jueves, 1 de octubre de 2015

El desapego ¿Qué nos enseña el budismo?


Un turista americano fue a El Cairo, con el único objetivo de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un cuarto muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un banco.

- ¿Dónde están sus muebles? – preguntó el turista. 

Y el sabio también preguntó: - ¿Y dónde están los suyos? 

- ¿Los míos? – se sorprendió el turista -¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso! 

- Yo también… – concluyó el sabio.


Esta fábula representa a la perfección uno de los pilares del budismo, filosofía de la cual ha bebido en los últimos tiempos la Psicología, el desapego, que se convierte en una de las principales vías para alcanzar la tranquilidad espiritual, el bienestar y la felicidad. No obstante, también es uno de los mandamientos más difíciles de seguir.

El apego es una expresión de inseguridad


La ley del desapego nos indica que debemos renunciar a nuestro apego a las cosas, lo cual no significa que renunciemos a nuestras metas, no renunciamos a la intención sino más bien al interés por el resultado. A primera vista, puede parecer una nimiedad o un cambio insustancial pero en realidad, se trata de una transformación colosal en nuestra forma de comprender el mundo y en nuestra manera de vivir.

De hecho, en el mismo momento en que renunciamos al interés por el resultado, nos desligamos del deseo, que a menudo confundimos con la necesidad y que nos conduce a perseguir metas que realmente no nos satisfacen. En ese momento, adoptamos una actitud más relajada y, a pesar de que puede parecer un contrasentido, nos resulta más fácil conseguir lo que deseamos. Esto se debe a que el desapego sienta sus bases en la confianza en nuestras potencialidades, mientras que el apego se basa en el miedo a la pérdida y la inseguridad.

Cuando nos sentimos inseguros, nos apegamos a las cosas o a las personas. Sin embargo, lo curioso es que mientras más desarrollamos ese apego, más se acrecienta nuestro miedo a la pérdida. Ese miedo no solo afecta nuestra estabilidad emocional, sino que también nos puede llevar a crear patrones de comportamiento disfuncionales. 

Por ejemplo, podemos desarrollar un apego enfermizo a las cosas, como las personas que no pueden vivir sin su smartphone e incluso sufren alucinaciones auditivas provocadas por el hábito de estar siempre pendientes de la próxima llamada o mensaje. Y también podemos caer en patrones relacionales dañinos, que ahoguen a la persona que amamos y terminen dañando profundamente la relación. 

Sin embargo, el desapego implica no depender de lo que tenemos o de esa persona con la cual hemos establecido vínculos afectivos. No significa no amar, sino ser autónomos, liberarnos del miedo a la pérdida para comenzar a disfrutar realmente de lo que tenemos o de la persona que amamos.

La incertidumbre como camino


El apego es el producto de una concencia de pobreza, que se focaliza en los símbolos. De hecho, para el budismo, la vivienda, la ropa, los coches y los objetos en sentido general, son símbolos transitorios, que vienen y van. Perseguir esos símbolos equivale a esforzarse por atesorar el mapa, pero no implica disfrutar del territorio. Por eso, terminamos sintiéndonos vacíos por dentro. En práctica, cambiamos nuestro “yo” por los símbolos de ese “yo”.

¿Por qué perseguimos esos símbolos? Básicamente, porque nos han hecho pensar que en las posesiones materiales radica la seguridad. Pensamos que al tener una casa y ganar mucho dinero, nos sentiremos seguros. De hecho, hay quienes piensan: “Me sentiré seguro cuando tenga X cantidad de dinero. Entonces seré libre económicamente y podré hacer lo que me gusta”. Sin embargo, lo curioso es que en muchos casos, mientras más dinero se posee, más inseguras se sienten las personas.

Esto se debe a que identificar la seguridad con las posesiones no es más que una señal de inseguridad y, obviamente, la tranquilidad que pueden brindar es efímera. Quienes buscan la seguridad, la persiguen durante toda su vida, sin llegar a encontrarla.

Esto se debe a que buscar la seguridad y la certeza no es más que un apego a lo conocido, un apego al pasado. Lo conocido es simplemente una prisión construida a partir del condicionamiento anterior. No prevé la evolución, y cuando no hay cambios, simplemente aparece el caos, el estancamiento y la decadencia.

Al contrario, es necesario afianzarse en la incertidumbre. Esta es terreno fértil para la creatividad y la libertad ya que implica penetrar en lo desconocido, un gran abanico de posibilidades donde todo es nuevo. Sin la incertidumbre, la vida es tan solo una repetición de los recuerdos, de las experiencias que ya hemos vivido. Por tanto, nos convertimos en víctimas del pasado.

Cuando renunciamos al apego a lo conocido, podemos adentrarnos en lo desconocido, abrazar la incertidumbre y abrirnos a nuevas experiencias que alimentan nuestras ganas de vivir y nos convierten en personas más felices.

Los problemas como oportunidades


La ley del desapego no nos indica que no debemos tener metas. Cuando abrazamos el desapego no nos convertimos en hojas movidas por el viento. De hecho, en el budismo las metas son importantes para marcar la dirección en la que caminaremos. Sin embargo, lo interesante es que entre el punto A y el punto B, existe incertidumbre, lo cual significa un universo prácticamente infinito de posibilidades. Así, para alcanzar nuestro objetivo, podemos seguir diferentes caminos y cambiar la dirección cuando lo deseemos.

Esta manera de comprender la vida nos reporta otra ventaja: no forzar las soluciones a los problemas y mantenernos atentos a las oportunidades. Cuando ponemos en práctica el verdadero desapego, no nos sentimos obligados a forzar las soluciones de los problemas sino que esperamos y, mientras lo hacemos, encontramos las oportunidades. 

De hecho, según el budismo, cada problema encierra una oportunidad que conlleva a su vez algún beneficio. Lo que sucede es que con la mentalidad del apego, nos asustamos e intentamos forzar la solución, de manera que la mayoría de las veces solo nos centramos en la parte negativa del problema y desaprovechamos la oportunidad.

Sin embargo, cuando creemos que cada problema encierra la semilla de la oportunidad, nos abrimos a una gama mucho más amplia de oportunidades. De esta forma, no solo sufriremos mucho menos en la adversidad sino que encontraremos más rápido la solución y esta nos permitirá crecer como personas.

Recuerda que: “Todas las cosas a las que te apegas, y sin las que estás convencido que no puedes ser feliz, son simplemente tus motivos de angustia. Lo que te hace feliz no es la situación que te rodea, sino los pensamientos que hay en tu mente…

Psicología/Jennifer Delgado

martes, 29 de septiembre de 2015

Los siete principios herméticos: El Kybalion



Hoy en día el término “hermético” es utilizado sin saber cuál es su verdadero sentido ni el origen de la palabra. El mismo está asociado a un hombre que, según se cree, vivió en Egipto, contemporáneo a Abraham, y era proclamado “Maestro de los Maestros” y reconocido bajo el nombre de Hermes Trismegisto. Las bases fundamentales de las enseñanzas esotéricas que conocemos en la actualidad son originarias, en esencia, de los conocimientos formulados por Hermes. Los egipcios lo deificaron bajo el nombre de “Thoth” y lo convirtieron en uno de sus dioses. Años después también los griegos hicieron de él un dios y lo llamaron “Hermes, el dios de la sabiduría”. Tanto los egipcios como los griegos reverenciaron su memoria reconociéndolo como el inspirado de los dioses y añadiéndole su antiguo nombre, “Trismegisto”, que significa tres veces grande. Todos lo adoraron como “fuente de sabiduría”. Se cree que las doctrinas más antiguas de la India han tenido como fuente las enseñanzas herméticas y que su influencia fue tan poderosa que se puede percibir fácilmente en todas las religiones; tanto en las denominadas religiones muertas como también en las actuales.


LA FILOSOFIA HERMETICA

Las persecuciones de los teólogos de la Edad Media, quienes luchaban contra los conocimientos herméticos a sangre y fuego por considerarlos paganos, obligaron a los guardianes de la filosofía hermética a ocultar -e incluso encriptar- las enseñanzas para que no ardieran en la hoguera de la ignorancia. Aun así la mayor parte de las escrituras se perdieron para siempre. En los primeros tiempos existió una compilación de ciertas doctrinas herméticas conocida bajo el nombre de "El Kybalion". Hasta ese entonces sus preceptos nunca habían sido escritos, simplemente se trataba de una serie de máximas y axiomas que luego eran explicados y ampliados por los Iniciados. Estas enseñanzas constituyen los principios básicos de la “alquimia hermética” que, contrariamente a lo que se cree, está más referida al dominio de las fuerzas mentales que a los elementos químicos y materiales. Se trata de una alquimia basada en la trasmutación mental, es decir, el poder realizar cambios mediante la trasmutación de una serie de vibraciones mentales en otras.


EL KYBALION: LOS SIETE PRINCIPIOS HERMETICOS

"Los principios de la verdad son siete: el que comprende esto perfectamente posee la clave mágica ante la cual todas las puertas del Templo se abrirán de par en par".  El Kybalion

Los siete principios sobre los que se basa toda la Filosofía Hermética son los siguientes:

1. El Principio de Mentalismo:


"El Todo es Mente; el Universo es mental" El Kybalion
Explica que todo el Universo es una creación mental del Todo, en cuya mente vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser. La comprensión de este principio hermético de mentalismo habilita al individuo a realizar y conocer la ley que rige el universo mental, aplicándola a su bienestar y desarrollo. Este principio explica la verdadera naturaleza de la energía, de la fuerza y de la materia, y el cómo y el porqué todas éstas están subordinadas al dominio de la mente. Lo que pensamos determina nuestra realidad, somos exactamente lo que pensamos.

2. El Principio de Correspondencia:

"Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba" El Kybalion

Todo lo micro es fiel reflejo de lo macro. Lo que encierra la verdad de que hay siempre una cierta correspondencia entre las leyes y los fenómenos de los varios estados del ser y de la vida. Hay muchos planos que no conocemos, pero cuando aplicamos esa ley de correspondencia sobre ellos, mucho de lo que de otra manera nos sería incomprensible se hace claro a nuestro entendimiento. Este principio nos eneseña que todo el Universo es regido por los mismos principios. 

3. El Principio de Vibración

"Nada está inmóvil; todo se mueve; todo vibra" El Kybalion 

Este principio encierra la verdad de que todo está en movimiento y que nada permanece inmóvil. Explica las diferencias entre las diversas manifestaciones de la materia, de la mente y aun del mismo espíritu; las cuales son el resultado de los varios estados vibratorios. Desde el Todo que es puro espíritu hasta la más grosera forma de materia, todo está en vibración: cuanto más alta es ésta, más elevada es su posición en la escala. La vibración del espíritu es de una intensidad infinita que prácticamente puede considerarse como si estuviera en reposo; de igual manera que una rueda que gira rápidamente parece que está sin movimiento. Y en el otro extremo de la escala hay formas de materia densísima, cuya vibración es tan débil que parece también estar en reposo. Entre ambos polos hay millones de grados de intensidad vibratoria.

4. El Principio de Polaridad:

"Todo es doble, todo tiene dos polos; todo, su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan; todas las verdades son medias verdades, todas las paradojas pueden reconciliarse" El Kybalion

Todo es dual; y todo tiene dos polos. Este principio explica que en cada cosa se encuentran dos polos, dos aspectos, y que los "opuestos" son, en realidad, los dos extremos de la misma cosa. Frío y calor son una misma cosa: temperatura; con una diferencia de diversos grados entre ambos. El "Bien" y el "Mal" no son sino los polos de una misma y sola cosa, y el hermetista comprende y conoce perfectamente el arte de transmutar el mal en el bien aplicando inteligentemente el principio de polaridad.

5. El Principio del Ritmo:

"Todo fluye y refluye; todo tiene sus periodos de avance y retroceso, todo asciende y desciende; todo se mueve como un péndulo; la medida de su movimiento hacia la derecha es la misma que la de su movimiento hacia la izquierda; el ritmo es la compensación" El Kybalion

Se entiende que todo se manifiesta en un determinado movimiento de ida y vuelta; un flujo y reflujo, una oscilación de péndulo entre los dos polos que existen de acuerdo con el principio de polaridad. Siempre que haya una acción habrá una reacción, un avance y un retroceso, una ascensión y un descenso. Y esta ley rige para todo; soles, mundos, animales, mente, energía, materia. Se manifiesta en la creación como en la destrucción de los mundos, en el progreso como en la decadencia de las naciones, en la vida y, finalmente, en los estados mentales del hombre.

6. El Principio de Causa y Efecto:

"Toda causa tiene su efecto; todo efecto tiene su causa; todo sucede de acuerdo a la ley; la suerte no es más que el nombre que se le da a la ley no reconocida; hay muchos planos de causalidad, pero nada escapa a la Ley" El Kybalion

Este principio encierra la verdad de que todo efecto tiene su causa, y toda causa su efecto. Afirma que nada ocurre casualmente y que todo ocurre conforme a la Ley. Todo es causalidad.

7. El Principio de Generación:

"La generación existe por doquier; todo tiene su principio masculino y femenino; la generación se manifiesta en todos los planos" El Kybalion

La generación se manifiesta en todo y siempre están en acción los principios masculino y femenino; no solo en el plano físico, sino también en el mental y en el espiritual. En el mundo físico este principio se manifiesta como “sexo”, y en los planos superiores toma formas más elevadas, pero el principio que subsiste es siempre el mismo. Ninguna creación física, mental o espiritual es posible sin este principio. Este principio obra siempre en el sentido de generar, regenerar y crear. Cada ser contiene en sí mismo los dos elementos del Principio de Generación.

Agradecimiento a REVISTA "EL PLANETA URBANO" - Sección Planeta - Por Brad Hunter



Fuente: http://www.temploteca.blogspot.com/
Reedición: www.caminosalser.com

lunes, 28 de septiembre de 2015

La Felicidad también se aprende

No hay nadie a quien no le atraiga la idea de alcanzar la felicidad. Pero ese anhelo, que es tan propio del ser humano, permanece muchas veces inalcanzado, lo cual nos lleva a preguntarnos: ¿qué es la felicidad?; y como consecuencia, ¿cómo podemos llegar a ser felices?




Cuando vemos a un niño pequeño, solemos cuidarlo con mucho mimo y cariño. Le dispensamos los mejores cuidados para que aprenda a caminar. Conforme se va haciendo mayor, cuidamos de que aprenda a leer y a escribir. Y cuando termina sus estudios, normalmente, se le suele dejar libre en la creencia de que ya lo sabe todo, aunque, la verdad, a vivir nadie nos ha enseñado y creemos que esto solo lo podemos aprender de la vida a base de golpes.
Pero… si alguien está dispuesto a arriesgarse, puede acercarse a una escuela de filosofía y se le enseñará a vivir. Y, junto a la idea de aprender a vivir, está la idea de aprender a ser feliz.

Si salimos a la calle y preguntamos a los paseantes qué es la felicidad, la respuesta normal será que está en las pequeñas cosas, depende de los tuyos, de tu familia, de no tener preocupaciones, etc. Y si buscamos en las redes sociales, en Internet, nos encontraremos con cursos de fines de semana y con ideas que, si bien nos pueden dar la felicidad, esta es momentánea o tiene bastantes tintes de egoísmo. Lo que yo pretendo que intentemos es la felicidad duradera, la que siempre nos acompañará, pese a los altibajos naturales de la vida. Y, para ello, nada como acudir a los grandes hombres de la filosofía, los grandes clásicos, quienes buscaron y hallaron un camino para llegar a la felicidad.

Aristóteles, junto con muchos filósofos, parte de una idea, y es que todo ser humano, a través de sus acciones, siempre busca el bien. Todo arte, toda ciencia, todo conocimiento, tiende hacia el bien. Y el Bien supremo, el último, para él, no es sino la felicidad. Aristóteles define la felicidad propia del ser humano como la actividad de su alma conforme a la virtud. La frase, más o menos completa, dice así: “La felicidad propia del hombre es la actividad del alma dirigida por la virtud. Y si hay muchas virtudes, por la más alta y perfecta de todas ellas”.

Veamos qué significa. Por un lado, es actividad. La felicidad, solo la vamos a conseguir haciendo cosas, manteniendo una acción. Pero cuidado, un estado de estrés, tampoco. Si nos fijamos en la Naturaleza, nos daremos cuenta de que ella nunca está quieta, nunca; pero tampoco hace nada de sopetón, con prisas. En la Naturaleza, nunca hay estrés. De aquí que el hombre también necesita tener una actividad y hacer las cosas con ritmo, como lo hace la propia Naturaleza. Y si lo pensamos un poco, cuando hacemos algo es cuando podemos ser felices. Cuando no hacemos nada es cuando nuestra cabeza empieza a pensar sola y, en muchas ocasiones, no por el buen camino precisamente.

El segundo punto que nos conviene tener en cuenta es lo del alma. ¿Qué es el alma? La verdad es que hablar del alma nos daría casi para toda una vida, pero haciendo caso a la filosofía oriental, diremos que es aquella parte del ser humano que engloba todos sus sentimientos, emociones, pensamientos, etc. Dentro de su estructura filosófica de constitución septenaria, serían los vehículos de Astral y Kama-Manas.

Por lo tanto, ahora ya sabemos que todo lo que hagamos con el alma nos llevará a la felicidad. Pero… falta añadirle un componente. Como dice Aristóteles: dirigida por la virtud.
 

La virtud como camino
¿Qué es la virtud?

Las virtudes más conocidas son la justicia, la bondad, el valor, la nobleza, la dignidad, la templanza, la generosidad, etc. Pero ¿qué es ser justo, bueno, valeroso, noble, digno, generoso, etc.? Según Aristóteles, la virtud es el punto medio entre dos extremos. Ello quiere decir que cada virtud es un punto de equilibrio entre dos extremos. Veamos más ejemplos. Si ponemos en un extremo la temeridad y en el otro la cobardía, en el justo medio está el valor. Ello quiere decir que la virtud del valor, la tendrá aquel que sepa realizar acciones y no sea un cobarde, pero tampoco un temerario. Es aquel que pone inteligencia en sus acciones y se enfrenta a los peligros una vez los ha valorado. Sinónimo de valor es coraje. Lo mismo nos pasará con las otras virtudes; todas están relacionadas con un defecto y un exceso; y la virtud es el justo medio, ese difícil equilibrio que tanto nos cuesta conseguir y mantener.

Por lo tanto, volviendo al enunciado de lo que da la felicidad, ya tenemos que todo lo que hagamos, propio del ser humano, dirigido por la virtud, nos dará la felicidad. Pero hay una parte de la frase que todavía no hemos analizado y es la última. Sí, toda virtud es buena, pero parece que hay unas mejores que otras. Ser bueno es fácil, ser justo es muy difícil.

Aristóteles nos lleva a elegir la virtud más alta y la más perfecta de todas ellas. Y ello es así porque para los filósofos griegos había dos grupos de virtudes; virtudes intelectuales y virtudes morales. Entre las virtudes intelectuales tenemos la sabiduría, la ciencia, la prudencia, etc. Y entre las morales, tenemos la generosidad, la templanza, etc. Las virtudes intelectuales son las que nacen de una enseñanza, mientras que las enseñanzas morales son las que nacen con la práctica. De alguna manera, lo que nos quiere decir Aristóteles es que solo seremos justos si practicamos la justicia; solo seremos generosos si practicamos la generosidad; solo seremos nobles si practicamos la nobleza. Y así, con cada una de las virtudes.

Así que, con todo esto, ya podemos empezar a saber cómo podemos llegar a ser felices de verdad. Si somos capaces de empezar a practicar las cualidades humanas (que es la acción del alma), seremos capaces de acercarnos a una verdadera felicidad.

Así pues, lo que de verdad nos dejó Aristóteles fue un camino para poder ser realmente felices. ¿O acaso cuando tenemos ocasión de ayudar a alguien, sin esperar nada a cambio, cuando ayudamos a un invidente a cruzar una calle, o a una ancianita a pasar por un sitio difícil, cuando tenemos ocasión de practicar el voluntariado, de hacer acciones que nosotros llamamos buenas de corazón, no nos sentimos bien, no nos sentimos llenos, no nos sentimos felices? Claro que sí. Y este es el camino para conseguir la felicidad, que ya nos señalaron hace más de 2500 años estos filósofos griegos.

Pues así como nos esforzamos en trabajar duro para ganar el dinero con el que queremos vivir, comprar cosas y demás (dinero que al fin y a la postre en algún momento vamos a perder), si queremos ser felices, no podemos esperar que nos llegue la felicidad desde afuera; es necesario que nos nazca de dentro de nosotros. Tendremos que trabajar y luchar contra nosotros mismos para poder vencer nuestros miedos. Es necesario practicar los valores que nos hacen mejores; al principio nos costará un poco, nos parecerá una tontería, puede que incluso nos dé vergüenza. Pero si somos capaces de superar esta resistencia inicial, fruto de nuestros propios miedos, seremos capaces de sentir, poco a poco, cómo nace en nuestro interior una fortaleza y una seguridad que nos convertirá en mejores personas y en seres mucho más felices; poco a poco veremos cómo todas las cosas de este mundo están colocadas en su sitio y cómo somos capaces de ver la vida con otros ojos.

Esta felicidad no es la felicidad de sonreír sin ton ni son, no es esa superficialidad que notamos al estar en contacto con personas y tomando una copa en un bar, que puede estar bien, pero que, como os decía antes, termina. En cambio, la verdadera felicidad no es sino una sensación de paz interior, de ver el mundo sabiendo que cada cosa tiene su sitio y sabiendo que todas las cosas se van sucediendo, una detrás de otra, de forma equilibrada y natural, y que todas tiene un porqué. Y que nosotros podemos contribuir a hacer que todo vaya un poco mejor. Esa felicidad otorga fuerza interior, que se convierte en el motor de nuestras vidas.

Y en ese trabajo, como os decía, no debe ser poco el esfuerzo que pongamos, porque todo esfuerzo invertido en ser felices, en practicar las virtudes, en mejorarnos, es un esfuerzo que nos acompañará siempre.


Tomeu Cáffaro en Esfinge