sábado, 14 de noviembre de 2015

Donde una puerta se cierra, otra se abre


La vida está llena de oportunidades, solo hay que saber coger las nuestras. Por eso hablo aquí sobre abrir una puerta. A veces pensamos que cuando algo se acaba, el mundo cae sobre nuestras cabezas de forma precipitada. Sin embargo, hay otra forma de verlo, y es que tal vez estamos siendo bendecidos con el don una nueva posibilidad de comenzar otra aventura excitante.
Así que ahora, os propongo un ejercicio de reflexión. En los próximos minutos, nos vamos a preguntar por qué se cierran las puertas, qué experiencia y sabiduría nos deja cada una de ellas y cómo podemos aprovechar estos conocimientos para abrir nuevos mundos llenos de oportunidades.

“No seas como la mayoría, que se mueren esperando su oportunidad y se pasan la vida diciendo: “es que no me ha llegado la mía”
-Héctor Tassinari-
mujer con estrellas

¿Por qué se cierra una puerta?



¿Has pensado alguna vez por qué se cierra una puerta? No olvides que estamos hablando en sentido figurado. Una puerta física puede ser cerrada por un empujón, por el viento, por accionar una manivela, por despiste… hay muchas posibilidades.
Ahora, vamos a extrapolar un cierre de puertas a la vida humana. ¿Por qué se cierran o las cerramos? Hay muchos motivos en los que podemos pensar ubicados en decenas de posibles escenarios. Veamos algunos:
  • Una relación de pareja que se acaba. Puedes pensar que, cuando ya no queda nada por lo que luchar en tu relación, cierras la puerta, puesto que donde antaño hubo llamas y un fuego poderoso, ya no hay ni siquiera rescoldos o ceniza.
  • Una amistad que se rompe. A veces, un buen amigo puede traicionarnos tanto, que somos incapaces de perdonarle. Le cerramos la puerta para evitar que siga haciéndonos daño y acabamos con una relación para alejarnos del dolor.
  • Un trabajo que se acaba. Muchas veces, en trabajos en los que no estamos felices, o bien porque aparecen nuevas oportunidades de negocio, decidimos abandonar y buscar otros caminos profesionales. En ocasiones, son decisiones dolorosas y duras de tomar.


¿Qué pasa al cerrar una puerta?





En la mayor parte de las ocasiones, cerrar una puerta supone un enorme dolor. Si tienes que abandonar a tu pareja porque ya no queda nada de lo que hubo, acabar tu relación de amistad con alguien, dejar un trabajo en el que fuiste feliz, marcharte de la ciudad en la que vives… todo ello puede provocar un gran sentimiento de tristeza.

Niña con los pies en el agua

Ahora bien, pensemos en las circunstancias que nos han llevado a cerrar esas puertas. ¿Por qué hemos llegado hasta este punto?¿Qué ha pasado para que tenga que dejar a mi pareja, persona que un día fue el centro de mi vida? ¿Por qué me tengo que marchar de la ciudad en la que soy feliz?
Reflexiona largo y tendido sobre las decisiones que tomas, y por qué has llegado hasta esa situación. No te dediques a juzgar a los demás de cuanto te pasa, y encuentra también tu parte de culpa, porque siempre hubo algo que pudiste hacer mejor o debiste decir antes. O tal vez no, pero es necesario que lo sepas bien, lo analices y lo aprendas.

Se abren nuevas puertas



Ahora, una vez hemos cerrado la puerta y reflexionado sobre los hechos que nos han conducido a esta situación, llega el momento de descubrir nuevas oportunidades y disfrutar del mundo que se abre ante nosotros. Abrázalo con toda tu fuerza, porque aún queda mucho por hacer.

“Un problema es una oportunidad para que hagas tu mejor esfuerzo”
-Duke Ellington-





Has pasado una mala experiencia teniendo que cerrar la puerta a alguien o algo que amabas, te importaba o te importunaba. Has reflexionado y aprendido duras pero sabias lecciones tras lo ocurrido. Ahora, con esa nueva experiencia adquirida, debes mirar hacia el futuro con optimismo y descubrir las nuevas oportunidades que se abren ante tus ojos.
Tienes más experiencia y sabiduría. Úsalo para aprender de cuanto hiciste mal, y evita repetirlo. Aprende de cuanto obraste en el camino correcto, y refuérzalo en futuras experiencias. Aprovecha todas las oportunidades que te ofrece la vida.
Nada se acaba. Tanto si abandonas a un ser querido como si pierdes a un gran amor, tu vida no se termina. Aún te queda mucho por hacer, un gran número de puertas por abrir, aventuras de las que disfrutar, gente a la que conocer, trabajos en los que empezar, ciudades que visitar…

Pedro González Núñez
La Mente Es Maravillosa

Los cuatro peores errores que puedes cometer cuando te comunicas



Hemos hablado muchas veces de comunicación eficaz desde distintos puntos de vista, y sobre la resolución de conflictos. Pero el problema de muchas personas que quieren comunicarse eficazmente es que no reconocen cuáles son sus errores a la hora de dirigirse a otro. Otros, simplemente, son incapaces de darse cuenta de lo terrible que es su modo de hablar con los demás.
En cualquier caso, ahí va una lista con las características de una comunicación ineficaz. Estos comportamientos conducen a una gran cantidad de conflictos que podrían evitarse simplemente hablando de otra manera.

#1 – Un mal comunicador utiliza un lenguaje imperativo negativo

La comunicación ineficaz a menudo se caracteriza por el uso de un lenguaje imperativo para obligar al otro o para emitir juicos negativos y/o de culpabilidad.
Pero a la mayoría de la gente no le gusta ser juzgada y ni le gusta recibir órdenes, por lo que adoptan una posición defensiva. Esta postura es alimentada por sentimientos de resentimiento que suele conducir a un actitud de no respuesta, a desacuerdos y a conflictos.

#2 – Un mal comunicador generaliza los comportamientos de manera negativa

Las declaraciones universales son expresiones que generalizan un carácter o comportamiento de forma negativa. Expresiones que incluyen palabras como “todo el mundo”, “siempre”, “todos sois..”, “todos hacéis..”, “cada vez”, “como un…”, “eres tan…” etc. suelen combinarse con el lenguaje imperativo del que hablábamos en el punto anterior. Es especialmente importante evitar el uso de estas declaraciones universales en la comunicación con los niños, ya que, además, pueden afectar negativamente a su autoestima.

#3 – Un mal comunicador personaliza el problema en la otra persona y es duro con ella

Una de las características de los malos comunicadores es que son duros con las personas cuando tratan un tema, centrando la cuestión en lo personal, personalizándolo y humillando al otro. Lo veremos mejor con un ejemplo. Pensemos en una persona que ha hecho algo mal. Un mal comunicador le diría: “Eres un estúpido. ¿Cómo se te ocurre?”. Un buen comunicador le diría: “Eres una persona lista, pero lo que hiciste no es demasiado inteligente”. La segunda opción abre posibildiades para el diálogo, la exposición de dudas y preguntas y para el descubrimiento de lo que hay detrás; es decir, se aborda el problema. La primera solo traerá problemas (y muy probablemente acciones posteriores iguales o peores) y no se conseguirá solucionar nada. El tema en sí mismo se suaviza, y al centrarse en la persona ésta se lo toma de forma personal y se resiente.

#4 – Un mal comunicador invalida los sentimientos del otro

La invalidación de sentimientos se produce cuando reconocemos las emociones, positivas o negativas, de una persona y las menospreciamos, minimizamos, ignoramos o juzgamos negativamente.
Cuando se invalidan los sentimientos positivos de una persona, éstos desaparecerán o disminuirán. En la misma medida que los sentimientos positivos disminuyen, también lo harán los comportamientos deseables y la fuerza/calidad de la relación.
Cuando se invalidan los sentimientos negativos de una persona, estos se intensifican y, en la misma medida que los sentimientos negativos aumentan, también lo hace el comportamiento indeseable y las barreras en la relación.


Eva Maria Rodríguez
La Mente Es Maravillosa

jueves, 12 de noviembre de 2015

Buda


Estaba el Buda meditando en la espesura junto a sus discípulos, cuando se acercó un detractor espiritual que lo detestaba y aprovechando el momento de mayor concentración del Buda, lo insultó lo escupió y le arrojó tierra.
Buda salió del trance al instante y con una sonrisa plácida envolvió con compasión al agresor; sin embargo, los discípulos reaccionaron violentamente, atraparon al hombre y alzando palos y piedras, esperaron la orden del Buda para darle su merecido.
Buda en un instante percibe la totalidad de la situación, y les ordena a los discípulos, que suelten al hombre y se dirige a este con suavidad y convicción diciéndole:
-“Mire lo que usted generó en nosotros, nos expuso como un espejo muestra el verdadero rostro. Desde ahora le pido por favor que venga todos los días, a probar nuestra verdad o nuestra hipocresía. Usted vio que en un instante yo lo llené de amor, pero estos hombres que hace años me siguen por todos lados meditando y orando, demuestran no entender ni vivir el proceso de la unidad y quisieron responder con una agresión similar o mayor a la recibida.

Regrese siempre que desee, usted es mi invitado de honor. Todo insulto suyo será bien recibido, como un estímulo para ver si vibramos alto, o es sólo un engaño de la mente esto de ver la unidad en todo”.
Cuando escucharon esto, tanto los discípulos como el hombre, se retiraron de la presencia del Buda rápidamente, llenos de culpa, cada uno percibiendo la lección de grandeza del maestro y tratando de escapar de su mirada y de la vergüenza interna.
A la mañana siguiente, el agresor, se presentó ante Buda, se arrojó a sus pies y le dijo en forma muy sentida.
No pude dormir en toda la noche, la culpa es muy grande, le suplico que me perdone y me acepte junto a Usted”

Buda con una sonrisa en el rostro, le dijo: “Usted es libre de quedarse con nosotros, ya mismo; pero no puedo perdonarlo”
El hombre muy compungido, le pidió que por favor lo hiciera, ya que él era el maestro de la compasión, a lo que el Buda respondió:
-“Entiéndame, claramente, para que alguien perdone, debe haber un ego herido; solo el ego herido, la falsa creencia de que uno es la personalidad, ese es quien puede perdonar, después de haber odiado, o resentido, se pasa a un nivel de cierto avance, con una trampa incluida, que es la necesidad de sentirse espiritualmente superior, a aquel que en su bajeza mental nos hirió. Solo alguien que sigue viendo la dualidad, y se considera a sí mismo muy sabio, perdona, a aquel ignorante que le causó una herida”.
Y continuó: “No es mi caso, yo lo veo como un alma afín, no me siento superior, no siento que me hayas herido, solo tengo amor en mi corazón por usted, no puedo perdonarlo, solo lo amo. Quien ama, ya no necesita perdonar.”
El hombre no pudo disimular una cierta desilusión, ya que las palabras de Buda eran muy profundas para ser captadas por una mente llena todavía de turbulencia y necesidad, y ante esa mirada carente, el Buda añadió con comprensión infinita:
-“Percibo lo que le pasa, vamos a resolverlo: Para perdonar, ya sabemos que necesitamos a alguien dispuesto a perdonar. Vamos a buscar a los discípulos, en su soberbia están todavía llenos de rencor, y les va a gustar mucho que usted les pida perdón. En su ignorancia se van a sentir magnánimos por perdonarlo, poderosos por darle su perdón, y usted también va a estar contento y tranquilo por recibirlo, va a sentir un reaseguro en su ego culposo, y así más o menos todos quedarán contentos y seguiremos meditando en el bosque, como si nada hubiera pasado”
Y así fue.