lunes, 24 de octubre de 2016

Necesidad de silencio

Ciertamente, en un mundo tan contaminado por la constante necesidad de impresiones nuevas, se hace necesaria la creación de espacios de silencio y calma donde poder cultivar la olvidada conexión con el sí mismo, el Atman.





“Una de mis grandes obsesiones es el silencio. El silencio como necesidad fundamental.
En un mundo tan ruidoso como el de hoy, el silencio se ha de producir, se ha de ‘fabricar’, porque ya no existe”.
                                                                                                Jaume Plensa (escultor)
La conexión con el Ser sólo es posible lograrla a través del recogimiento, la soledad y el silencio. Sin embargo, la realidad es evidente: hoy en día tales condiciones son cada vez menos fáciles de encontrar.
Día a día las impresiones son mayores en número y reclaman nuestra atención constantemente logrando aquel objetivo por el que muy posiblemente fueran creadas: el olvido de nuestro Ser. Y, por extensión, el olvido del potencial infinito que el ser humano alberga en su interior.
Por este motivo, se hace urgente a la vez que imprescindible la creación de condiciones de espacios de silencio que favorezcan la experiencia de la reconexión consciente con el Ser.
En el silencio todo un mundo nuevo aparece. En realidad no es nuevo, sino más bien olvidado. Lo hemos olvidado al ir detrás la efímera excitación que la multiplicidad de impresiones genera.

Sin embargo, ese mundo interior es nuestro, forma parte del patrimonio de la humanidad. Nos pertenece por derecho de nacimiento y a través del silencio su reconquista es posible, y con ello el retorno a nuestra patria verdadera: el estado de unidad.
Emilio J. Gómez / http://www.yogaenred.com/

domingo, 23 de octubre de 2016

La buena salud es resultado de la coherencia y el equilibrio


Varias de las medicinas complementarias o alternativas sostienen que la buena salud es fruto del equilibrio interior, más que de cualquier factor externo. Ese equilibrio, a su vez, se logra a partir de la coherencia en la forma de pensar, sentir y actuar. Todo ello se consigue cuando logran resolverse los conflictos que muchos guardamos.
Para llegar a esas conclusiones, hay ramas como la “patobiografía” que estudia el momento de la vida en que se produce una enfermedad. La Fundación Chiozza de Argentina, por ejemplo, tiene miles de casos reseñados durante 30 años. En todos ellos, logró encontrarse una relación directa entre la pérdida de la salud y algún conflicto que las personas se negaban a reconocer.
Por su parte, Enric Corbera, psicólogo español, señala que la clave para recuperar la buena salud es llegar a la “emoción oculta”. Según él, dicha emoción podría ser incluso transmitida desde una generación anterior.
“El equilibrio es el perfecto estado de agua calmada. Que ese sea nuestro modelo. Permanece tranquilo en el exterior y sin disturbios en la superficie”
                                                                                                    Confucio

Así las cosas, para tener una buena salud tenemos que indagar en nuestro interior para identificar aquellos rincones oscuros que necesitan una limpieza. La toma de consciencia se traduce en comportamientos más coherentes, es decir, más acordes con lo que realmente deseamos hacer. Finalmente, esto se proyecta como un estado de mayor equilibrio y, con ello, nuestro cuerpo se encontrará mejor.

La buena salud y la coherencia

►Sehabla de coherencia cuando coincide lo que sientes, con lo que piensas y haces. Ningún ser humano tiene una coherencia absoluta, pero quienes ostentan una buena salud mental sí son básicamente coherentes en los aspectos más importantes de sus vidas. Por eso no tienen que hacer un gran desgaste emocional frente a cada situación.

Las personas coherentes suelen sentir interés por su trabajo. Buscan las compañías que les agradan y establecen relaciones en las que prima la armonía y el afecto. También son buenos negociando con las limitaciones naturales que perciben en ellos, sin caer en angustia o la desesperación. Y, como precisamente tienen esa coherencia, en general gozan de buena salud, ya que sus emociones se mueven a un ritmo que pueden controlar y del que se puden servir.
En cambio, otras personas experimentan un malestar constante por su forma de vida, pero no atinan a precisar exactamente de dónde proviene, ni tampoco hacen esfuerzos reales para superar esa inconformidad. Quisieran ser otros, o vivir de otra manera, pero no se esfuerzan realmente por hacer esos cambios.
En ese caso, cada situación puede implicar un alto grado de desgaste emocional. Si trabajan en lo que no desean, tendrán que hacer muchos esfuerzos para soportarlo. Si viven o establecen lazos en los hay un fuerte componente de daño mutuo, se verán obligados a sortear miles de dificultades a cada rato. Y así las cosas, en ese maremágnum de emociones encontradas, lo más probable es que su salud termine resintiéndose.

El equilibrio y la salud

Muchos definen la enfermedad como la pérdida de equilibrio en uno o varios aspectos de la vida. Un malestar de salud estaría indicando que se ha producido un exceso o un defecto en el intercambio con el entorno. Y, principalmente, que el organismo no ha sido capaz de sortear la falta o la abundancia de algo.
Cuando las emociones están alteradas por alguna razón, lo que ocurre es precisamente que nuestro cuerpo pierde su equilibrio y no puede funcionar normalmente. Ese desequilibrio es químico en primera instancia, pero si se mantiene por mucho tiempo repercutirá físicamente en la estructura de nuestros órganos.

Esto se comprueba fácilmente cuando, por ejemplo, tienes un gran enfado, o has vivido algo que te impresiona mucho y luego te piden que comas. Seguramente tu propio cuerpo se encargará de rechazar el alimento, porque primero debe apaciguar los efectos de esa experiencia. Una vez restaurada la calma, volverá a asimilar la comida con normalidad.
El ejemplo es simple, pero sirve para ilustrar la forma en la que lo emocional puede condicionar el funcionamiento de nuestro cuerpo. Y si eso ocurre con frecuencia, en definitiva, el cuerpo termina enfermando. Pero no es el factor externo lo que te enferma, sino esos conflictos que se expresan como estados emocionales alterados y que le impiden a tu cuerpo aceptar y procesar lo que viene de afuera. El camino de la salud es llegar hasta esas emociones disfrazadas, quitarles la careta y resolverlas.

Edith Sánchez/ https://lamenteesmaravillosa.com

sábado, 22 de octubre de 2016

El sexto sentido: la voz de la intuición que nos guía en la vida


El sexto sentido es la capacidad natural del ser humano por intuir. Hablamos de esa voz interior que nos llega desde la lucidez de esas corazonadas a las que no todos dan validez. Sin embargo, las ideas “sentidas” tienen, a veces, mucho más valor que las ideas “pensadas”, porque son el reflejo de nuestro auténtico ser.
Ahora bien, pero…¿podemos fiarnos realmente de nuestro sexto sentido? La respuesta es sencilla: hay que darle el valor que merece. Porque no estamos hablando en absoluto de “percepciones extrasensoriales” ni de “precognición”. Las intuiciones son ideas que nos regala el cerebro casi sin saber cómo. El sexto sentido, en realidad, es una delicada búsqueda por nuestros océanos inconscientes para hallar una respuesta adecuada en un instante de necesidad.
“En el mar, como en el amor, suele ser mejor seguir una corazonada que obedecer a una biblioteca”
-John R. Hale-


A veces, al conocer a una persona, hay una voz interna que nos indica que no es de fiar. Cuando hemos de tomar una decisión sobre algo, aún después de meditarla, elegimos la opción que habíamos sentido desde el principio. El sexto sentido siempre está ahí, presente pero oculto. Discreto pero guiando, modelando muchas de nuestras reacciones, de los caminos que tomamos en la vida.
Lejos de ver esta dimensión como algo poco fiable, vale la pena tener en cuenta la trascendencia que está tomando a día de hoy. Disponer de una buena inteligencia intuitiva es permitirnos profundizar más en nosotros mismos para adaptarnos mucho mejor a nuestro entorno. De este modo, seremos más eficaces en nuestros trabajos y más felices en nuestras relaciones. Te explicamos por qué.

El sexto sentido y su privilegiado “rincón” en el cerebro

Sabemos que el cerebro funciona en base a datos y a informaciones que conecta entre sí. Ahora bien,nuestro cerebro no lo sabe todo, y muchas veces, está obligado a improvisar. De hecho, lo hace gran parte del tiempo. Lo hace en base a nuestras experiencias, a todo lo que hemos visto, sentido e interpretado para, de este modo, gestar una intuición.
No obstante, hay que tenerlo claro: el sexto sentido es un fabuloso sistema de supervivencia. Es, por decirlo de algún modo, como un “sistema de alarma”. Cuando algo no va bien o cuando necesitamos reaccionar de un modo rápido y efectivo, se activa este fascinante circuito interior. Esta brújula. Gracias a esos “regalos” en forma de corazonadas conseguimos ajustar el rumbo de nuestro comportamiento para poner en marcha una respuesta más efectiva.
En los últimos años este tema ha suscitado un gran interés. Hasta el punto de que conocemos ya la región exacta en la que se desarrolla el sexto sentido. Científicos de la “Washington University de St. Louis“, nos explican que se ubica en la corteza cingulada anterior del cerebro, una región situada estratégicamente entre los dos hemisferios. Es más, según los expertos esta área se conectaría con nuestra “mente inconsciente” para advertirnos de ciertos peligros.
Es sin duda un aspecto fascinante.

Características de las personas con sexto sentido


En 1930, cuando un periodista le preguntó a Albert Einstein sobre si creía verdaderamente en su teoría sobre la relatividad, éste respondió que “la única cosa realmente valiosa es la intuición”. Tenía plena seguridad de que sus estudios eran ciertos, lo “intuía”.


“Una corazonada es la creatividad tratando de decirte algo”
-Frank Capra-

Einstein, su personalidad y esa confianza auténtica en su trabajo es un gran ejemplo del sexto sentido. A veces, no necesitamos ver y tocar una cosa para creer en ella. Nadie nos tiene demostrar,por ejemplo, que el camino que tomamos es el acertado si así lo sentimos. Tampoco hemos consultar una biblioteca entera para saber que amamos y que somos amadosNos lo dice el corazón. Nos lo dice la intuición.


Rasgos que definen a las personas con un sexto sentido

Hemos de saber en primer lugar que el sexto sentido puede entrenarse y trabajarse día a día. De hecho, contamos con libros tan interesantes como “Educar la intuición: desarrollo del sexto sentido”de Robin Hogarth o de “La inteligencia intuitiva” de Malcolm Gladwell.
Asimismo, estos autores nos indican que es común desarrollar un auténtico sexto sentido entre los 40 y los 50 años. Es una época de mayor crecimiento interior, un despertar a nuestras emociones y auténticas necesidades. No obstante, podemos resumir los rasgos generales de las personas con mayor intuición a través de estas características:
  • Escuchan su voz interior.
  • Se conectan con su soledad de forma frecuente. Se deleitan de estos instantes.
  • Son personas muy creativas.
  • También suelen ser muy analíticas.
  • Son también personalidades muy observadoras que practican la atención plena.
  • Escuchan a sus cuerpos con una finalidad muy concreta: para aprender a sintonizar su cuerpo y prestar así más atención a sus “corazonadas”.
  • Toman en cuenta sus sueños.
  • No les agradan las reglas.
  • Asumen riesgos.
  • Cometen muchos errores y aprenden de ellos.
  • Son independientes.
Asumir una perspectiva vital basada en estas estrategias nos llevará sin duda por caminos más liberadores, más satisfactorios. Porque al fin y al cabo el intelecto siempre tiene la razón, pero la intuición rara vez se equivoca.

Psicología/Valeria Sabater
https://lamenteesmaravillosa.com