no sabemos por dónde comenzar o podemos sentirnos abrumados por todos los cambios que necesitamos hacer. Como resultado, simplemente no hacemos nada, nos quedamos estancados en nuestra zona de confort. Por eso, es importante atreverse a dar el primer paso, aunque sea pequeño. De hecho, ese primer paso no te llevará a donde quieras llegar, pero te permitirá salir de donde estás.

Las habilidades básicas de la Inteligencia Emocional


En primer lugar, es importante saber que la Inteligencia Emocional es un concepto complejo que implica diferentes competencias:

- Autoconciencia emocional. Comprender cómo nuestras emociones y sentimientos influyen en nuestros comportamientos, actitudes, expectativas y decisiones. 

- Autorregulación emocional. Reflexionar y gestionar nuestros sentimientos y emociones, para no actuar de manera irreflexiva e impulsiva. No significa obviar las emociones en la toma de decisión, sino darles su justo peso, ni más ni menos.

- Automotivación. Saber enfocar las emociones hacia nuestros objetivos, utilizándolas a nuestro favor para mantenernos motivados y sortear los obstáculos que encontraremos a lo largo del camino. Implica, de cierta forma, mantenerse positivos y desarrollar una actitud proactiva ante la vida.

- Empatía. No significa únicamente comprender los puntos de vista de los demás y sus decisiones sino también compartir sus emociones y ser capaces de captar los estados emocionales de los demás a partir de pequeñas señales extraverbales, de manera que podamos establecer un vínculo más estrecho.

Como podrás suponer, desarrollar la Inteligencia Emocional implica mucho trabajo. Sin embargo, existe un pequeño “atajo”, un buen punto de partida que te permitirá catapultar estas competencias. Se trata de un secreto muy sencillo: hacer una pausa.

Fácil en teoría, difícil en la práctica


Hacer una pausa, a veces de tan solo unos segundos, puede marcar una gran diferencia en nuestras reacciones. Se trata de un consejo muy sencillo, pero resulta muy difícil de ponerlo en práctica. De hecho, incluso a las personas que más han avanzado en el autocontrol emocional puede resultarles complicado inhibir sus respuestas cuando han tenido un mal día, no han descansado lo suficiente o simplemente les han tocado una fibra sensible.

No obstante, los beneficios de hacer una pausa antes de responder son enormes. De hecho, esas fracciones de segundos son más que suficientes para permitir que tu cerebro racional tome el mando, de manera que podrás pensar antes de reaccionar. Así evitarás que se produzca un secuestro emocional en toda regla, del que después podrías arrepentirte.

Lo más interesante es que hacer una pausa no solo es una buena estrategia para lidiar con las situaciones que te molestan, irritan o enfadan sino también ante aquellas que, aparentemente, parecen buenas oportunidades. De hecho, responder positivamente de forma apresurada, dejándote llevar por la alegría o el entusiasmo del momento, es uno de los peores errores que cometemos a menudo y en diferentes situaciones, desde “aprovechar” ese descuento en la tienda que parece tan bueno pero que después no lo es, hasta decir que sí a un proyecto del que no podemos encargarnos solo porque en ese momento nos sentimos halagados.

Hacer una pausa te permitirá reenfocar el asunto. Considera que la primera reacción emocional siempre estará centrada en nosotros, en lo que sentimos respecto a la situación en la que nos encontramos. De hecho, se trata de un mecanismo de análisis muy primitivo que tiene lugar en nuestro cerebro emocional, gracias al cual, evaluamos en cuestión de milisegundos cómo nos hace sentir determinada situación. Sin embargo, hacer una pausa nos permitirá pasar al siguiente nivel y dar una respuesta razonada, más centrada en los demás, mucho más neutral y, probablemente, más conciliadora.

Los 3 pasos imprescindibles para hacer una pausa


Cuando te enfrentes a cualquier tipo de situación, ya sea una de esas que te molestan o aquellas que te entusiasman, lo mejor es que hagas una pequeña pausa antes de responder o decidir.

1. Reconocer. El primer paso consiste en aprender a reconocer esas señales internas que indican que las emociones están tomando el control. Cada persona es diferente, por lo que debe aprender a distinguir esas pequeñas pistas que le brinda su cuerpo. Por ejemplo, hay quienes sienten la ira como una llama que sube por su pecho, mientras que la alegría es una sensación que les inunda.  

2. Detener. Resiste la tentación de actuar inmediatamente, de decir lo primero que te pasa por la mente. Sé consciente de ese impulso y toma la decisión de detenerlo. Desde el mismo momento en que decides detener ese impulso, le cedes el mando al cerebro racional.

3. Respirar. Para detener el impulso, te ayudará tomar un respiro profundo y largo. Toma el aire por la nariz, retenlo durante unos segundos, céntrate en el movimiento del pecho y el abdomen y después, suéltalo lo más lentamente que puedas por la boca.

En este punto, es probable que ya estés listo para responder. Si no es así, al menos estarás en condiciones de comprender que no es el mejor momento para actuar o tomar una decisión. En ese caso, da un paseo, establecer una distancia física y caminar para despejar la mente te permitirá reaccionar mejor.

Psicología/Jennifer Delgado

Fuente: 
Goleman, D. (1996) Inteligencia emocional. Madrid: Kairos.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Superalimentos que mejoran el funcionamiento de nuestro cerebro


Somos lo que comemos. La alimentación es crucial para tener una buena salud, y hay que tomarse en serio la dieta por el poder que tiene para condicionar el funcionamiento de nuestro cuerpo y de nuestro cerebro. Nuestro organismo requiere diferentes nutrientes para funcionar correctamente, por lo que es importante conocer las propiedades de diferentes alimentos.
El cerebro es una de las partes de nuestra anatomía más importantes: es la “central” desde donde se envían las ordenes al resto del cuerpo. Tenemos que asegurarnos de que nuestra alimentación es saludable y de que a través de ella cuidamos de él.
En este artículo te vamos a presentar algunos de los nutrientes y alimentos que nuestro cerebro necesita para funcionar de manera correcta. Tanto el déficit en algunos de estos nutrientes, como el exceso de consumo de algunos de ellos, pueden tener repercusiones negativas.


Vitaminas del complejo B

Las diferentes vitaminas del complejo B contribuyen a producir energía, al crecimiento y a la división celular. También se forman parte del proceso de producción de hormonas, enzimas y proteínas. Así como al mantenimiento del sistema nervioso y del sistema inmunitario.
La vitamiana B1 (Tiamina)  se ocupa de que el organismo transforme los alimentos en energía para que el cerebro absorba la glucosa. El déficit de tiamina puede causar depresióncansancio, déficit de atención, problemas de memoria o de agilidad mental. Algunos alimentos ricos en tiamina son:
  • Carne de cerdo
  • Jamón
  • Pescado
  • Pollo
  • Hígado de ternera
  • Huevos (yema)
  • Pasas
  • Guisantes
  • Semillas de lino
  • Tomate
  • Patatas
Vitamina B3 (Niacina) tiene funciones energéticas junto con B2 y B1. Nutre el cerebro, mejora la ansiedad y previene el insomnio. Los alimentos que la contienen son:
  • Leche y derivados
  • Pescado azul
  • Cacahuetes
  • Semillas de calabaza
  • Lentejas

Antioxidantes

Pueden prevenir o retrasar algunos daños en las células y también están implicado en los procesos de envejecimiento. El oxígeno es muy importante, pero la exposición a este causa oxidación y las sustancias químicas corporales se alteran produciendo radicales libres. Los radicales libres contribuyen al envejecimiento, y la aparición de enfermedades como el cáncer, diabetes, o problemas cardiacos.

Los antioxidantes pueden luchar contra el efecto de los radicales libres en nuestro cuerpo. Dentro del grupo de los alimentos antioxidantes se encuentran:
  • Vitamina A : leche, hígado, mantequilla, huevos
  • Vitamina E: avellanas, col rizada, espinaca
  • Beta carotenos: zanahoria, albaricoque, melocotón, brócoli
  • Vitamina C: papaya, fresa y naranja
  • Luteína: espinaca, acelga
  • Licopeno: sandia
  • Selenio: maíz, trigo, arroz
El estrés oxidativo también contribuye en la neurodegeneración y por tanto en la aparición de la demencia tipo Alzheimer. Aunque no es la única causa de la aparición de la enfermedad, una dieta rica en antioxidantes es una buena estrategia preventiva, junto con practicar deporte o mantener activa la mente.

Triptófano

El triptófano es un aminoácido esencial para sintetizar el neurotransmisor serotonina. Relacionado con las emociones, depresión, control de la temperatura, hambre y sueño. La serotonina también regula la secreción de melatonina, que está relacionada con el sueño y con el funcionamiento del sistema inmunitario.
El déficit de triptófano puede tener diferentes repercusiones en nuestro organismo como un sistema inmunológico vulnerable, estrés, ansiedad o depresión. Existen diferentes momentos en los que sería apropiado aumentar el consumo de este nutriente. Como en momentos en los que suframos insomnio, periodos de alto estrés, agotamiento físico o mental.
El triptófano se puede encontrar en los siguientes alimentos:
  • El queso
  • El pescado
  • La leche
  • Las semillas de calabaza
  • La soja
  • El tofu
  • El pavo

 Fenilalanina

Es un  aminoácido que posee la cualidad de bloquear ciertas enzimas como las encefalinasas que se encargan de degradar las enceflinas y endorfinas naturales. Estas son analgésicos endógenos, por lo que este nutriente actúa como una especie de analgésico natural. También favorece la memoria y el aprendizaje.

Colabora en la formación de algunas neurohormonas que suavizan la sintomatología de algunas enfermedades neurológicas. Existe una enfermedad congénita en la que se carece de la enzima que metaboliza la fenilalanina  acumulándose en el organismo. En este caso, es tóxica para el sistema nervioso central y causa daño cerebral.
Los alimentos ricos en este nutriente son:
  • Salmón
  • Lentejas
  • Almendras
Actualmente la mayoría de nosotros contamos con poco tiempo para comer y para cocinar. Esto hace que la decisión sobre lo que compramos e ingerimos sea dictada por los impulsos, mas que por una planificación meditada. Esta es sin duda la mejor forma de darle a nuestro cuerpo las llamadas “calorías vacías”, de las que nuestro apetito casi siempre está ávido.
Una posición contraria a la que la vorágine nos empuja, sería dedicar un rato a la semana a hacer un pequeña planificación de comidas en las que estuvieran presentes estos componentes esenciales. Cuerpo solo tenemos uno y su salud repercute directamente en nuestro desempeño. Así, ¿qué mejor inversión que la de dedicar un rato a cuidarle?

Psicología/Carolina López
https://lamenteesmaravillosa.com

La importancia de los sesgos en el malestar psicológico


Pero, ¿qué es eso de los sesgos? Es la tendencia del cerebro a dar mayor relevancia y procesar un cierto tipo de información por encima de otro. Puede parecer algo complicado de entender, lo sé. Por eso, en este artículo os explicaré de forma amena y concreta cómo influyen en nuestras emociones.
Así pues, veremos las diferencias entre los sesgos normales y los negativos. Estos últimos van a hacer que el malestar que sintamos sea mayor. Así, para evitar sus efectos indeseables va a ser imprescindible que conozcamos cómo surgen y de qué manera actúan en nuestros procesos de pensamiento .
“La verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés”
Antonio Machado

¿Qué son los sesgos cognitivos?

Cada día nos cruzamos con una cantidad considerable de información, que procede tanto del exterior como de nuestro interior. Si nuestro cerebro tuviera que procesarla toda, no habría tiempo para nada más. De esta forma, no podría cumplir el resto de funciones sobre las que tiene competencia y responsabilidad.
Es por esto que nuestra mente toma unos “atajos” a la hora de interpretar la información que recibimos. Son los sesgos cognitivos. Así, todos nosotros presentamos una cierta tendencia a atender, interpretar y recordar cierta información por encima de otras. De esto se vislumbran tres tipos de sesgos:
  • Atencional: es la tendencia a atender a un tipo de estímulos en contra de otros cuando se presentan a la vez.
  • Interpretativo: es la tendencia a interpretar las situaciones de una determinada manera.
  • De memoria: es la tendencia a recordar ciertos eventos para interpretar la situación actual.


El sesgo atencional

A priori, presentar sesgos es normal, necesario y beneficioso ya que nos ahorra una cantidad considerable de recursos mentales. Como se ha comentado, ahorran tiempo y energía a nuestro cerebro en el procesamiento de la información y permiten que este se focalice en el resto de tareas que debe realizar.
Así pues, ¿cuándo se tornan perjudiciales para nosotros? Respecto al sesgo atencional, esto ocurre cuando se da hacia estímulos negativos. Es decir, cuando una persona se fija más en la información que pueda ser amenazante o perjudicial por encima de la neutra o beneficiosa.
Por ejemplo, una persona tendría un sesgo atencional negativo si se fija en que un oyente está con el ceño fruncido en lugar de otro que le está prestando atención en una situación de hablar en público. Otra que presente un sesgo atencional que no va a perjudicarla probablemente se fije en otros aspectos, como en que hay alguien escuchándola que tiene el mismo ordenador que ella.
Ante esta situación, la persona con un sesgo negativo se irá con la sensación de que la gente ponía caras de extrañeza mientras hablaba, desencadenando un procesamiento que derive en una serie de emociones negativas. Por otro lado, este sesgo atencional negativo puede ser una consecuencia natural del sesgo de confirmación: un sesgo mediante el cual buscamos activamente información que confirme la tesis previa que mantenemos.
En este caso, la persona puede haber buscado confirmar que no tiene aptitudes para exponer en público y por lo tanto ha prestado especial atención a la información que estaba en sintonía con su tesis. Por otro lado, ha ignorado la contraria o la ha desligado de su aptitud. Puede pensar que las personas que no han torcido el gesto o han aplaudido lo han hecho por cortesía más que por una valoración sincera del espectáculo. Este es precisamente el sesgo interpretativo del que hablaremos a continuación.
La mente es un espejo flexible, ajústalo, para ver mejor el mundo”
Amit Ray


¿Y el sesgo interpretativo?

Algo similar pasa con los otros dos sesgos que hemos definido. El interpretativo es perjudicial cuando valoramos las situaciones como peligrosas o amenazantes, aunque en realidad sean neutras o ambiguas.
Un ejemplo de ello se puede derivar del puesto anteriormente. Una persona con un sesgo normal no tiene por qué pensar que a la gente no le ha gustado su discurso. Puede creer que simplemente tiene alguna duda al respecto o que está pensando en sus propios asuntos. Sin embargo, alguien que presente este sesgo negativo interpretaría esto como que él es un mal orador, que el tema que está exponiendo carece de interés, que los oyentes piensan que es un ridículo, etc.

El sesgo de memoria, ¿cómo actúa?

Por último, el sesgo de memoria nos hace mal cuando tendemos a recordar situaciones negativas pasadas para interpretar las actuales, en lugar de recuperar de la memoria otras que sean neutras o positivas.
En relación con el ejemplo que estamos desarrollando para explicar los sesgos, una persona que se acuerde de que hace unos años hizo una presentación desastrosa  y valore en función a esto el momento actual, va a pensar que la actual necesariamente también va a ir mal.
En contraste, una persona que también haya pasado por una situación similar, en la que le haya salido mal una exposición, pero que recuerde más las que le han salido bien, no hará una presentación invadida por las emociones negativas que nacerían en ella si solamente recordara la exposición desastrosa.
Son numerosos los estudios que prueban la presencia de sesgos cognitivos negativos en relación con numerosos trastornos psicológicos. También existen numerosos estudios que hablan de personas sin ningún trastorno, pero para las que estos sesgos suponen una fuente enorme de emociones negativas. Finalmente, todos a lo largo de nuestra vida hemos caído alguna vez en sus redes.
De esta manera, se hace interesante saber cómo funcionan, así como trabajar para mejorarlos de manera que su poder quede reducido. Así, esperamos que este artículo te eche una mano a la hora de identificarlos y realizar una intervención rápida para que condicionen tus pensamientos y emociones lo mínimo posible.
Psicología/Laura Reguera Carretero
https://lamenteesmaravillosa.com
                                                                                                     Imágenes cortesía de Ryan McGuire.