domingo, 10 de abril de 2016

Pasado, Presente y Futuro en Ti


(. . .) Pero la creencia de que el futuro será mejor que el presente no es siempre una ilusión. El presente puede ser espantoso, las cosas pueden mejorar en el futuro y a menudo lo hacen.

Habitualmente, el futuro es una réplica del pasado. Son posibles algunos cambios superficiales, pero la transformación real es rara y depende de si usted puede volverse suficientemente presente como para disolver el pasado entrando al poder del Ahora. 

Lo que usted percibe como futuro es una parte intrínseca de su estado de conciencia ahora. Si su mente lleva una carga pesada de pasado, experimentará más de lo mismo. El pasado se perpetúa a sí mismo por medio de la falta de presencia. La calidad de su conciencia en este momento es lo que agudiza el futuro, que por supuesto sólo puede experimentarse como el Ahora.
Usted puede ganar diez millones de dólares, pero ese cambio no tiene más que una profundidad superficial. Simplemente continuaría actuando según los mismos patrones condicionados en contextos más lujosos. Los humanos han aprendido a dividir el átomo. En lugar de matar diez o veinte personas con una maza de madera, una persona puede matar ahora a un millón simplemente apretando un botón. ¿Es esto un cambio real?

Si la calidad de su conciencia en este momento es lo que determina el futuro, ¿entonces qué determina la calidad de su conciencia? Su grado de presencia. El único lugar donde puede ocurrir un verdadero cambio y donde puede ser disuelto el pasado es en el Ahora.

Toda la negatividad es causada por una acumulación de tiempo psicológico y por la negación del presente. La incomodidad, la ansiedad, el estrés, la preocupación -todas las formas del miedo- son causadas por exceso de futuro y demasiado poca presencia. 
La culpa, las lamentaciones, el resentimiento, las quejas, la tristeza, la amargura y todas las formas de falta de perdón son causadas por exceso de pasado y falta de presencia. 

La mayoría de las personas encuentran difícil creer que es posible un estado de conciencia totalmente libre de negatividad. Y sin embargo ese es el estado liberado al que apuntan todas las enseñanzas espirituales. Es la promesa de la salvación, no en un futuro ilusorio sino justamente aquí y ahora.
Usted puede encontrar difícil reconocer que el tiempo es la causa de sus sufrimientos o problemas. Cree que los causan situaciones específicas de su vida, y vistos desde un punto de vista convencional, eso es verdad. Pero hasta que solucione la disfunción básica de la mente que causa todos los problemas -su apego al pasado y al futuro y su negación del presente- éstos son en realidad intercambiables. 

Si todos sus problemas o lo que percibe como causas de sufrimiento o de infelicidad desaparecieran milagrosamente hoy, pero usted no se hubiera vuelto más presente, más consciente, pronto volvería a encontrarse dentro de una serie de problemas o de causas de un sufrimiento similar, como una sombra que lo sigue a dondequiera que va. En últimas,sólo hay un problema: la mente misma atada al tiempo.

– No puedo creer que pueda llegar a un punto en el que esté completamente libre de mis problemas.
Tiene razón. No puede alcanzar nunca ese punto porque está ahora en él. 
No hay salvación en el tiempo. Usted no puede ser libre en el futuro. La presencia es la llave hacia la libertad, así que sólo puede ser libre ahora.



Eckhart Tölle, en “El Poder del Ahora”.

sábado, 9 de abril de 2016

5 Actitudes que alejan el amor

     "Las heridas que no se ven son las más profundas." William Shakespeare
                                                                                              


El amor, como tal, siempre será un ideal. Un tópico esencial de nuestra vida, que por darse en diferentes grados o niveles, nunca alcanzará su punto de perfección, como en las matemáticas o la física. No es una cifra; no son números. Es un sentir… Y los sentimientos no se miden: se expresan, se viven.
Lo anterior, que en principio sería un gran limitante para cualquier relación, puede volverse una gran ventaja: porque el amor siempre será susceptible de mejorar, en forma indefinida; es decir, nunca se agotará…

Conviene entonces que tú enumeres y analices, muchísimo más los defectos que las cualidades de tu pareja; porque las virtudes siempre serán bien recibidas, pero las fallas son las que tendrás que soportar, quizás, toda tu vida. Realizar esta reflexión y priorizarla, debería ser esencial en toda relación.
Es mejor hablarse de frente, con objetividad, antes de dar un paso que puede ser muy trascendental en tu existir. Difícilmente una persona adulta, cambiará algún día su forma de ser.
Es mejor suponer que los defectos, con el tiempo, van a acentuarse más y más. Y que la vida no obrará ningún tipo de milagro…
Las personas, por lo general, buscan demasiado el amor, pero a la vez hacen muchísimas cosas para alejarlo. Más que una contradicción o paradoja de la vida, es una contradicción contigo mismo.

A continuación analizaremos cinco de esas actitudes que nos alejan del amor.

1. Ser celoso y celar: en el amor, el otro no es una propiedad
Los celos casi siempre son un motivo de conflicto en las parejas. Usualmente revelan baja autoestima, un nivel elevado y negativo de intento de posesión sobre el otro y, en general, hablan de nuestros miedos…
Esta actitud nos aleja del amor, porque el amor no es una “compra” personal, sino un acuerdo mutuo: no una adquisición, sino un proceso que implica pérdidas y ganancias. Es algo, ante todo, recíproco. Y en cuya esencia, debería prevalecer la equidad.
Puede pensarse que los celos implican algo de interés en la otra persona (algo así como un “afecto irracional”), pero en realidad no constituyen una forma sana de abordar el amor. Estos “juegos” o “caprichos” nunca terminan bien, porque parten de una instrumentalización del otro. No en vano, hablamos de personas y no de productos ni trofeos.

Además, siempre habrá mejores, mucho mejores, maneras de expresar el afecto por otra persona; los celos o el celar, representan una forma primitiva de apego y dependencia: una edad infantil en el universo de la personalidad.
Más aún, difícilmente nuestra pareja nos va a aguantar actitudes así, por un período prolongado y, muchísimo menos, por toda la vida. Son problemas verdaderamente estructurales de sí mismos, que redundan de manera sustancial en nuestras relaciones afectivas.

2. La infidelidad: cuando el engaño se adueña de nuestro corazón
Sin niveles óptimos de sinceridad, materia prima de cualquier relación, no hay niveles óptimos de confianza ni de seguridad en la relación. Esto, desde luego, nos aleja del amor, ya que pocas personas le apuestan a la “nada”, por decirlo de alguna forma, y menos, por lo general, si esto conlleva la “nada” en el aspecto de la fidelidad.

La infidelidad es, por su parte, una manera de decir: “no llenas mi vida; necesito alguien más”… “diferente a ti”. Aunque también puede significar muchas cosas más, como una necesidad de llamar la atención, o una expresión de agresividad frente a la pareja, entre otras.
Obviamente no estamos hablando en términos absolutos, porque nadie llena la vida de nadie. Nos referimos a las grandes y complejas implicaciones, que conlleva el ser egoísta en cualquier relación; porque el egoísmo de aceptar solamente lo “bueno” de mi pareja, jamás dará buenos frutos: jamás será algo conveniente.
La anterior actitud, tan característica en la infidelidad, ciertamente nos aleja del amor, puesto que de lo “bueno” se enamora la mayoría, pero de lo “malo”, casi nadie. De ahí que se sienta la necesidad de alguien más o de alguien diferente a esa persona: a mi pareja.

Y esto tiende a darse, no en vano, cuando surgen los problemas: algo inevitable en cualquier relación; inclusive, la mejor. Ciertamente, somos seres con cualidades y defectos, y a este conjunto es al que deberíamos apostarle. Es la base sobre la cual debemos decidir, para tener una relación con otra persona.

3. Discusión-agresión: cuando se “dialoga” a los gritos
El idioma del amor es el diálogo, no las discusiones y, muchísimo menos, la violencia o las agresiones de cualquier índole. Esta actitud nos aleja del amor, de manera significativa, porque cuando se pierde el respeto en una relación, se pierden muchísimas cosas más.
Expresar los sentimientos de una forma apropiada da origen a un vínculo sano de entendimiento. Y si dos personas hablan el mismo lenguaje, habrá mejores niveles de comprensión: se construye un idioma común o, al menos, un medio idóneo de comunicación.

El respeto, en todo sentido, a diferencia de la agresión, siempre será un arma muy fuerte en el amor. El respeto intelectual, el respeto sexual y el respeto por los sentimientos y la vida del otro. Porque no estamos con un robot ni con una mercancía u objeto, sino con un ser humano; con otra persona como nosotros.
La violencia, en este sentido, supondrá ignorancia y falta de creatividad, para aclarar cualquier tipo de problema: un grado de civilización muy incipiente y un comportamiento prácticamente “básico” y “elemental”. Quien recurre a la violencia, ya perdió de plano los papeles y el norte de su conciencia.

4. La falsedad: cuando la mentira es la única verdad
La sinceridad es otro elemento fundamental en una relación, porque del mismo modo que no deseo ser engañado, no debería engañar a nadie. La mentira normalmente se paga muy caro. Y uno no engaña a quien verdaderamente ama. Esta actitud obviamente nos aleja del amor.

Sinceridad no es cinismo o imprudencia. No es enrostrar “verdades” incómodas para el otro. Aquí nos referimos a aquella sinceridad que te permite mostrarte tal y como eres, sin disfraces ni máscaras. Total, si tu pareja no se enamora de ti, realmente de ti, tal cual como eres, jamás existió amor.

Aparentar, desde muchos puntos de vista, supone un sofisma: ganar el amor de otro siendo quien no eres. Por esto, ser “un libro abierto”, sin necesidad de llegar hasta el extremo de contar todas y cada una de tus intimidades, configura un plus para tener mejores resultados en una relación.

5. No ser equitativo: cuando solo uno se hace responsable de la relación
La reciprocidad es primordial en una pareja, dado que se habla de dos y no de uno. En teoría, todo o casi todo, sobre la base de los deberes y las obligaciones, debería ser: “50 y 50” o “la mitad tú y la mitad yo”, por decirlo así.
Pero cuando se desequilibra esta balanza, los cimientos comienzan a agrietarse y la relación tiende a resquebrajarse. Comienza a predominar una persona sobre la otra, quizás en términos de poder, quizás en términos de decisión, y por ende, la relación puede deteriorarse.
“Entregas casi todo y no recibes prácticamente nada a cambio”, no es un buen fundamento para construir una relación. Esta nociva actitud, que nos aleja significativamente del amor, aplica tanto para el que no da, como para el que lo da todo, por decirlo de alguna forma.
No se trata de dar, esperando recibir algo a cambio. Pero tampoco se trata de solamente dar y no recibir. 

El equilibrio, a todo nivel, siempre será un buen aliado de cualquier relación.

Edith Sánchez
https://lamenteesmaravillosa.com

Medicina Tradicional Tibetana

La amplitud de nuestra mente condiciona nuestra realidad.
Para la Medicina Tradicional Tibetana el ser humano es un todo formado por un cuerpo y una mente. Ambos interdependientes, cuya colaboración es fundamental en el equilibrio energético, en la felicidad y en la obtención de una vida longeva y saludable.

La vida en la sociedad occidental nos condiciona a vivir con un ritmo rápido, de elevada exigencia, falta de tiempo de reflexión, que nos empuja hacia el estrés, la ansiedad y una perspectiva cada vez más cerrada. La mente queda así, más empequeñecida.
Una mente más condicionada, con menos libertad, influye en un cuerpo más limitado, con menor vitalidad, más fatiga y cansancio, menor capacidad de recuperación, y al final una vida más corta y con mayores aflicciones.
En la Medicina Tradicional Tibetana existe una técnica que permite dotar de amplitud a la mente, recuperando el control, su espacio y fomentando así, un cuerpo sano y lleno de fuerza para enfocar cada día.
Esta sencilla técnica requiere únicamente unos minutos cada mañana y cada noche, y los beneficios que se obtienen tienen lugar desde el primer día.
La técnica de diluirse en el cielo


Cada mañana al amanecer observa el oeste del cielo, ve crecer la luz y diluye tu mente en la claridad y el espacio del cielo.
Exhala desde dentro el aire liberando la tensión, soltando el miedo, alejando la pena.
Inspira luz y claridad mientras amanece. Siente crecer en amplitud la mente y prepararte para hacer frente con energía a nuevo día.

Al caer la tarde, observa de nuevo el cielo, desde el este. Siente como la luz se difumina, se cierra, y gana en espacio.
Exhala desde dentro el aire soltando el cansancio, liberando la fatiga física, deshaciendo la tensión del día.
Inspira paz, inspira calma mientras decrece la luz y cae la noche. Siente que la mente aprehende el cielo, que se diluye en su vastedad. El cielo nos relaja y nos induce al descanso.
Nuestra salud depende fundamentalmente de la impresión en nuestra mente. Es por ello necesario mimar nuestro mayor tesoro.
Comienza ahora a incorporar este sencillo ejercicio en tu día a día. Podrás observar cómo tu salud se refuerza y la felicidad se incrementa en tu corazón.

https://escuelamedicinatibetana.wordpress.com/