domingo, 1 de mayo de 2016

El Regalo de la Impermanencia


Hay ocasiones en que todo se viene abajo. Y a veces, en medio de todo ese desastre, nos sentimos perdidos, abandonados, sin esperanzas. Se siente como si nuestro camino estuviera lleno de obstáculos, como si hubiéramos perdido nuestro hogar.

Pero, espera. Si las cosas no se hubieran venido abajo, ¿cómo hubieras podido recordar Eso que nunca se viene abajo? ¿Qué no la conmoción de todo ese desastre te obligó a hacer un alto, respirar, y contemplar verdades más profundas? ¿Qué no esa devastación te hizo recordar tu verdadero camino, un camino que jamás puede tener obstáculos?

Construiste tu mundo con cosas que eran transitorias, impermanentes, no esenciales para tu felicidad. El desmoronamiento de tu mundo ahora se siente un tanto cruel, como si se tratara de un castigo del Universo, una broma de mal gusto. Pero hay compasión ahí. La vida está tratando de despertarte de tu letargo espiritual. Te dice: no construyas tu mundo en aquello que cambia, que no dura, que no es esencial. Construye tu mundo en la comprensión profunda de tu verdadera naturaleza. Construye tu mundo sobre la base más sólida que hay. Construye tu mundo en el amor.

Deja que lo impermanente te recuerde lo que es esencial.


- Jeff Foster

Traducción: Tarsila Murguía- Presencia Consciente

El principio de Pareto: la regla del 80/20


Vilfredo Pareto fue un sociólogo y economista italiano del siglo pasado (murió en 1923) que enumeró una curiosa regla la cual hoy en día parece que ha resurgido con fuerza en los análisis de numerosas disciplinas y sectores de nuestra sociedad.

Pareto observó que la gente en su entorno se dividía naturalmente entre los «pocos de mucho» y los «muchos de poco», dividiéndose en dos grupos de proporciones aproximadas de 80:20 tales que el grupo minoritario, formado por un 20% de población, ostentaba el 80% de algo y el grupo mayoritario, formado por un 80% de población, el 20% de algo.

Regla en todos los ámbitos
Esta regla del 80/20 parece tener aplicación en prácticamente todos los campos en los que la pongamos a prueba y ha sido estudiada y demostrada numerosas veces por estadistas. Así, en nuestro trabajo por ejemplo, realizamos el 80% de nuestras tareas en el 20% de nuestro tiempo, y tardamos el 80% del tiempo restante en hacer solo el 20% de lo que nos queda por hacer (de 8 horas de trabajo, realizamos la mayoría de nuestras tareas en solo 1,6 horas).
Lo mismo aplica a las ventas, el 80% de nuestros ingresos proviene del 20% de nuestros clientes. A nivel económico, se ha estimado que la regla es aun mucho mas estricta, el 10% de la población posee el 90% de las riquezas del mundo, y el 10% de las riquezas restantes se reparten entre el 90% de la población. ¿Interesante, no? ¿En qué lado de la ecuación estamos nosotros?

Usando a Pareto en nuestro desarrollo personal
La regla de Pareto tiene aplicaciones en todos los campos, pero a nosotros nos interesa el desarrollo personal y espiritual. ¿Cuántos programas, libros, meditaciones guiadas, cursos de diferentes ámbitos, etc. seguimos a la vez? ¿Cuáles de ellos tienen más repercusión en nosotros y cuáles están quitándonos el tiempo y proporcionando pocos resultados? ¿En qué podemos poner nuestras energías para que el 80% de los resultados nos venga solo del 20% del esfuerzo que hacemos?

Personalmente siempre trato de que tanto a nivel personal como profesional, mantener un equilibrio en mi vida para conseguir, por ejemplo:
-Trabajar ese 20% del tiempo que somos productivos para llegar al 80% de los resultados que se espera de nosotros. Por ello una de las razones de trabajar libremente en casa o fuera de un horario 9-18hs es que puedes buscar qué par de horas del día te van mejor para ser hiper-productivo y conseguir los mismos resultados que si estuvieras 7 horas sentado en la oficina. Esto se puede aplicar a cualquier ámbito profesional si se estudia con cuidado y se hacen algunos cambios en tu rutina laboral actual.

-Eliminar tareas, acciones, obligaciones, etc. que estén fuera de ese 20% que genera la mayoría de cosas que solo nos quitan tiempo sin beneficios ni resultados óptimos.

-Ejecutar aquellas acciones que proporcionan el 80% de los resultados que esperamos, es decir, ir a lo grande, en vez de sumar poco a poco, focalizarnos en aquello que nos proporciona de inmediato el mayor número de resultados deseados. algo que se puede extrapolar a cualquiera de las actividades que realizamos.

-Optimizar nuestra vida, nuestras energías y nuestro tiempo.

Con este principio en nuestra mente, y con sólo un poco de esfuerzo y análisis, podemos llegar a quitarnos de encima todo aquello que no es parte de ese 20% de actividad que nos genera el 80% de los resultados. El cambio puede ser espectacular, pues de repente puedes ver liberado una gran cantidad de tiempo que puedes usar para cualquier actividad por puro placer y diversión, o para descansar o para lo que quieras. Sobre todo, para conseguir algo más de paz mental al haber reducido el nivel de estrés que puede generar el tener tantas cosas que queremos hacer a la vez, sin que éstas proporcionen los resultados óptimos que esperamos de ellas.
Optimizando nuestra vida, buscando nuestro propósito.

sábado, 30 de abril de 2016

La autoconciencia, una mirada sabia hacia nuestro interior


La autoconciencia es la capacidad de mirar sabiamente hacia nuestro interior, una lectura cómplice de nuestras voluntades, nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestros pensamientos y nuestras inquietudes.
La autoconciencia como pilar de la inteligencia emocional nos permite endulzar la percepción de nuestra individualidad en el momento presente, teniendo en cuenta el pasado que fuimos y el futuro que nos acompaña en forma de expectativas personales.
La importancia de la autoconciencia o autopercepción radica en que es fundamental para modificar o redirigir aquellos aspectos de nuestra personalidad que pueden ser retocados o redirigidos.

El trabajo interior, esencial para nuestro bienestar
Trabajando en la mejora de la conciencia de uno mismo y de la clarificación de nuestros pensamientos podemos lograr una mejora considerable. Podemos pensar que autoconscientes somos todos, pero realmente solemos atender solo a cuestiones superficiales de nuestro interior.
La vida pasa por nosotros en lugar de pasar nosotros por ella, pues descuidamos la percepción de lo realmente trascendente. Suele suceder que nos acostumbramos a unas rutinas y a unos sentimientos y, como consecuencia, desconectamos a nuestro interior de nosotros.
¿Es esto posible? Evidentemente sí, pues gran parte de nosotros vivimos desenchufados y nos comportamos casi puramente de manera mecánica. La autoconciencia en realidad es una función bastante compleja, sobre todo en el universo emocional.

La autoconciencia emocional, un universo ignorado
Muchos de los estados emocionales que alcanzamos o podemos alcanzar son prácticamente imperceptibles si no atendemos a ellos con la intención de experimentarlos y ponerles nombre. Sin embargo, estas mismas emociones dirigen nuestros comportamientos en muchas ocasiones como si fuésemos autómatas.
La clave está en prestar atención a los indicadores emocionales leves, ya que la aparición de cualquier emoción tiene un mensaje que transmitirnos para conseguir aprender de manera constante sobre las causas ocultas que nos lo provocan. Es decir, se trata de normalizar nuestro comportamiento emocional y psíquico para lograr un bienestar más puro.
Suele ponerse el ejemplo del enfado o la rabia, emociones que tienen un destinatario pero que pueden estar disfrazando la envidia, por ejemplo. Ser conscientes de esto solo es posible a través de la introspección y el autoconocimiento.
Es bueno tener un diario emocional de lo que sentimos día a día: examinarnos de esta manera tiene la capacidad de potenciar o trasladar nuestra mirada interior. Al fin y al cabo se trata de conocernos y eso requiere trabajarse y esforzarse, lo cual es imposible si solo prestamos atención a lo que más nos interesa y desechamos el resto.
De todas formas es natural ser selectivos en nuestro estado de conciencia pero ocurre que esa misma inercia contribuye a que perdamos visión sobre aquellos sentidos que no son los tradicionales.
De este modo, cuando nos embarga una emoción y solo percibimos malestar o aflicción estamos obviando un amplio abanico de colores que pueden aportar riqueza a nuestra vida y a nuestra manera de contemplar las experiencias.

El control del mundo interior, clave para el manejo de nuestra vida
“El dolor termina solo a través del conocimiento propio”, afirmó en una ocasión Krishnamurti. Esto quiere decir que las herramientas para acabar con el dolor que provocan nuestras emociones y sentimientos están en nuestras manos o, mejor dicho, en nuestra visión interior.
Hacernos competentes y percibir de modo consciente nuestras emociones se consigue penetrando en ellas, perdiéndole el miedo al malestar que nos las provoca y ampliando nuestras perspectivas.
Los estados emocionales no se resumen en: estoy enfadado o estoy alegre. Solo podemos percibirlos si atendemos a la realidad emocional que nos acompaña a todos lados: una reacción emocional es la suma de muchos sentimientos diferentes que la perfilan.
Una mezcla, una amalgama que tiene origen y que actúa como consecuencia, perpetuándose a su vez como si de una cadena de acontecimientos se tratase. O sea que debemos distinguir entre lo que es darnos cuenta de la reacción última (estoy enfadado) y lo que es atender a su origen y al cúmulo de sentimientos y emociones que generan el enfado.

En definitiva, la autoconciencia emocional es darse cuenta de la manera en la que se relacionan sentimientos, pensamientos y comportamientos pretéritos y presentes, así como su interrelación con nuestras expectativas a todos los niveles.
Conseguir ser conscientes de esto es el primer paso hacia nuestro autocontrol, pues el principal artífice sobre lo que se piensa y se siente es uno mismo. No podemos arremeter contra el exterior ni buscar culpables de lo que nos pasa, pues quien valida los sentimientos y las emociones propias somos nosotros. Aunque cabe destacar que eso, sin duda, se refleja en el exterior.
Psicología/Raquel Aldana
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